Querida maestra
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Se le dibujaba siempre una sonrisa en el rostro. Era una mujer optimista, que vivía con intensidad y que hacía sentir bienvenidos a todos cuantos trataba. La calidez era una de sus muchas y grandes cualidades.
Nuestra querida maestra Lucía Teissier. Tener la oportunidad de entrevistarle, a propósito de sus lecturas, fue una experiencia gratísima. Ya antes sabía de su don de gente y de la familiaridad con que recibía a los visitantes.
Me tocó en suerte formar parte del jurado de un certamen de fotografía a que convocaba Kinsa. Lo maravilloso de ello es que cada sábado, a finales de los años ochenta, me reunía con la maestra Teissier en su lugar de trabajo, una privilegiada área llena de luz a la que llegaba el canto de las aves. Sabía ella dónde estaba la magia de cada foto, y se le iluminaba la mirada cuando observaba la delicadeza de un colibrí sostenido en el aire y congelado para siempre en una imagen que sería ganadora en aquella semana.
Sabía bien, pues, de su calidez, de su don de gente, de su juicio certero y su opinión siempre colmada de bellas citas literarias, así es que conversar con ella sería desde luego otra grata experiencia.
Así ocurrió en octubre de 1996. Al abrir las puertas de su hogar, me permitió entrar en las de su corazón, sus recuerdos, sus sentimientos y sus pensamientos. RecordóÂ con veneración a su padre, quien fue el impulsor de sus primeras y tempranas lecturas. "Sin que me lo dijera nunca, (fue) mi padre. Una de las imágenes más vivas que tengo de papá es leyendo por la noche, sentado frente a su escritorio. Guardo nítidas las imágenes de su escritorio, de su ropa, sus anteojos, hasta la lámpara que tenía a un lado". Y lo dijo de manera muy gráfica y entrañable:Â "El primer contacto que tuve con los libros fue por detrás del hombro de mi padre".
En aquella plática, ella sentada en una mecedora de madera, a ratos leyendo poemas de la niñez y de la adolescencia, rememoró sus primeros libros. Cedo a ella la voz:Â "Al principio algunos eran solo de estampas. Después fueron libros que podía ya leer. Cuando mi padre murió, yo tenía un poco más de siete años, pero para entonces me había regalado una colección de libros no precisamente infantiles. Se trataba de una colección de estudios sobre insectos, pájaros y otros animales del campo, escrito por un naturalista francés".
Su adolescencia estuvo poblada con las imágenes de Viaje al centro de la tierra, a cuyo autor llegó por su madre, interesada en sus lecturas.
Nacida en Zaragoza, Coahuila, egresó de la Escuela Normal de Maestros y la Normal Superior. Impartió clase en la Escuela Miguel López y en la Academia Coahuila. Luego de dedicarse al cuidado del hogar, retomó el magisterio impartiendo las materias de Inglés, Español, Literatura y Técnica de la Investigación Literaria.
Definir a la maestra Teissier es abordar necesariamente el amor y la pasión que sentía por la palabra escrita, por la precisión de cada vocablo, de su significado y su forma.Dos libros fueron para ella imprescindibles: "Como quien va sediento a una fuente, convencido de encontrar lo que que va a buscar": El Quijote y la Biblia.
Gran lectora, dedicaba a ello dos a tres horas diarias, y si debía salir por la tarde, lo hacía siempre por la noche. "Y por las mañanas: toda la santa mañana leo periódicos, bueno, no toda la mañana, pero sí buena parte, porque también la ocupo para escribir". Y dijo con una sonrisa:Â "No sé cómo Dios me ha conservado los ojos".
Gozaba de un excelente sentido del humor, lo que hacía sentir bien a las personas que conversaban con ella. Del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, por ejemplo, externó, entre risas, "Leo a Onetti, aunque me deprime. Es deprimente, sí, pero aun así no me pierdo ninguno de sus libros".
Gustaba mucho de la poesía mexicana escrita por mujeres, y de la narrativa compartió su admiración por Isabel Allende, a quien definió con como "muy natural, muy intensa, muy mujer". Â
Así fueron sus lecturas, las que la formaron, las que dejaron honda huella en su amor por la palabra escrita, en su defensa del español, en su inigualable estilo claro, profundo y modelo para todos y todas quienes se dedican al hermoso acto de escribir.
Una gran maestra. Nuestra querida maestra Lucía Teissier.