Lábaro patrio
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Bajo la comba azul del cielo saltillense, este día ondeará izada a toda asta la Bandera Nacional. Se izará la enseña patria en los edificios públicos, dependencias de gobierno y escuelas de Saltillo y en todo el resto del cielo que le sirve de techumbre a la República Mexicana, porque hoy es el día de la Bandera de México.
En pocas palabras, esta es la historia de la Bandera Nacional. Cuando México vino a ser un pueblo recién nacido a la independencia y a la vida plena de garantías, por primera vez en 1821 juraron fidelidad a una bandera Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, los dos caudillos que al final lograron consumar los ideales libertarios de un pueblo conquistado y gobernado por los españoles durante más de tres siglos. Tenía tres colores y se hizo tradicionalmente mexicana porque en ellos llevaba las tres garantías que había perseguido y conquistado con su sangre el pueblo mexicano y que fundamentaron el Plan de Iguala: independencia, religión y unión.
Posteriormente Iturbide, ya emperador, cambió el orden de sus colores para significar el verde la esperanza, el blanco la pureza y el rojo la sangre derramada por la libertad, y le agregó el escudo representando la tradición azteca con un águila coronada y con las alas desplegadas. Después, los republicanos suprimieron la corona imperial del águila, don Porfirio Díaz le agregó las ramas de laurel y de oliva en semicírculo, don Venustiano Carranza decretó en 1916 la añadidura de la leyenda "Estados Unidos Mexicanos" para cerrar el semicírculo y, en 1968, el presidente Gustavo Díaz Ordaz suprimió la leyenda y modificó ligeramente el águila.
La bandera es un símbolo de la patria, el emblema que representa a una nación. Su origen se esconde en los tiempos más remotos. Se cree que Jasón y sus compañeros ya usaban una insignia cuando emprendieron la búsqueda del Vellocino de oro. También que en el sitio de Troya los guerreros helénicos ya usaban insignias y divisas. Se sabe que en la insignia de Atenas figuraba la lechuza, atributo de la diosa Palas Atenea, y que la bandera o divisa de Esparta llevaba plasmados a los gemelos Cástor y Pólux, que dieron sus nombres a dos famosas constelaciones celestes.
Hay historias tan entrañables sobre banderas, que logran cimbrar a un país entero y su leyenda permanece. Así la nuestra del cadete que se arroja del Castillo de Chapultepec envuelto en la bandera para evitar su profanación durante la intervención norteamericana. Independientemente de sentimientos, es bien sabido que todas las agrupaciones humanas, desde los primitivos clanes y tribus hasta los más grandes imperios, han utilizado insignias y símbolos para servir a propósitos distintos, pero muy similares en tiempos de paz y tiempos de guerra. En los de paz, una bandera o insignia servía para unir e identificar a sus miembros y para inculcarles la conciencia de ideales, orígenes y destinos comunes. En tiempos de guerra, la insignia no era sólo el distintivo que diferenciara a un grupo de sus enemigos, era fundamental para inspirar el valor, para transmitir las órdenes del jefe y guiar y reunir a sus miembros en el combate.
Hoy todos los barcos, aviones, trenes y otros artefactos que utilizan espacios marítimos, aéreos o terrestres, deben utilizar la bandera o los colores del país al que pertenecen para identificarse ante el mundo. Y no se hable de los ejércitos y fuerzas armadas, en las que hasta los batallones y destacamentos, siguiendo la historia de Roma, tienen insignias diferentes para simbolizar su honor y valentía.
"El pueblo las bordó con su ternura, cosió los trapos con su sufrimiento.", dice de las banderas el poeta Pablo Neruda. Honremos, pues, al lábaro patrio, la Bandera Mexicana.
edsota@yahoo.com.mx