Aprisionados
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A cascadas de información nos vemos sometidos en el día, que van desde el arranque de la jornada. La televisión, la radio, la prensa escrita, los anuncios espectaculares. Y el Internet, por supuesto. Resulta fascinante la balumba de datos nuevos que están a nuestro alcance y que así como llegan en un segundo, en otro igual desaparecen. O al menos, eso creemos.
Ahí, la posibilidad de recoger informaciones de años atrás y de valorarlas con los ojos de la actualidad. Una maravilla el Internet también para conocer de viva presencia lo que ocurre "en tiempo real" y en cualquier parte.
De ofrecernos información de lo que acontece al otro lado del planeta. Como así ocurrió, en aquellas primeras transmisiones por satélite, y entonces verdadera maravilla, con un concierto que ofreció el Rey, Elvis Presley, en 1968. Hay quienes aseguran que ese concierto fue visto por más personas que las que pudieron haber apreciado la llegada del hombre a la Luna.
En medio de esta modernidad, podemos percatarnos no sólo de lo que pasa del otro lado del mundo, sino también fuera de él, en cuestión de segundos. Ciudadanos del mundo, habitantes de aquella aldea global de la que hablaba Mc Luhan. Y estos ciudadanos globales, con enormes posibilidades de enterarse, indignarse, pedir explicaciones.
Hace apenas unos días, las disculpas las hubo de ofrecer Home Depot, la tienda fabricante de mejoras para el hogar, luego de haber publicado un tuit en el cual ofrecía la imagen de dos personas afroamericanas tocando tambores mientras una de ellas portaba una máscara de gorila. En el tuit se podía leer: "¿Cuál baterista no es como los demás?".
La reciente proyección de un video donde la cocinera argentina Maru Botana dice preparar unos tacos mexicanos ridiculizando la manera de hacerlo, entra también en ese nivel de comunicación. No con el grado de racismo como en el anterior ejemplo, pero sí también en una afrenta: en este caso a la gastronomía mexicana.
En el video se muestra cómo la chef corta las verduras para una ensalada que luego coloca en un wok, utensilio asiático no empleado en la cocina de México. A la harina para las tortillas, para hacer la masa, agrega 10 cucharadas de aceite y luego, para rematar, pone al fuego la tortilladora de metal. Esto que se ve tan chusco, tan fuera de nuestra cultura, donde se observa el total desconocimiento por parte de la cocinera, desató la indignación en las redes sociales. Un programa transmitido en Buenos Aires alzó la demanda. Puso en evidencia el desconocimiento de la cocinera y salió en defensa de nuestra gastronomía.
Luego de los comentarios que recibió Botana en su página y en las redes sociales, como: "No me lo creo. Qué vergüenza y qué asco", "Date una vuelta por mi país y hazte un curso", Maru escribió en su cuenta, sin disculparse, que alguien se la había regalado y "nadie me explicó". "Qué genios", dijo también.
Así como es posible encontrar en la red miles de mensajes de todo tipo, que invitan a la superación personal, a la autoayuda, a la motivación, ya con declaraciones de famosos o recitales de desconocidos que así se vuelven luego hasta familiares, como el caso de la pequeña cuya canción "Creer" circula actualmente con mucho éxito, así es de fácil toparse con embaucadores.
Embaucadores que viven pensando en la era de las cavernas informática. En tiempos como los que vivimos, ya no es posible actuar y vivir como si no existieran los medios de comunicación que todo lo registran, hasta las más íntimas conversaciones. Nada es privado. Nada pertenece al ámbito personal, a menos de que se tenga el cuidado de permanecer en un anonimato que no saldrá de las propias cuentas con la estrategia del "Sólo yo". Y quién sabe si alguien logra invadir hasta en esos territorios.
Si, como se decía, la palabra escrita queda para siempre, videos y transmisiones persisten también como testigos, hasta que llegue alguien y los borre definitivamente. Pero ¿eso es posible? En un mundo como el que vivimos, estamos inmersos en la tecnología como dicen los brasileños: "Aprisionados", cautivos. Y que de esto se percaten quienes con la tecnología desean engañar, embaucar, sobornar o lastimar.