El maestro Arreola

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Opinión
/ 4 octubre 2010

Andaba yo de viaje -siempre ando yo de viaje- cuando emprendió el suyo el profesor Jesús Alfonso Arreola Pérez. No pude estar presente, por lo tanto, en las honras que se le rindieron, ni expresar mi sentimiento de pesar a su familia. Y eso me entristeció: por estar donde debo estar, muchas veces no estoy donde debo estar.
Conocí a Chuy Arreola desde la niñez. Él era mayor que yo, dos o tres años. Fui coetáneo de su hermano Jorge, también recientemente desaparecido; pertenecimos ambos a la misma generación de la Anexa y la Normal.
Por él empecé a tener con Jesús Alfonso, a quien todos admirábamos no tanto por su excelencia en los estudios cuanto por sus notables dotes deportivas: era extraordinario futbolista y gran jugador de basquetbol.
Lo suyo fue la educación. Destacó pronto en la carrera magisterial. Fue parte de aquel grupo que presidía el profesor Federico Berrueto Ramón. Cultivó amistad cercana con Oscar Flores Tapia, Ildefonso Villarello,  Roberto Orozco Melo, Arturo Berrueto González y otros. Más joven que ellos, alternaba como igual con esos destacados coahuilenses.
Sintió interés marcado por la Historia, sobre todo por la de nuestra tierra. Sus estudios sobre Coahuila forman parte de lo mejor de la bibliografía que sobre nuestro Estado existe. A la muerte de Flores Tapia fue electo por unanimidad para presidir el Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas, al que dio impulso y relevancia. Su acendrada prosapia liberal lo hizo ser también guardián celoso de la tradición juarista, cuyos ideales difundió incansablemente.
Fundó los Talleres de Historia, grupos de estudio formados principalmente por señoras, en los cuales no sólo se debatía el pasado de nuestro país, sino también las cuestiones de mayor relevancia en el presente. Nacidos en Saltillo, esos talleres se extendieron luego a diversas ciudades del Estado: Ramos Arizpe, Parras, Monclova, Sabinas, Piedras Negras... El profesor Arreola viajaba incansablemente para cumplir su tarea de coordinar los grupos y llevar a cabo en ellos su generoso magisterio.
Hace algunos años empezamos a reunirnos cada miércoles un pequeño grupo de amigos. De él fue parte principal Jesús Alfonso. Mis viajes me obligaban a faltar frecuentemente a las reuniones. Al volver me recibía siempre Chuy con la misma frase bíblica:
-¡Que maten el ternero mejor cebado!
Esas palabras, pertenecientes a la parábola del hijo pródigo, expresan alegría por el regreso de que andaba lejos.
Sentiremos la ausencia del profesor Arreola, y extrañaremos su sabiduría, que se mostraba siempre con llaneza, sin petulancia ni alardes vanos de erudición. Nos deja un gran legado, y nos deja también el recuerdo de su amistad. Ya que por haber estado donde debía estar no pude estar donde debía estar, expreso por este medio mis sentimientos de pesar a su familia, especialmente a Roxana, la amada compañera de su vida, que siempre estuvo a su lado en sus tareas de historiador, maestro y funcionario público ejemplar. El profesor Jesús Alfonso Arreola Pérez, Chuy Arreola, seguirá presente en su vasta obra, en el amor de sus hijos y sus nietos, de sus hermanas, y en la memoria de todos los que tuvimos la fortuna de llamarlo amigo.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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