Niveles de lectura

Opinión
/ 30 abril 2014

Ni una buena dosis del mejor optimismo pudo borrarnos la expresión incrédula cuando el INEGI publicó la inverosímil conclusión arrojada por su Encuesta Nacional de Lectura en el sentido de que los mexicanos (en promedio) gastamos más en libros que en bebidas embriagantes.

Sólo que Bacardí sea el nombre de una casa editorial y Alfaguara una marca de alipuz y haya yo vivido engañado todo este tiempo, sólo así, lo sostenido por el Instituto de Estadística Geografía e Informática cobraría algún probable sentido.

Creo que tan solo para medio igualar lo que devoramos en letras con lo que nos metemos en chupe los mexicanos, las casas de Infonavit tendrían que venir con un área exclusiva para estudio y biblioteca.

Y es que a razón de dos pomos por fin de semana, estaríamos agregando aproximadamente ocho volúmenes a nuestra colección cada mes.

Por supuesto, de ser cierto lo que afirma el INEGI se reflejaría en otros aspectos además del tamaño de nuestro librero en relación con el de nuestra cava.

Si ese fuera el caso, sería igualmente notable la calidad de nuestra lectura como esa capacidad etílica que nos ha vuelto tan famosos.

Y cuando hablo de calidad en la lectura me refiero a la capacidad para hacer análisis a varios niveles no sólo de textos, sino de otros medios, además de una comprensión de la realidad desde diversos puntos de vista.

Hablando estrictamente de la palabra escrita distinguimos tres niveles básicos de lectura, a saber:

1.- Nivel de lectura descriptiva o literal. No hace interpretaciones ni intenta explicar o responder a los porqués. Tiene que ver con la información que el texto nos ofrece de manera explícita o directa.

2.- Nivel de lectura interpretativa o inferencial. Aquí ya, con un mayor esfuerzo de parte del lector, se ha de inferir o concluir incluso a partir de lo que no está escrito. Se trata de reconocer lo que un texto dice –lo explícito- como lo que calla –lo implícito-.

3.- Nivel de lectura crítica o valorativa. Involucra los dos niveles anteriores, pero además las interrelaciones con otros textos, con la experiencia propia del lector, con otros momentos históricos  y todos los puntos de vista desde los cuales se puede abordar un escrito. Es la lectura en su más plena, concienzuda y cabal acepción.

Y como ya dije, si los mexicanos leyéramos como chupamos, podríamos interpretar nuestra realidad con mayor profundidad y no nos quedaríamos como siempre con la visión más superficial, con la lectura más básica, con la idea más elemental, incipiente y rudimentaria.

Así, cuando nos enteramos de todas las pifias de la presente Administración Municipal, consecuencia de la inexperiencia y pobre capacidad del Alcalde y muchos de sus colaboradores/asesores, tenemos un hecho llano, medible y cuantificable, cierto pero sin mayores matices.

Cada yerro que se le adjudica es básicamente cierto y hasta admitido por el propio Alcalde, como la ocurrencia de haber acomodado a su propia cuñada en la nómina municipal en un puesto ornamental.

Pero cuando comenzamos a leer lo que no se dice, tenemos que en efecto, hoy el Presidente Municipal de Saltillo es el monigote de golpeo favorito de diversos medios de comunicación (le tunden como no le tundían a nadie en años) y que no hay día de Dios que no salga a relucir algún mini escándalo periodístico sobre la ineptitud de Chilo y Cia.

Ello quizás no se diga de manera explícita, pero es totalmente cierto y no entra en conflicto con lo primero.

Y ya cuando comenzamos a hacer interconexiones, cruzar información, contrastar puntos de vista y hacer distintos enlaces neuronales a la luz del pensamiento lateral concluimos que:

Un equipo encabezado por Isidro López jamás habría ganado una elección de no haber sido ordenado ello desde la cúpula del poder.

Con todas las posiciones de poder –desde la Presidencia de la República hasta la alcaldía más rascuache- ocupadas por el Revolucionario Institucional, el Gobierno necesita un chivo expiatorio para encausar el perenne descontento popular.

En un año electoral en que se renueva el Congreso (que avala, solapa y esconde todas las trapacerías del Ejecutivo), más valía tener un villano panista de contraste, para tratar de inclinar nuevamente la votación hacia el tricolor. Unas alcaldías como quiera se sueltan, pero el Poder Legislativo de ninguna manera.

Conclusión: La Administración Municipal es en efecto muy inepta y sí, es también el punching bag de los esbirros periodísticos del grupo en el Poder. Pero nada de esto es casual, todo obedece a un bien calculado plan para que esa mafia política continúe gozando su privilegiada aunque precaria posición el mayor tiempo posible.

Es fácil entenderlo cuando se sabe leer.

petatiux@hotmail.com




Columna: Nación Petatiux

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