Mirador

Opinión
/ 23 julio 2013

Hay en el cementerio de Abrego una tumba. Las tumbas hablan, aunque en ellas haya quedado polvo nada más. Esta que digo dice:
"Fui mujer. En el tiempo y lugar en que viví eso significaba no ser nada. Viví primero sujeta a mi padre, luego a mis hermanos, después a mi marido y por último a mis hijos. Nunca tuve un momento para mí; mi vida entera fue para los demás. Ahora, en esta tumba, todo el tiempo es mío. Veo pasar las nubes; escucho el canto de los pájaros; hablo con otros muertos; aspiro el perfume de la flor. Necesité estar muerta para poder vivir".
Así dice esta tumba del cementerio de Abrego. Si la oyeran, los hombres con quienes vivió esta mujer sentirían vergüenza. Pero ellos no oyen. Jamás oyeron ni vieron nada, ni miran ni escuchan nada ahora. Estuvieron muertos en vida, y hoy que no viven ya están muertos también.

¡Hasta mañana!...

Somos un medio de comunicación digital e impreso con cinco décadas de historia; nos hemos consolidando como uno de los sitios de noticias más visitados del Noreste de México.

Como medio multiplataforma, nos distinguimos por ofrecer contenidos confiables y de alta calidad, abarcando una amplia gama de temas, desde política y estilo de vida hasta artes y cultura. Además, ofrecemos artículos de análisis, entretenimiento y recursos útiles a través de formatos innovadores en texto, fotografía y video, que permiten a nuestros lectores estar siempre bien informados con las noticias más relevantes del día.

Nos enorgullece tener un equipo editorial compuesto por periodistas especializados en Derechos Humanos, Deportes y Artes.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM