Mi poeta inolvidable

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Opinión
/ 17 febrero 2014

Para Cirilo

  

Hay personas que su vida es una poesía, que van caminando y cuanto alrededor de ellas ocurre es mágico. Pueden ser que tengan ante sí las situaciones más cotidianas, pero las transforman en íntimos instantes, en entrañables momentos que quedan para siempre marcados en el corazón de cuantos tienen el privilegio de acercarse a ellas o, mejor, llegar a convivir con ellas.

Seres humanos con miradas acariciadoras. Miradas que nos arropan con ternura y que contienen también dentro sus propias tormentas. Así como un día pueden dulcemente hacernos sentir bienvenidos a su vida, otro día las descubrimos azoradas frente a un mundo que no comprenden, se duelen y se aferran con fiereza a él. Hombres y mujeres dueños de inexplicable sensibilidad, de inigualable capacidad de amor y de desamor.

Amigos especiales que nos hacen sentir diferentes al estar a su lado. Un día, te convierten en la protagonista de un sueño que tuvieron la noche anterior y que están seguras se convertirá en tu futuro, en tu más promisorio futuro, además:

Te casarás con Maya, me dijo a mí una noche Susy, Susana Mendoza. Y te veré recorriendo el mundo arrastrando tres hijos. Su sueño era de hadas, pese a la rudeza de la imagen. Maya era, debe seguir siendo, un pintor que nos había robado el espíritu con sus cuadros, y Susana había soñado que su amiga iría detrás de él, viajando alrededor del planeta, de éxito en éxito, de exposición en exposición.

Susana era de aquellas personas, de esos seres que podían convertir tu vida en un sueño en cuestión de instantes. Brindar con ella era tener asegurada la risa a flor de piel. Cualquier cosa le llamaba la atención, y de ello componía maravillosos versos. A una abeja que pasara zumbando delante nuestro le improvisaba unas líneas; con una servilleta elaboraba pronto un detalle o la figura de una planta o de un animal. Y ni qué decir de las flores. Era ella única en crear una maravillosa ikebana con tres botones de rosas y un poco de nube.

Ver sus manos en la transformación de rosas en botón a un complicado y bello arreglo era como tener ante nosotros el espíritu de Oriente en pleno florecimiento. Su fineza, su delicadeza en el manejo de esta materia natural era insuperable, mágico. Resuelta a la hora de elaborar estos arreglos. La recuerdo trabajándolos con suma rapidez, como si pensara que de ello dependiera la perfección.

De su persona emanaba un ritmo musical cadencioso. Y a la hora de escribir sus versos ocurría lo mismo que al trabajar con las flores. Estuve presente en varios momentos de inspiración, y uno de ellos dedicado a David, su hijo, entonces de pocos años, ¿apenas unos dos? Una poesía que lo dibujaba en su belleza y ternura infantiles, donde su nombre, David, tenía un significado muy especial para mi querida Susana.

Regresé a su recuerdo hace un par de semanas, cuando mi hermano Cirilo, su gran amigo también, me obsequió Raíz de viento, el último libro de Susy.

El poema que le da título contiene unas líneas que la consolidan como una de las verdaderas poetas coahuilenses de nuestro tiempo. Con este solo poema, queda consagrada en nuestra tierra:

Un manto de neblina seca/ es el desierto/ en cicatrices que emanan yerbas nuevas/ lluvia condensada/ que esparce los destinos/ en el volátil éxodo de dunas/ amor que se vuelve a la tierra/ ceniza que se aferra a las hogueras/ y cálida/ el camino de viento en las raíces/ cuando el final del hombre/ se vierte en el silencio.

Hoy que ella no está, el poema, poderoso en sí mismo, resulta doloroso. La Susana —que tanto amaba a la Naturaleza, que su vida fue un equilibrio entre el medio natural y el alma y el cuerpo—, entró, hace unos años ya, en el misterioso mundo del silencio.

Recordarla ahora, que recién celebramos el Día Internacional de la Mujer, es para los coahuilenses, el mejor homenaje que le podemos hacer. Una mujer que enfrentó innumerables retos, que amó, que trabajó en pro de un ideal: la permanencia del hombre en la tierra, su armonía con la Naturaleza, y lo hizo desde los actos más pequeños hasta los más complejos que le deparó la vida:

Está llegando un corazón, escribió en la alegría de ser aquel que necesitaba su hombre amado: Urgido de una cavidad/ está llegando/ sólo las lluvias como ésta germinan los milagros.

Mi poeta inolvidable.

María C. Recio es una de las voces más influyentes en la crónica contemporánea de Coahuila. Su trabajo se caracteriza por el rescate de la memoria colectiva, combinando la investigación histórica con la narrativa literaria. Se ha especializado en el género de la entrevista y la crónica urbana.

Periodista, escritora y cronista con más de 30 años de trayectoria.

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