La (otra) columna del Bicentenario
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Antes que ninguna otra cosa, la queja: ¡he sido plagiado impunemente!
Como usted lo oye. bueno, lo lee: en este espacio, siempre atentos a las fechas importantes de nuestro calendario cívico, nos habíamos preparado para participar dignamente en las fiestas del Bicentenario; para realizar una aportación a la altura de las expectativas de la patria.
Imposible ignorar el hecho, soslayar la relevancia del suceso, minimizar la trascendencia de la conmemoración. Sólo se cumplen 200 años una vez: ¡Y para eso hay que esperarse 200 años!
Y nosotros, desde aquí, hemos estado siempre presentes en las fechas importantes de la historia nacional y global (porque somos globalizados): estuvimos allí cuando dejó de fabricarse el Vocho; cuando dejó de volar el Concorde; cuando Carmen Salinas dejó de transmitir "Hasta en las mejores familias", el freak show del siglo.
Cómo no íbamos a participar del pachangón por los dos siglos transcurridos desde que al cura Hidalgo se le ocurrió levantar más temprano que de costumbre a los miembros de su congregación. ¡Alguien nos habría acusado de apátridas!
El asunto se habría notado. Cualquier observador distraído se habría dado cuenta de cómo hasta la taquería más modesta se dio a la tarea de preparar una salsa del Bicentenario mientras nosotros hacíamos mutis.
Además, en esta columna somos patriotas, ¡faltaba más y sobraba menos! No necesitamos acicate alguno pa'brir todo el pecho y echar ese grito: ¡Viva México, cab.! Bueno. la última parte podemos omitirla. Por favor tome un marcador y tache esa parte de la página porque ya no nos va a dar tiempo a nosotros de quitarla.
Pero como les decía: imbuidos del más alto espíritu patriótico, nos preparamos con tiempo para hacernos presentes en el marco de las fiestas patrias dedicadas al Bicentenario. Desde los primeros instantes de este 2010 comenzamos a destinarle recursos (humanos, desde luego) al asunto.
¡Lo pusimos en nuestra lista de propósitos de año nuevo!
La fecha lo ameritaba. Igual que lo amerita el Centenario de la Revolución, el tricentenario de la Ciudad de Chihuahua... o como lo habría ameritado también el Bicentenario del natalicio de Federico Chopin, o los 200 años de la boda entre Napoleón I y María Luisa, "noleaunque" se tratara de las segundas nupcias del primero.
Además, por el peso específico que esta columna tiene en la conformación de la conciencia colectiva, y por la trascendencia que para las generaciones presentes y futuras podría tener lo aquí expresado con motivo del Bicentenario, lo mejor era prepararse con toda oportunidad.
Y así lo hicimos: cual artistas plásticos frente al lienzo en blanco, el montículo de arcilla o el bloque de piedra, comenzamos a elaborar bocetos, a lanzar trazos al aire en espera del arribo de las musas, de la iluminación proveniente de ese Olimpo donde habitan las hadas de la inspiración.
Incontables noches de desvelo, interminables tardes caminando entre los árboles de la Alameda, infinitos fines de semana -largos y cortos- padeciendo un encierro autoimpuesto. todo con tal de no defraudar a la patria, de estar a la altura de las expectativas.
Ayunos, abstinencia (en el sentido más amplio), renuncia a los placeres, silicio. Bueno, el silicio estuvo a punto de entrar en la ecuación, pero al final consideramos que era un exceso. y como estábamos abjurando de los excesos.
Sí me explico, ¿verdad? ¡Nos lo tomamos en serio! Para nosotros no era un artículo más, un "maquinazo" con el cual uno sale al paso del compromiso, tal y como -lo confieso con rubor- alguna vez le hemos hecho.
¡Éste era el artículo de once in a life time! (disculpen ustedes que acuda al lenguaje de Shakespeare, pero quiero ser enfático en esto y entiendo que lo de moda es -para no dejar lugar a dudas-, después de pronunciarlo tres veces en español, decirlo en inglés).
¡Carajo! ¡Qué bien nos habíamos preparado! Horas y horas y más horas de estudio acucioso, puntual, meticuloso de la historia patria. Teníamos dominado el tema, habíamos husmeado en todos los rincones ocultos de la biografía nacional.
¿Y todo para qué?, como diría Intocable: ¡Para que nos plagiaran la idea!, ¡para que se aprovecharan de que esta columna vería la luz hasta el 18, justo dos días después de la fecha histórica!
¡No se vale! Me voy a quejar con los editores, con los correctores, con los ilustradores, con los diseñadores. Son chin. cuales (se aprovechan también de que esta columna se transmite en horario para todo público).
Ni modo, el maestro Enrique Abasolo nos echó a perder el numerito apenas anteayer. Pero quiero dejar constancia: ¡A nosotros se nos ocurrió primero publicar una columna por el Bicentenario!
Pero esto no se va a quedar así. Ya estamos planeado la venganza. Nos vamos a desquitar con el centenario de la Revolución. Ya verán.
¡Feliz fin de semana!
carredondo@vanguardia.com.mx