Salvador Elizondo: `Mar de Iguanas'
COMPARTIR
En la entrada 15-XII-86 de su "Noctuario"; Salvador Elizondo (1932-2006) escribía: "Hoy a mediodía concebí una idea que tengo que poner aquí: el mar de iguanas." Y así, precisamente, se nombró al libro que apareció hace unos meses en la editorial española Atalanta y que reúne varios textos de este singular escritor mexicano: una "Autobiografía Precoz", escrita a los 33 años, el cuento "Ein Heldenleben" ["Una Vida de Héroe"], la novela breve "Elsinore: Un Cuaderno" y el inédito "Noctuario", que es parte de un diario que Elizondo escribió por las noches durante algunos años. El libro se complementa con un prólogo de Adolfo Castañón, una carta de Octavio Paz en que el poeta elogia "Elsinore" y una serie de fotografías de Salvador, algunas hechas por Paulina Lavista, su esposa.
De habilidades multidisciplinarias y de vocación un tanto malditista, Elizondo publicó "Farabeuf o la Crónica de un Instante" en 1965, y en 1968, su libro más críptico: "El Hipogeo Secreto", que es, al mismo tiempo, una suerte de thriller metafísico, una alegoría teológica y una novela de aventuras ontológicas u oníricas. Otras obras siguieron a éstas: "El Grafógrafo" (1972), "Camera Lucida" (1983), "Teoría del Infierno" (1993)... Todas muestran a un escritor de aguda inteligencia y portador de una crucial obsesión: la identidad de la escritura (¿o a la inversa?).
Al leer "El Mar de Iguanas", recuerdo varias cosas: la primera lectura de "Farabeuf" y el estupor y la fascinación que provocó en mí; el primer contacto con "El Hipogeo Secreto", que me dejó fulminado; la poesía y el pensamiento de Paul Valéry, a quien me acerqué gracias a Elizondo (y a mi primer maestro de pintura); algunas películas, como "Inception"; ciertas obras de diversa índole y algunos hechos y obsesiones particulares. Recuerdo también el tono de chacoteo con que algunos integrantes de "La Onda" se refirieron siempre a este gran estilista de las letras mexicanas.
"La vida todavía me está viviendo, en el mismo sentido en que se emplea el gerundio `está lloviendo', para que de ella no pueda tener más certidumbre que la de mi vocación...", dice el escritor en su "Autobiografía Precoz", sin temer el uso de una palabra -vocación- que ya entonces estaba camino del desprestigio. "Ein Heldenleben" y "Elsinore" son dos narraciones autobiográficas: agotada su aventura del delirio, Elizondo, como muchos otros, vuelve la mirada a la cantera de la infancia y la adolescencia. Ambos relatos emergen de la nebulosa de la memoria o del pozo del sueño: "Nada hubiera valido perseguir un recuerdo durante tantos años si al momento de consignarlo por escrito...", así inicia el primero, y enseguida cuenta un pasaje de su niñez en el Colegio Alemán. "Elsinore" narra un episodio de su adolescencia en el colegio militar del mismo nombre (California, EEUU) y sus primeras líneas dicen: "Estoy soñando que escribo este relato. Las imágenes se suceden y giran a mi alrededor en un torbellino vertiginoso...".
La parte del "Noctuario" que se publica en este volumen fue redactado de 1986 a 1995. En esos años, la vida de quien escribe estas líneas sufrió varios cambios que más bien calificaría de convulsiones. En el caso de Salvador Elizondo, asistimos a sus movimientos nocturnos más íntimos y a la consignación de muchas confesiones, comentarios, apuntes de cuentos y poemas que valen por sí mismos y porque arrojan luz sobre la obra -y la vida profunda- de uno de los escritores más interesantes de México. Asistimos también a la paulatina redacción de "Elsinore", la nouvelle que cierra el ciclo "narrativo" que no literario de Elizondo, y a la traducción de "Historias Rotas", colección de cuentos de su admirado Paul Valéry.
Europeizante y decadente: así motejaron algunos a Salvador Elizondo. Lo mismo dijeron ciertos pseudosocialistas de los Contemporáneos y ya resulta ocioso subrayar la importancia de su obra -la de éstos. También se dijo que su periplo literario estaba finiquitado después de "El hipogeo secreto". Pero ¿qué escritor pudo ser considerado acabado cuando fue capaz de escribir los libros que siguieron? ¿Y qué escritor es capaz de seguir hablando más allá de la muerte, diciendo cosas como ésta?: (24-VIII-86) "He llegado con el tiempo y con la ayuda de mis amigos a entender algunas cosas que antes me atraían por el misterio que encerraban los símbolos de que están hechas. Tal era en la infancia y la adolescencia el encanto que encerraba el enigma de la melancolía..."
Salvador Elizondo vuelve a manifestarse en este "Mar de Iguanas" menos como un narrador que como un poeta que escribía en prosa. Sus diarios memoriosos son, en realidad, un pretexto para perpetrar su empedernida obsesión por la escritura, una en la que se entrecruzan el simbolismo y la fijeza de un imposible purismo, la inevitable cursilería y la inteligencia helada de un geómetra, la mirada de un mexicano y la visión de un cosmopolita, la poesía y el sueño reflexivo de la metafísica. ¿Marginal y ex-céntrico? Es otra de las razones de mi admiración. Por lo demás, ¿quién no es marginal y excéntrico en este centro ubicuo cuya esfera está en todas partes?