El rey constructor

Opinión
/ 12 abril 2010

Para el poeta y escritor mexicano Octavio Paz, construir era privilegio de pocos, porque la construcción y la arquitectura son los testigos insobornables de la historia, y no se podía hablar de un gran edificio o gran obra sin reconocer al testigo de una época, su cultura, su sociedad y sus intenciones.

Grandes constructores ha tenido el mundo. Ahí tenemos a Herodes el Grande, aquel rey de Judea que transformó un insignificante reino en uno que imitó las culturas helénica y romana. Este rey constructor emprendió proyectos de notable visión y creatividad como un puerto natural de aguas profundas en Cesárea, la edificación de un Palacio en Masada y la reconstrucción del Segundo Templo, monumental obra cuyos restos son actualmente el lugar más sagrado del judaísmo: el Muro Occidental.

En el imperio romano se distinguen los emperadores César Augusto y Adriano, quien dirigió un masivo programa que reconstruyó el Panteón de Roma, edifica el castillo de San Angel así como una enorme muralla de 117 kilómetros que resguardaba la entonces Bretaña romana. En Brasil, Juscelino Kubitschek, Presidente carioca, promovió la construcción de su capital Brasilia, diseñada por el arquitecto Oscar Niemeyer.

En México, desde la época prehispánica, mexicas, toltecas y mayas, erigen ciudades de avanzada; el porfiriato construye las actuales vías férreas y el Palacio de Bellas Artes y los gobiernos posrevolucionarios con Lázaro Cárdenas, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Miguel Alemán y Carlos Salinas impulsan la red carretera, presas, refinerías, puentes internacionales y aeropuertos, obras de infraestructura que transforman y modernizan México.

Talentosos arquitectos participaron en la construcción del México moderno. Juan O'Gorman, diseña el edificio del Banco de México; Pedro Ramírez Vázquez la Torre de Tlatelolco, el Museo Nacional de Antropología y el Palacio Legislativo de San Lázaro; Abraham Zabludovsky por su parte, traza el Colegio de México y las oficinas centrales de Infonavit.

A este selecto grupo de inmortales de la arquitectura y de la construcción se une Jesús de León Tello "El Grande de Torreón"; el segundo que con ese apodo, es también compadre del compadre presidencial y senador lagunero -extraña coincidencia-. De León Tello, compitió y perdió por la Alcaldía de Torreón, y prometía en su campaña vales canjeables por computadoras, válidos si y sólo si ganaba la Presidencia Municipal. Pues ahora este ilustre abogado de profesión y recién nombrado delegado en Coahuila de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, pasará el tiempo jugando a ser Bob el Constructor ejecutando uno más de los sueños de opio calderonista: el "Programa Nacional de Infraestructura 2007-2012", que establece las acciones que impulsará la Federación para aumentar la competitividad en este sector estratégico para el desarrollo nacional.

El programa, asegura asumir el reto de construir una infraestructura sólida en beneficio de las generaciones de hoy y de mañana, frase por demás romántica enfrentada a la terrible realidad después de que tres años y medio no ha podido arrancar o concluir la construcción de una sola carretera, puente internacional, presa o aeropuerto alguno.

No confundamos en este programa a la nueva autopista de cuota Saltillo-Monterrey, construida por una empresa privada española con fines de lucro; o las carreteras Saltillo- Zacatecas y Torreón-Durango, iniciadas antes de Calderón y que al ritmo que van, terminarán en el 2015.

Por supuesto que Calderón, previendo que sería imposible cumplir con su plan, ¡se curó en salud! (qué raro), ya que conociendo del talento y capacidad de sus colaboradores, especialistas en encontrar un problema en cada solución, estableció un candado al programa, que se daría en los alcances planeados, sólo sí se aprobaba la reforma hacendaria. La reforma no se dio como Calderón pretendía porque proponía una serie de barbaridades, y como no se aprobó tal como deseaba, pues mejor condena al cajón del olvido a todo el célebre programa de infraestructura. Por cierto, Octavio Paz también solía decir que la derecha en México no tiene ideas, sino sólo intereses.

Columna: Dogma de fe

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