Ensayo sobre la demagogia
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Ya en otras ocasiones hemos intentado desmenuzar el concepto de demagogia, pero encuentro útil retomar el tema toda vez que los peligros a ésta asociados me parecen gravísimos, sin contar que su uso está tan lejos de ser erradicado de la política como la homeopatía de encontrar un remedio eficaz contra la alopecia.
Si no se tratara de una perversa forma de manipulación me atrevería a sostener que la demagogia es un arte.
Estaría tentado también a afirmar que es una forma corrompida de la oratoria política.
Pero el demagogo moderno no sólo es bueno para perorar, también sabe de tiempos y oportunidades, conoce la agenda de los medios, siente el pulso de la opinión pública y se apoya con recursos adicionales a la palabra.
Si a mí me lo preguntan, demagogia es la explotación de los sentimientos de un pueblo para influir en sus opiniones, decisiones y conductas con fines de lucro político.
Así, al demagogo no le importa calentarle la cabeza a su pueblo con una sarta de mentiras, con tal de que no lo culpen a él de las desgracias y, de ser posible, erigirse como paladín social.
Claro y un pueblo encabronado puede cometer cualquier cantidad de atrocidades y luego de ello difícilmente va a salir a dar la cara el político que le dio cuerda.
Hitler por ejemplo (el tío Adolfo siempre nos ayuda a entender mejor), convenció a su pueblo de que la causa y origen de todos sus problemas eran los judíos avariciosos, usureros, oportunistas, taimados y para colmo responsables de la muerte de Yísus Cráist.
Resultado: Un Exterminio no sólo apoyado, sino auspiciado y aplaudido por un pueblo inflamado, exaltado, embravecido contra una comunidad hebraica que ni la vio venir.
Por supuesto, las carencias y problemas de Alemania tenían más que ver con su propio gobierno y sobra decir que ya luego de la Guerra lo único que lamentaban más que estar ahora sí verdaderamente jodidos era el haber sido tan crédulos.
La población de Coahuila es gente buena, trabajadora, y todos los males que llegamos a tener vinieron de fuera.
Detrás de la aparente inocencia de esta frase selecta de nuestro señor don Gobernador hay una carga demagógica tan fuerte que me pareció digna del presente comentario.
Y como buen discurso demagógico presenta diversas modalidades de falacia siendo la más notable -pero de ninguna manera la única- la generalización (los coahuilenses son gente buena, ergo, los males vienen del exterior).
Pero este chovinismo resulta insostenible de tan elemental. Obvio que en Coahuila como en todo el mundo hay gente buena y también hay pillastres, como el hermano incómodo del Gobernador y todos los demás implicados en la megadeuda. Así que es mentira más que evidente y más que demostrable eso de que todos los males nos llegan del exterior.
¿Se da cuenta de cuán sutil y peligrosa a la vez es este tipo de argumentaciones? 1.- Deslinda a las administraciones presentes del crimen, la pobreza y la corrupción, pues todos los males vienen del exterior. 2.- Le crea a la gente un enemigo fabuloso para culpar por sus desgracias (los foráneos, los casinos, la pérdida de los valores tradicionales). 3.- Suaviza el posicionamiento de estas nociones lisonjeando âtambién de forma falaz- a los coahuilenses (aquí toda la gente es eminentemente buena y trabajadora).
Y en serio que si fuera sólo mero discurso electorero podríamos tacharlo sencillamente de ser el peor candidato de la contienda.
Pero vertidas directamente desde el poder estas expresiones embrionarias de xenofobia pueden alcanzar repercusiones de miedo (verbi gratia, el tío Adolfo).
Lo único que me tranquiliza es que la credibilidad del Góber está más que debilitada y por ende su demagogia es en todo caso una de corto alcance.
petatiux@hotmail.com