La navaja

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 15 agosto 2010
true

Para obtener el éxito verdadero hay que hacernos estas cuatro preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué no? ¿Por qué no yo?¿Por qué no ahora?

Como frecuentemente lo hago, la semana pasada fui al banco a realizar varias transacciones. Y de nuevo fui víctima de lo que generalmente sucede en el sistema bancario nacional: el pésimo -terrible- servicio que estas instituciones brindan a sus clientes, situación que no sé si por resignación o impotencia los usuarios de estos "servicios" ya nos acostumbramos (que dicho sea de
paso esto es lo peor que le puede suceder a una sociedad que pretende ser competitiva). Así es, me volví a dar cuenta que somos rehenes de un poderoso oligopolio que, como otros tantos que existen, bastante daño le hacen a México y a sus habitantes.

 

`Antiservicio' por doquier

Pero el fenómeno del "antiservicio", si bien observamos, parece que se ha extendido a otros ámbitos. Por ejemplo, cuando uno va a pagar los servicios públicos, los empleados muchas veces se cargan una cara de pocos amigos, como si al cliente (a quien se deben) le hacen un favor al atenderlo. También, en muchísimas tiendas departamentales, los dependientes
suelen contestar de mala gana. En otras partes, los consumidores esperan tiempos interminables para hacer tal o cual compra, ante los rostros avinagrados, ásperos y sombríos de los dependientes.

Qué decir de tantas personas que realizan su oficio sin ganas, desanimados, como si el trabajo fuese una maldición.

Ciertamente, en las manos de esta clase de personas es imposible amasar la excelencia y menos alcanzar niveles superiores de competitividad. Por desgracia, un sinnúmero de empresas e instituciones tratan de encontrar las razones de su incompetencia en donde no las encuentra, sin percatarse que, en la mayoría de las ocasiones, la improductividad reside en las almas de las personas que las conforman, en esas actitudes negativas que diariamente llevan a sus lugares de trabajo transformándolos en ámbitos de apatía, indiferencia y desolación.

 

Trabajar con sentido

Viktor Frankl menciona que el trabajo "es el espacio en el que la peculiaridad del individuo se enlaza con la comunidad, cobrando con ello su sentido y su valor". De esta manera ninguna profesión, oficio o quehacer, hace feliz al ser humano; sino que cuando una labor "no produce en el hombre un sentimiento de satisfacción, no debe culparse de ello a la profesión, sino al hombre mismo". Por eso, el maestro, el estudiante, el carnicero, el lava coches, la enfermera, el mesero, el cocinero, el servidor público, el dependiente, el conserje, el vendedor, el albañil, el doctor o el trabajador que tiene actitudes de excelencia sabe que lo fundamental no es el oficio que ejerce, sino el modo, la manera en la que ejercen su oficio todos los días.

Frankl argumenta que lo que otorga sentido al trabajo y hace insustituible a la persona que lo ejerce, es lo que el ser humano crea en el ejercicio de su oficio y que trasciende de lo exclusivamente profesional; es decir, lo que cuenta es lo que hay en la persona misma, en lo que en él hay "de personal", "de humano" cuando ejerce su labor, así un oficio nunca puede ser brillante si quien lo realiza tiene el alma oxidada. Entonces, lo que "hace de la vida algo insustituible e irremplazable, algo único, algo que
sólo se vive una vez, depende de la persona misma, obedece de quien lo haga y de cómo lo haga, nunca de lo que se haga".

 

Da Vinci y la navaja

Existe un interesante escrito, titulado "la navaja", realizado nada menos que por Leonardo Da Vinci que de alguna manera ilustra esta realidad: "Un día la navaja, saliendo del mango que le servía de funda, se puso al sol y vio al sol reflejado en ella".

Entonces se enorgulleció, dio vueltas a sus pensamientos y se dijo: ¿Volveré a la tienda de la que acabo de salir? De ninguna manera. Los dioses no pueden querer que tanta belleza degenere en usos tan bajos. Sería una locura dedicarme a afeitar las enjabonadas barbas de los labriegos. ¡Qué bajo servicio! ¿Estoy destinada para un trabajo así? Sin duda alguna que no. Me ocultaré en un sitio retirado y allí pasaré mi vida tranquila.

Después de vivir este estilo de vida algunos meses, saliendo fuera de su funda al aire libre, se dio cuenta de que había adquirido el aspecto de una sierra oxidada y que su superficie no podía reflejar ya el resplandor del sol. Arrepentida, lloró en vano su irreparable desgracia y se dijo: ¿Cuánto mejor hubiera sido haberme gastado en manos del barbero que tuvo que privarse de mi exquisita habilidad para cortar!

 

¿Dónde está ya mi rostro reluciente?

Lo mismo acontece a esas mentes que en lugar de ejercitarse y superarse se dan a la pereza y a las actitudes negativas, pierden su agudeza y la herrumbre de la ignorancia las corroe". El oficio es sagrado
Entonces, los que se lamentan amargamente de su oficio; los que eternamente hacen su trabajo con amargura; las personas que lloran porque no pueden hacer eso que tanto aman y desean y que no han sido capaces de descubrir y comprender que también se puede amar lo que se hace y se tiene; los que se sienten fracasados o inútiles; los que tienen el rostro "enjetado"; los que no quieren servir o les cuesta harto hacerlo; los que ácidamente critican a sus empresas, jefes o subalternos; los que se aburren en su chamba; los rutinarios o los que trabajan por puro sudor o dinero; los avinagrados que ven todo lo malo en las chambas de los otros, pero no en la propia; los que exclusivamente ven problemas, pero no las oportunidades; los impacientes; los que no se preparan; los que no saben que la tenacidad suple muchas deficiencias.

Esas personas que en su oficio hacen aflorar los lados oscuros de su alma mediante actitudes descorteses, pesimistas, opacas o negativas, no solo desamparan asus clientes, sino tampoco consideran su trabajo como un invaluable tesoro, y esto se debe, tal vez, a que no han sabido encontrar el sentido de su propia existencia, la finalidad de su razón de ser. Justamente como la pobre navaja.

¡Que irreparable desgracia! En fin, si una persona piensa que trabajar es una maldición o una bendición, en ambos casos estará en lo cierto.

Carlos R. Gutiérrez Aguilar
Programa Emprendedor
Tec. de Monterrey Campus Saltillo

cgutierrez@itesm.mx

Escritor y cinéfilo de tiempo completo. Actualmente trabajo como colaborador en el periódico Vanguardia de Saltillo, Coahuila, con quienes laboré en diversas áreas durante cerca de seis años, desde mis prácticas en la universidad hasta luego de mi graduación. También realizo reportajes y entrevistas para la revista Newsweek en Español, desde mi llegada a la Ciudad de México en febrero de 2017.

Me apasiona la crítica de cine, labor a la que dedico buena parte de mi tiempo para mantenerme al día con los estrenos más recientes, así como tener un amplio panorama de los clásicos en este mismo ámbito. Escribo y leo por placer. Publico textos en mi blog personal (blogenllamas.wordpress.com), en su mayoría relatos cortos. Tengo dos libros de cuentos publicados por el Municipio de Saltillo: “Demasiado Tarde” (Acequia Mayor, 2016) y “Los Ausentes” (Acequia Mayor, 2017).

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM