Klaatu barada nikto
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Seguro que usted como yo encontrará de una gran trascendencia la noticia sobre la designación del primer embajador de la Tierra para las relaciones interplanetarias.
Para ser precisos, se trata de una mujer. De origen malasio, la astrofísica Mazlan Othman fue nombrada embajadora de las Naciones Unidas para el espacio.
Las responsabilidades de esta dignataria interplanetaria son, si bien extravagantes, muy específicas y caben -hasta eso- dentro de la lógica, aunque parezca la lógica de una vieja película de ciencia ficción.
Othman, ni más ni menos, sería la responsable de hablar en nombre de nuestro planeta ante un eventual contacto con inteligencias extraterrestres.
Y yo que durante tanto tiempo trabajé en las posibles primeras palabras para la recepción de un comité alienígena, llega salida de quién sabe dónde esta mujer a echar por tierra mis desvelos.
En seis direcciones se orientaban mis líneas discursivas. He aquí mis posibles primeras palabras para el contacto con extraterrestres:
1.- "¡Nos rendimos!".
2.- "Devuélvanos a Elvis!".
3.- "¡Por lo que más quieran, llévenme con ustedes!".
4.- "Ok, no me lleven a mí, pero llévense a Sandoval Iñiguez y no dejen de hacer toda suerte de experimentos con él".
5.- "Nanu nanu. ¿¡Cómo que significa una grosería en su idioma!?".
6.-Â "¡ALF, yo sabía que eras real!".
Otra de las misiones delegadas a la ahora embajadora Othman es la de decidir qué hacer en caso de la inminente colisión de un asteroide contra la Tierra.
Y es otra de las cosas para las que me siento muy capacitado: Decidir qué hacer en caso de choque interestelar. Si todo lo que se necesita es un megáfono muy, muy potente:
 "A ver, los del PRI, a soplar con fuerza hacia arriba para desviar el asteroide. Los del PRD, a hacerle grilla al canijo meteorito. Los del PAN, a correr como locas y plañir pidiéndole al tal diosito, porque ya se nos vino la extinción".
Al llegar a este punto de la lectura usted se preguntará sin duda cuáles son las razones para comentar lo que no es en realidad sino una mera curiosidad noticiosa. Aunque quizás los más perspicaces anticipen que ello obedece a la envidia que me provoca la flamante embajadora intergaláctica.
Una envidia gorda, rebosada, rastrera y por supuesto verde es la que me provoca Othman, la titular del único cargo político-diplomático en el mundo que realmente me gustaría a mí desempeñar.
Piénselo por un instante y dígame si no es acaso el mejor empleo del mundo. Vea: No obstante exige diseñar un plan y una estrategia diplomática -¡de repercusiones interplanetarias!- es bien probable que jamás de los jamases lleguen a ser puestos en práctica.
Y tal vez haya que tener también elaborado un plan de contingencia para el caso de la probable (improbable) colisión. Pero. ¿Y si dicho plan fracasa de forma miserable y rotunda?: Pues, sencillamente, no va a quedar nadie con vida para echárnoslo en cara.
Mientras tanto, a cobrar como diplomático de la ONU -lo que no debe estar en absoluto mal pagado-, con la única preocupación de monitorear todos los días los telediarios matutinos, nomás para descartar que los marcianos no hayan llegado ya, o bien, que una roca del tamaño de Texas no se aproxime para protagonizar con la Tierra la madre de todas las carambolas.
Qué bueno sería que todos tuviéramos un empleo así: de bajo riesgo, poco estrés y magníficamente remunerado. Por desgracia no es así. Para el grueso de la población del planeta que la embajadora Othman representa (la Tierra, por si no le quedó claro), cuesta mucho esfuerzo obtener el dinero mínimo indispensable para su subsistencia.
Nuestro País no es la excepción, como tampoco las entidades que lo conforman. Los Gobiernos Federal y Estatal sostienen una interminable guerra retórica sobre la pérdida y la recuperación de empleos tras el advenimiento de la crisis mundial que aún nos fustiga.
Yo creo que ya estuvo bueno de eso. Porque además no son sino meras argumentaciones políticas.
El problema no es si Calderón resultó ser -muy al contrario de sus promesas de campaña- el Presidente del desempleo, o que si al Gobernador no le cuadran las cifras del INEGI contra las del Seguro Social.
Lo anterior sale sobrando cuando en todo México, los empleos que atiborran la oferta laboral son dignos de república bananera, de país maquilador, de mano de obra barata. Son empleos que representan todo lo opuesto al desarrollo humano (de los individuos, o de las familias), empleos de trabajo monótono y repetitivo, que al cabo de una semana de extenuantes jornadas recompensa con un salario raquítico.
Son empleos donde rara vez se mira el producto final, porque está destinado a consumidores de otro nivel, quizás radicados en otro país, por lo que son empleos que no edifican el espíritu.
¿Dije empleos? ¡Nada de eso! Son "chambitas", una cosa muy distinta. Y en eso nos han convertido los gobiernos de todos los regímenes. En un país de chambitas.
Un verdadero empleo -de hecho el mejor del mundo al día de hoy- es el de nuestra embajadora interplanetaria, a quien le envío, además de mis felicitaciones, unas palabras que le pueden resultar muy útiles. Es un asunto de seguridad planetaria, téngalas presentes, embajadora Othman: "Klaatu barada nikto".
petatiux@hotmail.com