Posada

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Opinión
/ 22 diciembre 2012

Aquella posada navideña estaba en el punto mayor de la alegría.

Sonaba la música estridente de la banda, y las parejas bailaban con animación.

Por las mesas iban y venían los camareros con manjares y bebidas para los invitados.

Se oían risas, gritos, algarabía...

En eso un hombre y una mujer humildes le preguntaron al encargado de la puerta si podían entrar a aquella fiesta que se hacía para recordar el nacimiento de Jesús, y en su nombre. Tenían hambre y sed, le dijeron, pues venían de muy lejos. Comerían un bocado y beberían un poco de agua. Después se irían.  

Los interrogó, ceñudo, el individuo:

-¿Tienen ustedes invitación?

-No -respondieron ellos.

-Entonces -les dijo el individuo- no hay lugar para ustedes en la posada.

¡Hasta mañana!...

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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