Espionaje

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Opinión
/ 13 septiembre 2011

El espionaje es tan antiguo como la política misma. Basta ver historias de la antigua Roma para darnos cuenta de cómo los emperadores se apoyaban en personas de su confianza para investigar a amigos y enemigos por igual. La Primera y Segunda Guerra Mundial vieron el surgimiento del espionaje como una tarea profesional. Los Estados-Nación desconfiaban unos de otros y el espionaje era una medida útil y necesaria para ellos. Sin duda la guerra fría superó todo tipo de imaginación relacionada con los secretos de Estado y el espionaje. La KGB y la CIA se consolidaron como la máxima expresión del espionaje. En esos años México no estuvo ausente. Documentos desclasificados muestran cómo los expresidentes López Mateos y Díaz Ordaz estaban al servicio de la CIA y hasta recibían retribución económica por ello. Les recomiendo mucho el libro "Nuestro Hombre en México: Winston Scott y la Historia Oculta de la CIA", que detalla el andar del jefe de la CIA en México durante esos dos sexenios. En México la Dirección Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios y otros representan la historia de esta comunidad en nuestro país; hoy sería el CISEN. Sin duda el ataque terrorista a Estados Unidos hace exactamente 10 años y tres días, obligan a este sector a modernizarse y actualizarse para los retos por venir.

Este artículo no pretende ser un análisis histórico de esta actividad; para ello hay muchos libros. Uno de mis preferidos es "Legacy of Ashes: History of the CIA". Lo que pretendo cuestionar es la validez de la actividad. Algo que me sorprendió es que en los estudios que se han hecho al respecto, se habla de la ética en el espionaje y ante ello podremos tener diferentes opiniones. Sin duda el espionaje de la KGB para asesinar a miles de personas fue reprobable, pero quisiéramos que la CIA hubiese sido más eficiente para prevenir los dolorosos actos terroristas del 11 de septiembre de 2001. Qué maravilla sería si contáramos con un gran sistema de inteligencia en México que hubiera prevenido los ataques al Casino Royale en Monterrey. En cualquier escenario la inteligencia debe ser utilizada para prevenir atentados en contra de un país y sus habitantes, para fortalecer a un país frente a un enemigo, para garantizar la seguridad de los habitantes del mismo, entre otros. Lo que sin duda nunca sucede, ni en Cuba, en donde la oposición es constantemente vigilada, es que las grabaciones, producto del espionaje a la oposición, terminen en la prensa. A lo mucho se utiliza para amedrentar al adversario y obligarlo a la claudicación. Eso se hizo por años durante la guerra fría o en el autoritarismo mexicano. México sin duda ha innovado y llevado el espionaje a un nivel inimaginable. Se usan grabaciones privadas para denostar al adversario político, se le juzga con una herramienta ilegal y fuera de los tribunales. No se respeta la presunción de inocencia y el castigo ni siquiera es legal, sino político. Existen algunas excepciones que resultan un absurdo jurídico, como el caso de Jonás Larrazábal o René Bejarano. Todo México se los quería comer vivos, aunque el respeto al proceso penal brilló por su ausencia; "a quien le importa eso, lo que importa es que paguen por su delito". ¿Será?

Ya se ha vuelto común en Coahuila que conversaciones privadas de particulares terminen en los medios de comunicación. En el ánimo de linchamiento que rodea esas grabaciones no cabe nunca el análisis ni el cuestionamiento. Pero sí nos debemos detener a cuestionar el mecanismo mismo del espionaje para fines de linchamiento político. No defiendo lo que se dice en las mismas, por algo las filtran quienes tienen la posibilidad de espiar y por algo no filtran las conversaciones en donde se pacta hacer el bien a la sociedad. El escándalo vende y por eso quien se beneficia con el escándalo lo filtra. Ahí cabe preguntarnos ¿quién se beneficia y quién tiene la capacidad de espiar, ya que es una actividad muy costosa? No podemos vivir bajo el síndrome del Big Brother, no en una democracia, no en México y no en Coahuila. Convengo que deba existir la inteligencia policial y militar con fines de seguridad pública y nacional, pero no el espionaje con la finalidad de denostar al adversario; es un delito, eso no se nos debe de olvidar.   
    
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Columna: Regresando a las Fuentes

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