En la memoria del corazón
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Comienza. Arrancamos. Se suceden con más frecuencia las imágenes de filas y filas compuestas por padres de familia en las papelerías, las tiendas de uniformes y centros comerciales, para completar la lista de útiles escolares y adquirir por primera vez lo que vestirán los pequeños uno o quizá dos años, mientras dure. Todo vendiéndose a granel, en ingentes cantidades que refieren una ciudad asimismo enorme.
Algunos padres se hacen acompañar de sus niños, quienes con el tiempo irán adquiriendo la experiencia necesaria para estos menesteres. Se han entregado las listas de los materiales antes de concluir las escuelas su periodo escolar, pero ya sea por el presupuesto, ya por el tiempo disponible, ocurre que hemos puesto manos a la obra casi a última hora. Es uno de los primeros pasos para entrar de nuevo a la rutina, una rutina determinada por la escolaridad de los hijos, a la que se apuesta con vigor en todas las familias al inicio del ciclo.
"Voy a pedir a Alonso Lujambio que acorte las vacaciones con dos semanas", dice alguien por ahí, desesperado por la inactividad infantil que empieza a enloquecerlo. Los cursos de verano no duran todo el verano, y los niños a mediados de julio empiezan a mostrar signos de cansancio.
Lo que pasa es que, pese a ser inexorable, el verano sigue cayendo como una novedad a las cabezas de familia, y aunque vean que los vástagos estén a punto de concluir con sus clases, parecen repetirse mentalmente: "No pasa nada, no escucho nada de sus exámenes finales. nada en lo absoluto". Y así es como llegamos al verano, y con la sorpresa que no hemos preparado nada para el pequeñín.
Le preocupación hace presa de nosotros. El verano a la vuelta de la esquina y nosotros sin saber qué hacer con un niño que terminó la escuela una semana antes de lo previsto pues se dejó al criterio de la institución esa última y valiosísima semana. El niño con el horario volteado y nosotros volteados "patas pa' arriba".
Al fin damos con el curso que los mantendrá ocupados y tranquilos en la etapa más hiperactiva del año. Y como todo principio, también llega su final. A todo santo le llega su fiesta y a los padres la vuelta, de nuevo, a la rutina escolar.
El primer paso, que se deseaba posponer un poco, era, decíamos, el de ir a comprar los útiles y los uniformes. Lo siguiente, forrarlos y colocar el nombre de los niños en los libros y cuadernos de estreno.
Esta es una de las tareas que algunos padres de familia empiezan a perderse de hacerlas con sus hijos: forrar y preparar el material, pues se ha incrementado el número de lugares dispuestos a abocarse a ella. Genial para quienes disponen de muy poco tiempo para hacerlo con sus hijos, pero en el ámbito familiar se va perdiendo esta suerte de intimidad con los muchachos. Me platicaba un saltillense el entrañable recuerdo de su padre, en los años cuarenta, que le forraba los libros. Lo hacía con papel manila de un color amarillo claro, y tanto ese suave color como la imagen delpadre inclinado sobre la mesa haciendo esta actividad para su hijo se le quedaron grabados íntimamente.
Las generaciones posteriores forrarían sus libros con papel lustrina y plástico, para llegar a la época actual con contac de colores (qué manera de tratar de obviar, con ese material tan impredecible como ingrato: cuando parece que todo va bien, deja unos globitos de aire que nada ni nadie puede después deshacer. Este contac eleva los niveles de estrés a zonas verdaderamente peligrosas) que están a la mano, en rollos de uno o dos metros y que sí, evitan los dos fatigosos pasos de la lustrina y el plástico.
Forrar los libros y los cuadernos de los chicos es toda una tarea. Hacerlo en presencia de ellos puede resultar muy, pero muy, formativo por aquello del "hágalo usted mismo" en una época en la cual hasta eso se puede encargar a alguien, pero principalmente porque se puede hacer sentir a los niños a través de estos sencillos actos todo el cariño que se les profesa.
No resulta fácil, pero indudablemente puede hacer la diferencia en la memoria del corazón de los niños.
Orden en el caos
Y hablando del inicio de las clases, ojalá que las autoridades se aboquen al gran movimiento vehicular que ya se empezó a generar con la entrada de los preparatorianos y los universitarios, así como la inminente llegada de los estudiantes de Preescolar a Secundaria.
Se requiere de un plan ahora sí efectivo, pues por desgracia en materia de educación vial dista mucho nuestra ciudad capital de ser ejemplar.