Petulancia

Opinión
/ 11 enero 2011

Hace 16 años que entregó la banda presidencial y al hacerlo, en 1994, 20 días después de dejar el poder estalló una crisis económica sin precedentes que provocó un enfrentamiento entre él, Carlos Salinas de Gortari, y Ernesto Zedillo, entonces recién ungido Presidente de la República.

Seguramente lo ha visto usted en las numerosas y largas entrevistas que ha "concedido", a la televisión. ¿Cuánto gastaría para proyectarse en las pantallas nacionales e internacionales con su nuevo libro de 976 páginas?

Con este son tres libros, cerca de 3 mil hojas escritas en menos de una década; ¡uff!, ¡qué productividad! El objetivo es limpiar su imagen, la de su sexenio y colocarse en el lugar que cree merecer en la historia, propósitos que se antojan inalcanzables. El nuevo texto es "Democracia Republicana. Ni Estado ni mercado: Una alternativa ciudadana". Provoca sonrisas verlo moverse como un gurú en los estudios de televisión con su nuevo librote bajo el brazo, un bodrio.

Los libros de Salinas de Gortari han pasado sin pena ni gloria, ya que en ellos sobresale lo anecdótico, pero en su nuevo texto destaca su flaca memoria al haber sido el pontífice del mercado impulsando el TLC, la desregulación, el Estado mínimo.. Irónicamente, en su nuevo texto niega la acción del Estado, cuando él fue el impulsor del programa Solidaridad.

El salinato es una época negra de represión social, de poder absoluto del Presidente. el centro de debate en este País todavía tiene que ver con decisiones que se tomaron en el sexenio de Carlos Salinas y su figura es inequívocamente repudiada.

La obsesión de Salinas por el poder político lo ha llevado a intentar por distintos medios a relanzar su imagen y recobrar su reputación frente a la población mexicana.

Según algunas encuestas, en 2003 el 62 por ciento de los mexicanos tenían una opinión desfavorable de Salinas y en 2009 un diario español informó que el ex presidente obtuvo el primer lugar en la lista de los políticos más corruptos del mundo.

En su autoexilio, Salinas vivió en Londres, en La Habana, en Dublín, Boston y Nueva York por casi ocho años. Ahora ya no se esconde, al contrario, busca los reflectores para presentarse como el ideólogo modernizador del País.

El villano favorito quiere influir en todo, en las sucesiones de Gobernadores de los estados, en las elecciones de Diputados federales y de líderes sindicales; donde olfatea dinero y poder, ahí busca intervenir; su actividad política es permanente, por eso se espera que sea el fiel de la balanza cuando finalmente se elija al candidato a la Presidencia en 2012.

De hecho, en 2009 Salinas impulsó varias candidaturas del PRI a la Cámara de Diputados, entre las que estuvieron Claudia Ruiz Massieu, su sobrina y heredera política, y Francisco Rojas, entre otros que ocupan puestos clave en la comisiones de la 61 Legislatura federal, de manera que es una especie de legislador de facto.

Su activismo político revela una personalidad megalómana incapaz de renunciar a la admiración y al culto a su persona. Como muchos, Salinas está convencido del retorno del PRI a Los Pinos y se prepara para incursionar en la escena pública; quiere ser un elemento fundamental en la vida interna del PRI, en el planchado de la candidatura de Peña Nieto, en la campaña que dirigirá Humberto Moreira,  y en caso de que el PRI regrese a Los Pinos, quiere ser uno de los factores de decisión detrás del hombre del copete.

Salinas amenaza con volver de manera abierta a la vida pública; sus memorias son la avanzada para tomar la temperatura a la opinión pública y a la ciudadanía.

El ex presidente nunca juega a perder, de ahí que su estrategia ha sido colocar piezas clave en la actual Legislatura, porque es ahí donde se asigna el Presupuesto para los estados y se cuida que los que tienen elecciones cuenten con más recursos.

En conclusión, según los que conocen bien a Salinas, su proyecto es empequeñecer lo más posible al poder público e irlo subordinando a las grandes empresas, a los poderes fácticos, a los dueños del capital, y justo eso hizo en su sexenio cuando entregó las empresas públicas a sus incondicionales.

¿Logrará Carlos Salinas normalizar su figura pública y erigirse en el Jefe Máximo de los grupos priístas para pavimentar la ruta del retorno del PRI a Los Pinos en 2012? Está por verse.

 

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