Años de oro
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Alguna vez relaté el cuento de la mujer de rancho que dijo a su marido:
-Dentro de pocos días cumpliremos 25 años de casados. Voy a matar al marrano.
-¡Oye no! -protesta vehementemente el hombre-. ¿Qué culpa tiene el pobre animalito?
Escribió Dumas: "El matrimonio es una carga tan pesada que se necesitan dos para llevarla. Y a veces tres".
Y sin embargo hay quienes hablan bien del matrimonio. En cierta ocasión un sacerdote regio -que era además un regio sacerdote- me invitó a la misa del 30 aniversario de su ordenación. Empezó su homilía con voz grave:
-En mi generación del seminario fuimos 20 los que nos ordenamos. De ellos, cinco pasaron ya a mejor vida.
Se hizo un hondo silencio entre los asistentes.
-Sí -remató el celebrante-. Tres se casaron, y a dos los hicieron obispos.
Decía un señor:
-Yo no me puedo quejar del matrimonio. Mi esposa no me lo permite.
Jorge mi hermano, y Tere, su esposa, cumplieron hace días sus bodas de oro de casados. Hermosa fiesta fue la suya, por lo íntima y familiar. Hubo primero misa en el Santuario, donde hace medio siglo unieron sus destinos, como antes se decía. La oficiaron cuatro sacerdotes, no por lujo, sino porque con todos ellos tienen Jorge y Tere amistad muy cercana, y a los cuatro invitaron a su aniversario. El padre Mariano pronunció el sermón.
-Me dicen -empezó- que los primeros años de un matrimonio son muy difíciles. Y que los demás son insoportables.
Luego se expresó con hondura, y bellamente, acerca del sacramento, y dijo que Jorge y Tere son ejemplo de matrimonio bueno. Al término del oficio habló mi hermano; tuvo amorosas palabras para la compañera de su vida, para sus hijos y sus nietos, para su familia toda, y sus amigos.
Después nos reunimos en "La Canasta", en mesa sabrosísima por las viandas, los recuerdos y la conversación.
Yo admiro mucho, y quiero más, a mi hermano mayor. Tiene el don de la fe; siente el misterio de lo sagrado; su vida es la de un buen cristiano. Médico de prestigio, a través de su Fundación "Estoy en ti" busca llevar el humanismo -es decir lo más profundamente humano- al ejercicio de la Medicina. Tere, su esposa, está entregada al cumplimiento de obras buenas. En ella viven valores de familia y religiosidad que pone, calladamente, al servicio de su prójimo. Junto con Jorge ha hecho de su hogar una iglesia doméstica y una escuela de bien. En ella se formaron sus hijos: Tere Cata, Patty y Jorge, y en ella se están formando también, ahora, sus nietos.
Cincuenta años... ¡Cuántos son, y qué pocos! Breves en el tiempo, y en el amor muy grandes. Dios les dé muchos más a Jorge y Tere, para que de ellos siga saliendo esa luz que irradian quienes han encontrado el camino y la verdad de quien nos da la vida.