El arte de no llamar a las cosas por su nombre

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Opinión
/ 2 octubre 2012

"Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos 

ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven."

Ensayo sobre la ceguera

José Saramago.

Vivimos confundidos en una nebulosa permanente y densa; buscamos palabras ambiguas para nombrar lo que nos desagrada, simulamos situaciones inexistentes, nos empeñamos en proclamarlas como verdades repitiéndolas mil veces. Lo hemos hecho tanto que ya confundimos palabras y conceptos, terminamos por creer nuestros propios mitos, en el ámbito individual y en el colectivo.

Confundimos castigo con solución, sancionar no es sinónimo de resolver, esto ocurre mucho en el ejercicio periodístico; ante una noticia grande, la prensa pide que alguien sea despedido, como trofeos de casa cuelgan de las páginas de los periódicos las cabezas de los funcionarios destituidos. 

Satisfechos con el castigo nos olvidamos del problema, es más fácil encontrar un "chivo expiatorio" que solucionar el problema; claro, se debe castigar a los responsables, pero también se debe accionar para la solución, eso es más importante.

Confundimos resultado con acción, mencionar cifras no necesariamente significa obtener los resultados esperados, el ejemplo clásico es la limpieza de una ciudad, podemos informar que compramos 20 camiones recolectores, instalamos 200 botes de basura y contratamos mil personas para el barrido manual de las calles, pero esos datos no nos dicen si la ciudad está más limpia o no, si es más sucia nuestras acciones no están dando resultado, lo primero que se debe informar es qué tan limpia está la ciudad y posteriormente cómo lo logramos, pero ya estamos muy acostumbrados a no conocer el resultado y a no medir el cumplimiento de los objetivos esenciales.

Confundimos buen gobierno con popularidad, regularmente en las elecciones el triunfo es para el más popular y en pocas ocasiones el más popular es la mejor opción de gobierno, los candidatos a los puestos de elección popular son productos sujetos a las técnicas de mercado, gana el artículo con mejor imagen, no el mejor, al final del día no obtenemos el mejor resultado, en lugar de programas de gobierno efectivos y eficaces, tenemos programas de gobierno populistas, muy vendibles mediáticamente pero que no inciden en la solución de los verdaderos problemas.

Confundimos éxito con fama, medimos el éxito con parámetros muy claros dinero y fama, pensamos que el más rico y más conocido es también quien obtiene la más alta realización personal, convertimos a las personas famosas en modelo a seguir, pero el verdadero éxito está en otra parte, el verdadero éxito tiene qué ver con la fidelidad a las convicciones y la inversión de tiempo y energía en hacer realidad nuestros ideales.

Confundimos valor con precio, tazamos todo precio en dinero y pensamos que lo más caro es lo más valioso, pero no es así, lo verdaderamente valioso es gratis y hay precios a pagar no cuantificables en monedas o billetes, hay costos mucho más altos, lo dijo Antonio Machado: "Todo necio confunde valor y precio".

Confundimos riqueza con felicidad, pensamos que lo primero es tener, esperamos a tener dinero para realizar nuestros sueños, no entendemos que primero es ser, luego hacer y solo al final tener, aún con los muchos ejemplos que nos da la realidad, seguimos pensando en que ser rico es igual a ser feliz, muy tarde o tal vez nunca entendemos que no es así.

hmedinaf3@gmail.com

Columna: Acrópolis

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