¿De qué se sonríe Javier?

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Opinión
/ 16 febrero 2014
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Javier Villarreal se entregó a las autoridades texanas mientras en el background se escuchaba; al preso número nueve ya lo van a confesar/Porque antes de amanecer la vida le han de quitar: Una sonrisa dibujaba su rostro, sin embargo.

¿De qué se sonríe Javier? Dos actores aparecen: Jorge Torres López y Javier Villarreal Hernández. Las autoridades tejanas han encontrado vínculos entre estos dos personajes a partir de la investigación que realizan sobre lavado de dinero producto de corrupción o venta de drogas ilegales en México.

Un primer escenario describe a estos individuos como testigos protegidos sin incriminar a sus cómplices. En el segundo, con la misma protección jurídica, colaboran con las autoridades norteamericanas para irse a la yugular de sus secuaces. En el tercero, pagan multas, aceptan el congelamiento de sus activos, pasan un breve tiempo en la cárcel y salen libres. En este caso, los coautores celebran de por vida.

Empero, ¿Será suficiente el resultado de cualquiera de estos tres escenarios para calmar la indignación de los coahuilenses por la megadeuda? Lo dudo.

La percepción colectiva, del ciudadano coahuilense promedio, es una: Los dos inculpados, aunque responsables, son chivos expiatorios. Los cómplices, secuaces o coautores se reducen a un verdadero culpable: Humberto Moreira Valdés. Ningún escenario tranquilizará la ira popular excepto el que castigue la corrupción cobijada de impunidad con nombre y apellido precisos. ¿De qué se sonríe Javier?

¿Cómo impacta esta situación al Gobierno Estatal actual? Reduce la importancia de sus esfuerzos por sanear y estabilizar la megadeuda para poner énfasis en los intereses leoninos que cobran BBVA Bancomer y Banorte por la misma.

Le exige adoptar un posicionamiento público respecto al reclamo de los millones de dólares adjudicados a Jorge Torres López y Javier Villarreal Hernández. Y le obliga a demostrar que la Comisión en el Congreso del Estado que investiga el tema de la deuda de Coahuila no es un simulacro.

La entrega de Villarreal Hernández a la justicia tejana, pone en el filo de la navaja la credibilidad del Gobierno Estatal para deslindarse de la megadeuda. ¿De qué se sonríe Javier?

¿Cómo afecta esta situación las elecciones intermedias del próximo 6 de julio en Coahuila? La megadeuda se convirtió, entre clases medias y altas, en un estandarte de rechazo político a la marca Moreira. Como resultado de las pasadas elecciones de 2013, el PRI gobierna el 51.86 por ciento de los coahuilenses (un millón 425 mil 497 personas); contra el 45.39 por ciento (un millón 322 mil 894 personas) de la oposición. En 2009, el PRI gobernaba el 95 por ciento de la población; mientras el PAN sólo el 2 por ciento (VANGUARDIA 09-07-13).

Los partidos de la oposición se colgarán de dicho estandarte para atraer votantes de clase media y alta, y obtener una mayoría en el Congreso Estatal.

A sólo 140 días para la elección, pregunto: ¿Será la megadeuda un argumento suficiente para que la oposición gane el Congreso? Lo dudo. El oportunismo sin trabajo territorial y estratégico siempre será insuficiente. ¿Cuáles son los argumentos creíbles del PRI para tomar distancia de la megadeuda y convencer al electorado de la urgencia de darle la vuelta a la página? Ninguno. Quizá por ello, Javier sonríe, una vez más, sin que sepamos porqué.




Columna: Panóptico

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