¿"Protagonista cavernario"?
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Decía mi abuela que "la verdad no peca, pero cómo incomoda". También me decía que no le importaba si nos parecía antipática cuando disciplinaba a la familia. "A mí que no me quieran, pero que me respeten --sentenciaba--; yo no tengo pelos en la lengua".
Desde luego, hay maneras de expresar las cosas, pero cuando falla la diplomacia y se abusa de la paciencia, no queda otra alternativa que la de romper con las formas, hablar fuerte y enfrentar en cortito a los enemigos de las buenas causas.
Jesucristo mismo, siendo todo amor y mansedumbre, llegó a utilizar expresiones muy ásperas para poner en su lugar a los testarudos. La Biblia registra algunos de sus calificativos, tales como "hipócritas", "víboras", "ciegos", "tumbas blanqueadas", etcétera.
Ciertamente, los del norte tenemos cierta proclividad a hablar "a lo pelón", de ahí nuestra fama de "francotes", cosa que en el sur aún no se asimila. Así pues, cuando escucho las "puntadas" de Humberto Moreira, pareciera que escucho a mis abuelos, y le entiendo.
Como si no supieran que el presidente electo del PRI se siente como pez en el agua cuando recurre al lenguaje coloquial, tanto o más que Vicente Fox, "El Peje", Couthier o Pancho Villa, la clase política se escandaliza cuando, por ejemplo, bautiza como "ninis" a los miembros del gabinete de Felipe Calderón, es decir, los que "ni saben, ni pueden".
En contrapartida, algunos de los aludidos, y otros que no tienen vela en el entierro, asoman tímidamente la nariz para tratar de increpar a quien osó interrumpir su dulce sueño. Tal es el caso del líder nacional del PRD, Jesús Ortega, al tildar de "dicharachero, conflictivo y folclórico" al otrora primer mandatario de Coahuila.
Pero llama más la atención lo concerniente al secretario de Educación, Alfonso Lujambio, a quien el ex gobernador fronterizo atribuyó "incapacidad" y "falta de voluntad", además de decirle "pequeño de mente".
Un verdadero agente del Estado habría ignorado tales lindezas. Pero Alonso Lujambio le reviró a Moreira Valdés, diciéndole "protagonista cavernario que pretende engañar a la sociedad con guiones falsos".
Más allá de saber si el debate bajó de nivel, lo verdaderamente lamentable es el ánimo hostil que priva entre los actores de la política mexicana. Claro está, a nadie conviene esta violencia verbal en un país ya de por sí violento, a grado tal que ahora estamos al borde de un estallido social, derivado de la corrupción, de la pobreza y del crimen organizado.
Cualquiera diría que al presidente electo del PRI le salió caro abrir fuego, sobre todo cuando Lujambio remató: "El señor Moreira nos quiere distraer con datos falsos; creo que sería mejor que se pusiera a trabajar con sus bancadas para dictaminar la reforma política, la reforma laboral, y dictaminar los grandes pendientes, los grandes temas de fondo... Eso sería pensar en México y no ponerse de escudo para atraer la marcación y evitar que los focos de la crítica se vayan hacia otros personajes".
También Moreira subió al ring a Francisco Blake, secretario de Gobernación: "Blake no sé si esté enterado -espetó- de que hay seis millones más de pobres en México, de que antes éramos ubicados como un país ejemplo en América Latina, y ahora hemos perdido competitividad". El secretario, por su parte, sólo se limitó a responder: "Después de luchas contra el viejo régimen, que suprimió libertades, la democracia llegó para quedarse".
Igualmente, Andrés Manuel López Obrador entró a escena, diciendo que el nuevo líder tricolor "no tiene autoridad moral para criticar... está haciendo un escándalo porque quiere crear una cortina de humo: que la gente no sepa que está buscando dejar a su hermano como gobernador; eso nunca se había visto en la historia del país, que un gobernador deje a su hermano. Miren cuánta inmoralidad, cuánto cinismo".
Coahuila "es un desastre, hay inseguridad y corrupción, pero no quiere que se sepa; por eso mira la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio", alertó por último el "Peje".
Cierto, Moreira Valdés sabe su juego. Sus habladas de hoy son además un golpe mediático de mercadotecnia política, mismo que le ha permitido posicionarse, incluso por sobre Beatriz Paredes. Lo que sigue ya se cocina: rehacer al PRI para echar al PAN de Los Pinos.
Al hablar recientemente ante 86 líderes de gremios federados, reunidos en el edificio sede de la FSTSE, Humberto Moreira se refirió a las directrices que seguirá tan pronto asuma la presidencia de su partido el próximo 4 de marzo.
Afirmó que la nueva dirigencia "tiene qué ver con la unidad con la que se llegó, pero con la que se tiene qué construir para las elecciones que vienen, y sobre todo para la elección federal... tiene qué ver también con la construcción de un proyecto social de gobierno".
(columna_palabrasmayores@hotmail.com)