Grados Celsius

Opinión
/ 6 abril 2012

¿A quién no le ha ocurrido? Una sola palabra pronunciada por un interlocutor ocasional basta para desatar la discusión en torno al correcto uso del lenguaje. o de lo que nosotros suponemos correcto.

Eso mismo le ocurrió hace algunos días a este columnista en una plática cualquiera, sostenida con un grupo de amigos con quienes conversaba sobre lo que suele conversarse en un día cualquiera: balaceras, ejecuciones, sistemas de vigilancia, métodos de evasión... cosas normales.

No recuerdo exactamente cómo ocurrió y, en todo caso, tampoco es importante. El asunto es que en algún momento de la plática la temperatura hizo acto de presencia.

-Se va a poner muy agradable el clima en los próximos días -dijo con plena seguridad uno de los interlocutores tras consultar, en su app favorita del clima, el pronóstico del tiempo-: entre 22 y 25 grados centígrados.

Y eso bastó para desatar la tempestad.

-Disculpe usted el atrevimiento mi amigo -argüí con fingida reverencia (lo reconozco sin rubor)-: querrá usted decir grados Celsius, porque la escala centígrada no existe, al menos no en este planeta.

-¿Tienes a la mano un Diccionario de la Real Academia Española? -espetó al instante el interpelado, quien cuenta entre sus virtudes la de ser un entendido del idioma- ¿Podrías buscar, por favor, la palabra Centígrado?

-Sé perfectamente que la palabra Centígrado está en el diccionario -contraataqué-. Ése no es el punto, sino cuál es el nombre correcto de la escala con la cual medimos la temperatura y la razón de su nombre.

A estos primeros embates siguieron largas alocuciones relativas al proceso de evolución del idioma, el progreso científico y la obligación que tenemos de rendir homenaje a quienes han dedicado su vida a conducir a la humanidad por esa senda llamada progreso.

No los aburriré con los detalles de este intercambio verbal durante el cual menudearon los calificativos, y las palabras altisonantes (y por tanto in publicables) no tardaron en integrarse a la conversación.

Concluyo el parte de guerra informándoles solamente que la confrontación terminó en justo empate y ambas partes velamos armas quedándonos con una porción de la victoria: tanto la palabra Centígrado como el término Celsius aparecen en el diccionario y por tanto ambos vocablos son correctos.

Y bueno, sirven para denominar la escala utilizada para medir la temperatura -en el Sistema Internacional de Medidas, vale puntualizar- y gracias a la cual sabemos, por ejemplo, que registrar más de 37 grados en el termómetro (tras haber colocado el artilugio en alguna cavidad corporal) es indicativo de que algo no anda bien en nuestra humanidad.

Con todo y el empate, sin embargo, me siento impelido a insistir: el término más correcto (¿entre dos cosas correctas puede una serlo más? Lo ignoro y seguramente ello será motivo de otro debate en el futuro) para nombrar la escala térmica utilizada en casi todo el mundo, con excepción de Estados Unidos e Inglaterra, es Celsius.

¿Por qué insistir cuando hasta los nobles integrantes de la Real Academia Española ha terminado por doblar las manos incorporando al diccionario el término Centígrado?

Porque se trata de un compromiso histórico, de una deuda de gratitud con el físico y astrónomo sueco del siglo XVIII, Anders Celsius, a cuyo genio debemos la invención del termómetro de mercurio y de la escala centesimal que todos usamos sin tener conciencia de su origen.

Se trata de un tributo similar al rendido al bacteriólogo alemán Robert Koch cuando nos referimos al bacilo causante de la tuberculosis nombrándolo con su apellido; o cuando un locutor habla de la hondas hertzianas y nos recuerda con ello que fue el físico alemán Heinrich Rudolf Hertz el descubridor de la radiación electromagnética que hace posible la radio.

Lo mismo ocurre cuando, al hablar de los confines del mundo, nos referimos al Estrecho de Magallanes, punto geográfico bautizado así en honor del navegante portugués Hernando de Magallanes, primero en recorrerlo.

La Campana de Gauss, una las herramientas fundamentales de la estadística, lleva tal nombre en honor a Carl Friedrich Gauss, quien figura en la lista de los más grandes matemáticos de la historia y a cuya paciente observación hoy debemos la posibilidad de predecir, por ejemplo, quién ganará las próximas elecciones en México.

Y así podríamos seguir citando casos en los cuales lo correcto no puede medirse en términos de la evolución del idioma porque el nombre de las cosas no tiene un origen semántico.

En el caso de la escala térmica, apelar a su nombre correcto -es decir, Escala Celsius- constituye un acto mínimo de gratitud histórica a la memoria de quien nos legó la posibilidad de medir la temperatura, con todo lo que ello implica.

Los sabios de la Real Academia han hecho bien al incorporar el término Centígrado al diccionario. Nosotros haremos todavía mejor si nos ocupamos, así sea de vez en cuando, de rendir homenaje a los hombres y mujeres a quienes debemos las comodidades de nuestros días.

¡Feliz fin de semana!

carredondo@vanguardia.com.mx

Twitter: @sibaja3




Columna: Portal, periodista con más de 30 años de experiencia en medios de comunicación impresos y electrónicos. Ingeniero Industrial y de Sistemas por la Universidad Autónoma de Coahuila y Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México. Además, es máster en Administración y Alta Dirección por la Universidad Iberoamericana y tiene estudios concluidos de maestría en Derechos Humanos en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. Se ha desarrollado profesionalmente en el servicio público, la academia y el periodismo. Integrante de la Comisión de Selección del CPC, del Sistema Anticorrupción de Coahuila.

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