Avaros, usureros y cutres

Opinión
/ 27 septiembre 2012

Los panteones están llenos de ricos sin dinero 

Saltillo ha sido siempre ciudad de grandes avaros y famosos usureros. No hemos tenido notables pecadores de la carne, mujeres u hombres que hayan alcanzado la gloria por haberse ido al infierno a causa de culpas de las entrepiernas. Eso se queda para mayores sitios, como Sevilla, cuna del Burlador de Tirso y del Tenorio de Zorrilla. Nosotros, a falta de sutiles artistas de la carnalidad, hemos tenido que conformarnos con estólidos cultivadores del interés compuesto.

Sólo en Saltillo he oído una frase aplicada a quien es duro de cartera, y aun de monedero. Se dice de él: "Es piedra de machucar muertos". Extraño dicho. ¿Qué piedra es ésa, y por qué machucar a quienes ya no están en este mundo tan machucador? Quién sabe, pero así se moteja entre nosotros a aquél que cuida los dineros más que la propia vida: "Es piedra de machucar muertos".

Varios tomos de tomo y lomo podrían escribirse con historias de avaros saltilleros. Don Gabriel Siller dejó memoria de insigne ahorrador. Una vez fue a las 2 de la mañana a tocarle la puerta de su casa a don Miguel Cárdenas, a la sazón Gobernador de Coahuila. Había cenado en su compañía, y dejó pegado el chicle en el brazo del sillón. Como olvidó recogerlo fue por él: tuvo miedo de que al día siguiente la servidumbre lo encontrara y lo tirara a la basura.

Se contaba también de aquel hombre tan cicatero que no permitía en su casa -vivía con una hija- el menor gasto que él considerara inútil. Entre los gastos que consideraba inútiles estaba el de comer más de una vez al día. El sujeto no admitía a ninguno de los pretendientes que le salían a su hija, pues veía en ellos a futuros derrochadores que dilapidarían su herencia. A uno, sin embargo, no lo espantó, antes bien acogiolo con entusiasmo y alegría. Y es que el astuto galán fue a hablar con él para pedirle permiso de entablar relaciones de noviazgo con la chica. Le dijo el avaro tras recibirlo a la luz vacilante de una vela:

-Como ya nos vimos las caras creo que no tendrá usted inconveniente en que apague yo la vela, a fin de que no se gaste mientras platicamos.

Ni siquiera esperó el avariento la respuesta de su visitante. Apagó sin más la vela. A oscuras, por lo tanto, se efectuó la conversación. Acabada la plática el sujeto encendió otra vez la vela para despedir al pretendiente. Grande fue su sorpresa al advertir que el muchacho se había bajado los pantalones.

-¿Qué es esto?-le preguntó indignado-. ¿Qué significa esa indecencia?

-Perdone usted, señor -respondió el mozalbete con turbación fingida-. Es que como íbamos a platicar a oscuras me bajé el pantalón para que no se me gaste con el roce la silla.

-Usted me conviene para mi hija -declaró el agarrado.

Y se casaron y fueron muy felices. Claro, con el dinero que el avaro ahorró y no disfrutó nunca.



Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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