Si muero lejos de ti Vol. 2

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Opinión
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En el capítulo anterior.

Así dicen en televisión para dar pie al episodio que retomará lo que el previo dejó inconcluso, para enseguida recetarnos una colección de fragmentos que reseña en forma sucinta lo acontecido y hasta lo hace parecer más emocionante de lo que en realidad fue (¡Chingado! ¡Cómo no lo vi! Hubiera dejado la videocasetera.).

¡Pare de sufrir! Aquí le presento las ideas principales del Vol. 1 de esta serie que no sé en realidad para cuántas entregas me dará. Puede que otra más, puede que otras chorrocientas, lo ignoro.

Fueron tres las ideas básicas ocuparon nuestra columna del pasado martes, a saber:

1.- Me encuentro de viaje (fuera del país), pero no a costa del erario. Más que nada y sobre todo porque nos han dado posada en cada ciudad que hemos visitado.

2.- Descubrí (más bien confirmé) gracias a este viaje, que en México nos están viendo la cara (¿de qué?, me pregunta un consternado lector. A ver si alguien  tiene la amabilidad de responderle en mi nombre).

3.- Gobierno y empresas privadas son quienes más gusto le han agarrado -y mayor provecho le han sacado- a eso de tratarnos como sus majes, en vez de ofrecernos resultados y/o darnos un buen servicio o producto por nuestro dinero.

¿De qué se valen para esto? Exacto, de nuestro pobre o nulo marco referencial, sin el cual el grueso de la población no puede comparar como para saber que efectivamente le están jugando el dedo en la boca, que están dándole bazofia a cambio de embolsarse miles de millones.

Mencionábamos también hace un par de días que las estadísticas reportan que apenas el 15 por ciento de los mexicanos mayores de edad han tenido la posibilidad de visitar otro país.

Gracias a esto, un Humberto Moreira (exGobernador, exdirigente y exiliado) puede salir muy orondo en la emisión de Grupo Milenio, digamos, y decirle al tal Carlos Marín que la obra vial de su sexenio (El Mega Distribuidor Vial El Sarape) hace que Saltillo se confunda con Houston, en el vecino estado de Texas.

No le preocupa que dicha obra sea más un monumento a su ego que infraestructura vial y que de hecho sea tan chafa que hasta la lluvia le provoca hundimientos y boquetes (y el que se atreva a defender la gema del sexenio del profe bailarín sólo ratificará mi decir: que los mexicanos sabemos conformarnos con muy poco).

Por supuesto Humberto Moreira sabe o es medio consciente de que son poquísimos los mexicanos que han viajado al extranjero como para someter a la penosa prueba de las comparaciones los logros de su gestión y su magno proyecto sexenal.

Aun y si en Coahuila el promedio de gente que ha salido del país es más elevado por tratarse de un estado fronterizo, hay que tener en cuenta que la mayoría apenas y cruza para hacer shopping (o deje el promedio intacto, total, no hace ninguna maldita diferencia).

Por supuesto, no es menester conocer Houston para saber que Humberto Moreira habla puras sandeces; pero exigiría entonces que estuviéramos en general medianamente ilustrados y es entonces que -¡zas!- nos estrellamos contra otro muro, porque resulta que en México es tan prohibitivo viajar como la educación.

Empleo a Humberto Moreira como ejemplo de quien saca partido a la pobre vocación viajera del mexicano promedio, pero por supuesto que son muchos gobiernos, de todos los órdenes y niveles, y muchísimas empresas las que explotan nuestra pobre experiencia y conocimiento en otros países en donde ni por una emergencia les aceptarían lo que a nosotros nos dan.

Así, las empresas nos dan productos de quinta, sin garantías, sin políticas de protección al consumidor (el que se supone que paga y manda), Nuestra satisfacción nunca está garantizada y eso es algo de lo que me encanta del extranjero, que la gente sabe hacer valer su dinero, no como excepción, sino como regla, por lo que las empresas se esmeran más en el trato que dan al cliente.

Y en materia de política y gobierno, aunque en ningún país pueden presumirnos de ser infalibles, no se tragarían que un danzante de cumbias colombianas viniera a dorarles la píldora con el cuento de que una obra mal hecha es infraestructura de primer mundo.

Y por supuesto, engañar al pueblo lo condena a una pobreza que lo mantiene impedido para viajar al extranjero y nutrir su criterio con la ilustración que dan los viajes. De tal suerte que continúa sin parámetros para hacer comparaciones y se suma a un círculo vicioso que de tan perfecto sería admirable si no fuera pernicioso.

El viaje continúa y también las reflexiones derivadas en la siguiente entrega.

petatiux@hotmail.com


Columna: Nación Petatiux

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