De invasiones y resistencias

Opinión
/ 26 febrero 2011
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Tras la orgía de los centenarios en que día con día escuchamos, leímos y conversamos sobre un pasado en pleno presente repensando a nuestros grandes héroes (heroínas) desde los problemas actuales, el primero de enero de 2011, sin nada qué ver con celebraciones obligadas, nos encontramos sin tema. Es claro que aquel pasado quedó más entendido que el que conocíamos en 2009.

Sin el prurito de celebrar por decreto, en este febrero que termina pudimos asomarnos no a la épica heroica sino a una derrota, una humillación, un acto de injusta crueldad de nuestros vecinos del norte.

Hace varios años el alcalde Oscar Pimentel y el ciudadano Gabriel Arrillaga lanzaron una convocatoria para crear un Museo de la Batalla de la Angostura. Invitaron a algunas personas a formar un patronato y promovieron la creación de una asociación civil. De entrada ese proyecto era no poco contradictorio: ¿un museo de la derrota?, ¿recordar el acto de pillería más grande del imperio americano?, ¿celebrar qué? La invitación de Pimentel y Arrillaga era paradójica. Pero para los retos están los empeños. Evidentemente no era algo a celebrar sino a recordar, a conmemorar. ¿Qué recordar? Antes que nada, a los miles de muertos mexicanos que hicieron frente a un invasor poderoso bien armado, bien comido y bien descansado. Los pobres soldados mexicanos habían pasado la peor de las heladas en su camino desde San Luis, casi no habían probado alimento, muchos venían descalzos. Realmente su enfrentamiento a los gringos fue heroico y feroz, tanto que lograron apoderarse de muchas trincheras e hicieron destrozos en las filas de la armada americana. Esto debía celebrarse, sin la menor duda.

Muchos historiadores llaman al episodio en que nos robaron la mitad del territorio "La guerra México-Estados Unidos", y sí fue una guerra, pero quizá el nombre que merece es "La invasión americana a México" o "La guerra de los Estados Unidos contra México". Josefina Zoraida Vázquez, especialista en el tema, la llamó "acto de piratería y barbarie" en un congreso habido en Matamoros, Tamaulipas. Definición que caló hondo en el auditorio; el cónsul de los Estados Unidos se levantó y salió indignado (alguien ahí presente dijo que se tiró un pedo pero nadie ha podido demostrarlo.)

Los imperios y los imperialistas se parecen entre sí. Primero atacan, matan, roban, violan. y luego en sus libros califican esos actos con títulos vagos, incorrectos, ambiguos. Los franceses nombran su invasión a México "L'expédition au Mexique". ¿Conque se trató de una expedición?, ¡ah, ya nos vamos entendiendo!, ellos vinieron de paseo. ¿Y los miles de mexicanos muertos? O sea que norteamericanos y franceses pueden agredir sin consecuencias, sin siquiera una pequeñísima mea culpa. El historiador mexicanista Eric van Young escribió que "las palabras significan lo que significan, pero también significan otras cosas" (To see someone not seeing: Historical studies of peasants and politics in Mexico). Es el caso.

Regreso al Patronato de la Batalla de la Angostura. Uno de los primeros frutos de los fundadores fue la publicación de un libro muy bien escrito y documentado, con un diseño espléndido. Su autor, Carlos Recio Dávila, estaba estudiando en Francia, así que nosotros nos dimos a la tarea de editarlo y logramos, creo, un libro hermoso. y muy caro. La generosidad de Gabriel Arrillaga y la cooperación (muy modesta de algunos de los asociados) logró imprimirlo. Luce dos logotipos, el del Museo y el del Gobierno del Estado. Éste no aportó nada, únicamente compró cien ejemplares pero pidió aparecer como editor, ¡hombre, joder! (fue en el sexenio anterior, aclaro).

En estos días disfrutamos varias actividades del Museo: trajeron a los gaiteros "Batallón de San Patricio" que nos recordaron que muchos irlandeses que venían con el ejército invasor se unieron a México porque consideraban esa una guerra injusta. Se ofreció un concierto de piano y canto en el Casino en el que brillaron el pianista Joel García Almaguer y la maravillosa soprano Alejandra López Fuentes, concierto que fue un regalo a nuestros sentidos. Se terminaron los "festejos" con la presentación de un acucioso libro del presidente del Patronato, Mauricio González Puente, sobre las banderas que se han utilizado en nuestro país a lo largo de los siglos, entre éstas las que se arrebataron a los invasores americanos y franceses.

Así que había algo qué celebrar. Bueno, la palabra celebrar no es la más cómoda, pero si la colocamos dentro del esfuerzo de una asociación civil y de la necesidad de recordar a los muertos anónimos podemos utilizarla justificadamente.

Columna: De habla y tiempo

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