Pepe el toro es inocente
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La vida de Pepe el toro no podría ser más perfecta. Es un astado de lidia, educado para pelear. Hermoso y con casta, Pepe tiene una piel negra brillosa aterciopelada. Ha sido criado en la libertad del campo y es cuidado con esmero por sus dueños, quienes lo nutren con los mejores alimentos. Ellos parecen tenerle cariño y lo muestran como uno de sus grandes orgullos.
Pero un domingo negro la vida de Pepe cambia por completo. Súbitamente es acorralado y trasladado hasta un oscuro lugar. Se acercan las cinco de la tarde y lo golpean con fuerza. A lo lejos, alcanza a escuchar los gritos de gente que espera su salida. Por pequeños orificios logra ver las siluetas de un caballo montado por un jinete que carga una lanza afilada.
De pronto se abre una puerta y Pepe piensa que puede huir hacia su acostumbrada libertad, pero la luz del sol lo ciega y siente una mano que le alcanza a encajar dos cuchillos con cintas en su espalda. Es entonces que se da cuenta de que algo anda mal y su vida peligra. Se encuentra ante un interminable redondel que gira sin parar. En las alturas distingue un reducido grupo de personas que hoy han venido a presenciar un crimen y han pagado boleto para ello.
Empieza el ritual mortuorio de Pepe enfrentándose a un "artista" que pronto vuelve a clavar dos cuchillos que parecen banderillas. Esto le provoca un profuso sangrado que cubre ya gran parte de su brioso cuerpo. En su instinto, el toro trata de defenderse intentando embestir al "artista" que carga con un paño rojo al que llaman capote. Al fallar, escucha que la gente en las alturas extasiada grita "oleeeeee". Lo vuelve a intentar y se viene nuevamente el "oleeeeee". El animal empieza a mostrar signos de cansancio, cae al suelo y el jinete al que llaman picador, se acerca para clavarle su lanza que le produce un dolor interminable que lo obliga a pararse. No logra entender lo que le pasa y mucho menos logra comprender al público que parece alegrarse con su dolor.
Lo peor se acerca. Pepe empieza a sangrar por la boca, está siendo descuartizado en vida. Gime de dolor pero nadie lo escucha. Es el tercer tercio y al fin, el "artista" se decide a acabar con él con una enorme espada con doble filo que le clava sin piedad y que corta la vena aorta y sus órganos internos. Son sus últimos momentos de vida y se echa al suelo herido de muerte. Su verdugo lo remata clavándole un puñal. No hay dignidad en el final de Pepe que se creía inocente.
Atardece ya en el ruedo. Una trompeta anuncia a los presentes que el toro ha muerto. La gente, satisfecha con lo que llaman "una gran faena", pide se entreguen al "artista" las orejas y el rabo. Son sus trofeos de guerra. "To-re-ro, to-re-ro", exclaman los pocos asistentes a la "fiesta". El juez de plaza ordena entregar sus trofeos al ejecutor de Pepe que sufre la última de las humillaciones, pues es despojado de su rabo y orejas.
La impunidad que protege al "artista" por el crimen cometido, es ahora recompensada a manera de festejo, pues es subido en hombros por unos cuantos que se encargan de llevarlo alrededor del ruedo. La faena ha sido completa y el "artista" se lleva la tarde.
Todo esto asemeja a las épocas bárbaras del circo romano transformado ahora en corridas de toros. La discusión puede resultar pueril, ellos la han llamado "La Fiesta" y se amparan aduciendo que hasta el escritor y filósofo español Fernando Savater ha defendido esta "tradición histórica", entendiéndose que la "Ética" en todo caso es sólo para Amador, no para los animales. He escuchado argumentos como el siguiente: "Si no te gustan los toros, pues no vayas" o "Déjenos en paz, nosotros qué les hacemos", o "¿No tienen mejores cosas qué hacer?, como si el no asistir o voltear la cara eliminara la barbarie y si una tradición salvaje pudiera justificarse por sí misma. Eso lo han entendido en la cuna del toreo, en la región de Cataluña, España, en donde se han prohibido por ley las corridas de toros, legislación que entrará en vigor en enero de 2012. Una frase demoledora utilizaron los activistas que lucharon y obtuvieron la prohibición: "En los toros no existe el arte ni la cultura, todo es una brutal tortura".