Mujeres, ayer y hoy
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De ello no hace tanto tiempo; apenas tres generaciones, pero lo que hacían las mujeres de esa primera generación ahora lo concebimos, en general, como parte de un mundo muy, muy en el pasado.
Las abuelas que para hacer un buen caldo de pollo, quebraban el pescuezo al animal con sus propias manos; las que todos los días, en invierno, eran capaces de tener, colmados, los platos de buñuelos para familias de más de 10 integrantes y las que vivieron sin refrigerador, estufa y mucho menos lavadora. ¡Vaya!, ni siquiera plancha eléctrica.
Mujeres que antecedieron a las generaciones que ahora vemos en su lucha cotidiana y en su entrega a la familia, los frutos en los hombres y las mujeres de hoy.
Mucho les debemos; de mucho les debemos estar agradecidas las mujeres contemporáneas que viven sus propios retos y enfrentan sus propias dificultades, pero que, sin duda alguna, no existirían, tal y como son en la actualidad sin la plataforma, la herencia que dejaron quienes nos antecedieron.
En el mes dedicado a la mujer, y hoy particularmente, día del festejo mayor, llega a esta columna el nombre de un par de mujeres, que, desde la tribuna de un periódico mexicano, Vésper, combatieron a principios de siglo al régimen de Díaz.
Vésper se publicó de 1901 a 1911. Circulaba en Guanajuato y era editado por Juana Belén Gutiérrez de Mendoza y Elisa Acuña Rosete. Su espíritu combativo, las severas críticas al presidente Díaz y al régimen que anulaba libertades y tenía en la pobreza a una gran mayoría de mexicanos, las hicieron víctimas también de la persecución del dictador. Pero bajo el lema "Justicia y Libertad", el periódico, refiere la publicación Revolución Mexicana. Documentos, prensa, testimonios e historiografía (1910-2010), editado por el Senado de la República y la LXI Legislatura, seguiría siendo un ejemplo de prensa digna que no dudaría "en arrojar al rostro de los tiranos sus crímenes".
Juana Belén Gutiérrez de Mendoza había nacido en Durango el 27 de enero de 1880. Casada desde muy joven con el minero Cirilo Mendoza, pudo así familiarizarse de las deplorables condiciones laborales en las minas. Sobre ello se pronunció, y particularmente sobre una mina, La Esmeralda, de Chihuahua. Apoyó el movimiento de Cananea, Sonora, militando al lado de los magonistas y zapatistas: incluso, es ella la autora del preámbulo del Plan de Ayala.
Denunciaba las injusticias a través del Diario del Hogar, y en El Hijo del Ahuizote. Ya en 1904, por su combatividad y su bravura había sido encarcelada en la cárcel de Belén. Pero nada la arredraba para denunciar las injusticias sociales: además de haber formado parte del Club Liberal Ponciano Arriaga, luego, en 1907, creó Las Hijas de Anáhuac, un grupo anarquista de mujeres; y en 1909, el Club Político Femenil Amigas del Pueblo.
Al triunfo de la Revolución, exigió a Madero el voto femenino. Directora del Hospital de Zacatecas e inspectora de escuelas federales, murió en la Ciudad de México en 1942.
Unavida sumamente interesante, una vida que se constituye en referente para las generaciones venideras.
Justamente se celebra por estos días en México una reunión de intelectuales venidas de todos los puntos de la República Mexicana. Abordarán muchos de los aspectos que forman parte de la vida de la mujer hoy día; sus perspectivas en lo económico, en lo social, en lo cultural. Es bueno escuchar sus voces, como las voces que llevamos cada una dentro de todas aquellas mujeres que nos han antecedido y que con su diario andar fueron dejando huella, formando a las mujeres de la actualidad.
Las mujeres que vivieron su época comprometidas con el entorno que les tocó vivir; nuestras abuelas, mujeres que lo basaron todo en la fortaleza de espíritu y que abrieron el camino para las siguientes generaciones.
Mujeres como Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, con sensibilidad, con arrojo y valentía; con una voz que se hizo escuchar en todos los ámbitos importantes de la vida del ser humano: la política, la educación, la salud.
Este mes de marzo resulta oportuno recordar a mujeres como ellas, tenerlas presentes, para recordar también nuestro propio papel al día de hoy, con el mismo sentido de entrega, con la misma pasión, y con un mismo compromiso hacia nuestra familia y en la sociedad. Una responsabilidad que nos demanda todos los días y que no admite momento de descanso.
De todas nosotras depende también que lo hagamos, además, con alegría y sencillez.