El derrumbe de True Blood

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Opinión
/ 27 agosto 2013

Pensé que estaba muy decepcionada con el final de la sexta temporada de True Blood, pero mi mente se ha concentrado en otros asuntos (Breaking Bad, por ejemplo), que no había visto la realidad: desde hace varios ciclos la serie de HBO ha sido una broma en pantalla.

Lo que inició como una historia inteligente y futurista sobre vampiros, se ha convertido en una parodia ridícula sobre los emblemáticos seres de la fantasía del terror. Y no me malinterpreten. Al contrario de algunos exseguidores, yo no tenía problema con la llegada de cuanta especie fantástica se incluyera, llámense hadas, cambiaformas, hombres lobo, brujas o médiums.

No es la única deficiencia de True Blood. La trama, que se ha desmoronado al extremo de lo absurdo, ha pecado de inconsistente, arrítmica y hasta incongruente. Y esas cuestiones, para que vean, no las perdono. ¿Qué le ha pasado a Alan Ball?

Que Sam (Sam Trammell) perdiera a Luna (Janina Gavankar) y a los dos días ya estuviera enamorado de otra: terrible. Que Jessica (Deborah Ann Woll) y Jason (Ryan Kwanten) dejaran de importarse en dos horas y consiguieran novios nuevos en un chasquido de dedos: sacado de la manga. Que nos hicieran tanto drama con el mentado Warlow (Robert Kazinsky) -el ridículo vampiro-hada-, para que terminaran matándolo en una de las escenas más insípidas de la historia de la televisión: para llorar. Que todo el rollo de Bill (Stephen Moyer) como un nuevo ser unido a Lilith (Jessica Clark) se esfumara en dos segundos: insultante.

Y no quiero ensañarme con Sookie (Anna Paquin), pero cada vez pierde más mis simpatías. Es facilona, entrometida y se olvida de la gente con facilidad. Y algo ninfómana, digo yo.

Para rematar, la séptima temporada no promete nada bueno. El salto en el tiempo -seis meses después- augura la decadencia total de la historia, pues ahora pasará a hacerle competencia a The Walking Dead. Sí, el virus que crea una especie de vampiros-zombis será el hilo conductor de la siguiente entrega, así que hay que verla bajo nuestro propio riesgo.

Se especuló que Alexander Skarsgård, quien interpreta al vampiro Eric Northman, planeaba salir de True Blood, por ello la escena donde comienza a chamuscarse en medio del hielo en Suecia. Ahora, se ha dicho que se queda. Bien por True Blood al convencerlo, supongo. Porque es uno de los pocos personajes que no ha caído de la gracia del público.
Por mi parte, como ya mataron a mi vampiro favorito, Steve Newlin (Michael McMillian), lo más probable es que sólo vuelva a ver True Blood cuando necesite desahogarme a través de la crítica poco constructiva. Mi Twitter: @CalladitaR

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