La guerra energética
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Las guerras mediáticas son guerras de percepciones. Menos que los hechos, importa la impresión que éstos generan en la población.
No en balde los pronósticos meteorológicos son el precedente -primitivo y fallido, es cierto- de la manipulación de las masas por medio de mensajes mediáticos. Si la gente percibió en días pasados que la temperatura en Saltillo subió a 45 grados, era preciso convencerla de que estuvimos a 37, máximo a 39 grados. Se trata de alterar el umbral de percepción de los hechos, de por sí difuso, y hacerle creer a las masas que sucedió otra cosa de la que sucedió realmente. Otro hecho relevante: tal vez para el gobierno de Peña Nieto sea necesario difundir que la guerra del narco ha amainado, que se acerca a su fin.
Por eso se libera a Rafael Caro Quintero, para sembrar la impresión de que un círculo se cierra, de que un hecho ocurrido en 1985 y que abrió la puerta de un proceso largo y sangriento, ha sido pagado y está listo para enterrarse en el olvido. Y es que la guerra del narco fue, además y sobre todo, la guerra de Felipe Calderón, la siniestra guerra del PAN, cuyo precio histórico será muy caro y que empezará a cobrarse a partir de las elecciones federales de 2015. La guerra de Peña Nieto será la de los energéticos y su principal rival, el viejo sparring de costumbre, es de nuevo, ay, López Obrador. Él será el rival a vencer en las calles y plazas públicas, en las universidades, en los sindicatos.
El objetivo central de toda la conflagración mediática será asentar un hecho tan concreto como la inocencia de Caro Quintero o los 45 grados de temperatura: que el petróleo no se vende, que Pemex continuará perteneciendo a los mexicanos. López Obrador hará sonar los clarines, retumbar en sus antros la tierra, llamando a la guerra contra los inversionistas privados y extranjeros. Los medios de comunicación, siempre al servicio del gobierno, ensordecerán al país con las consignas contrarias: "energía para mover a México", "la renta petrolera es para todos los mexicanos". Los hechos tecnológicos, financieros son tan vastos y complejos que ni siquiera tendrá caso discutirlos ni confrontarlos, salvo en un horario no estelar, a altas horas de la noche, cuando todos los cuervos televisivos son pardos. Ya lo escribió Friedrich Nietzche: no hay hechos, sólo interpretaciones, impresiones, emisiones, omisiones.