Así, de sopetón...
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Estar listos... ese es, sin duda, uno de los estadios más importantes a los cuales podemos aspirar en la vida
Para Carlos y Carmen. Que el inicio de su aventura juntos sea el anticipo de una eterna complicidad.
Estar listos... ese es, sin duda, uno de los estadios más importantes a los cuales podemos aspirar en la vida. Porque eso implica, según la Real Academia Española, estar "apercibido, preparado, dispuesto para hacer algo".
En otras palabras, estar listo implica poseer todo lo necesario para enfrentar las consecuencias de una decisión, o para sortear con éxito las eventualidades de un periplo, para cumplir con diligencia alguna tarea que se nos hubiera encomendado, o vencer un reto auto impuesto.
Se está listo, por ejemplo, para correr una maratón cuando se ha llevado a cabo el riguroso entrenamiento que tal empresa exige y se ha medido con rigor el desempeño propio comparándolo contra los requisitos que demanda realizar tal prueba.
Se está listo para sustentar un examen cuando uno ha dedicado el número necesario de horas a leer el material didáctico de la asignatura, a repasar las notas tomadas en clase y a revisar minuciosamente los conocimientos adquiridos contra el temario desarrollado a lo largo del curso.
Se está listo para pagar una apuesta que implica desdoro personal cuando uno se ha mentalizado previamente para, por ejemplo, portar la casaca del equipo enemigo durante un día sin recurrir al suicidio.
Se está listo para probar una salsa picosa -proveniente de la India o Tailandia- cuando se nos ha advertido previamente que, aún cuando no lo parezca, la pasta viscosa que está enfrente es una particularmente rica en elementos irritantes del tracto digestivo.
En general, se está listo para lidiar con las consecuencias ulteriores de un acto -propio o ajeno- cuando existe una prevención, cuando al hecho le precede la advertencia, cuando se nos ha otorgado un mínimo de tiempo o de elementos para acomodarnos y el guamazo no nos agarre mal parados.
En otras palabras, es imposible estar listos en la ausencia de alarmas, de avisos de precaución, de señales que nos den un norte, de disparadores de la dosis de adrenalina requerida por el cuerpo para salir corriendo, responder el golpe, gritar, cabecear o cualquier reacción ad hoc.
Estar listos pues, es un estado que se adquiere y tal adquisición sólo puede darse de forma deliberada. Uno debe seguir un proceso, llevar a cabo una serie de pasos, realizar determinadas rutinas.
Pero para hacer eso, como puede deducir fácilmente cualquiera, es absolutamente indispensable saber de ése algo que va a ocurrir, es decir, que se trate de un suceso esperado, no de una eventualidad ni de un asunto sorpresivo, intempestivo, inopinado, imprevisto.
Bueno, también puede ser un hecho sorpresivo, pero se puede estar preparados a condición que se trate de una situación buscada, perseguida, de algo que uno ha estado intentando repetidamente.
En última instancia, el suceso puede no estar anunciado pero si es algo "esperable", es decir, un hecho que en determinadas condiciones regularmente ocurre (como que a uno le de gripe cuando todos se enferman de los mismo, por ejemplo), pues de alguna forma se está preparado.
Pero cuando las cosas ocurren así, de sopetón, sin que uno albergue la menor sospecha, sin haberse reunido las condiciones según la cuales el incidente resulta esperable, o sin haberlo buscado en forma deliberada, es imposible estar preparados.
En tal circunstancia, uno se encuentra inerme, absolutamente indefenso, carente de pertrechos para afrontar la situación con posibilidades de éxito, para reponerse del guamazo, para sobrevivir a las consecuencias colaterales, a los hechos supervinientes.
Las noticias recibidas en esta circunstancia constituyen entonces una suerte de bombardeo a la infraestructura: nos destantean toditos y hacen sumamente difícil articular respuesta, plan de escape o argumentación válida.
La sorpresa, en el mejor de los casos, nos paraliza y nos vuelve unos completos inútiles, porque introduce en nuestras vidas una variable para la cual no habíamos hecho espacio y, por tanto, se constituye, así sea momentáneamente, en un elemento extraño que causa perturbación al flujo de nuestras existencias.
Sí: ya después uno agarra la onda y se repone, se consuela, se entusiasma, se resigna, se pone en acción, se apanica, se preocupa o se ocupa, según corresponda... Pero mientras, ahí está uno sin saber si subirse, bajarse, estirarse o encogerse.
Y eso pasa porque uno no está preparado. Debería existir una regla que obligara a todo portador de una noticia trascendente, a prevenir al destinatario: "prepárate, porque en dos semanas vengo a darte una noticia bomba".
Así, aunque no sepa uno nada, pues ya se va haciendo a la idea de que algo va a pasar, se barajan hipótesis, se elucubra... Se toma en cuenta la posibilidad, por ejemplo, de que le vayan a decir a uno que ya va a ser abuelo...
¡Feliz fin de semana!
carredondo@vanguardia.com.mx
Twitter: @sibaja3