Tigres: actitud y convencimiento
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Mario Sánchez
Hay muchas maneras de resolver los partidos y otras tantas variables que favorecen para darle forma al resultado. Tigres ante el León hizo uso de dos vertientes inapelables en el futbol: actitud y convencimiento. La primera le dio seguridad colectiva; la segunda, goles.
La actitud está por encima de cualquier sistema táctico y el convencimiento tiene un grandísimo efecto estimulante. Estos rasgos combinados influyen en la ejecución: si hay disposición para jugar, hay una alta probabilidad de ganar. Y para ganar hace falta contundencia, de modo que a Tigres una correcta mezcla de estas cualidades lo llevó al triunfo.
La ecuación parece fácil, pero a no todos los equipos se les ve un compromiso grupal homologado entre lo que se piensa y se hace. Sin ir más lejos, el León fue el ejemplo contrario: sólo participó del juego porque no lo supo construir. Aburguesado y sin espíritu combativo, no fue competente.
En dos fechas, el León ha mostrado su versión más austera y relajada, sin esos quilates distintivos que lo han consagrado por duplicado en el torneo mexicano. Da la sensación de que ya vació su futbol y entró en un peligroso tobogán conformista.
La diferencia fue notable entre un ambicioso Tigres y un desinflado León. El primero impuso condiciones de cómo y dónde se iba a jugar el partido; el otro se dejó llevar por la marea, abriendo grietas que no pudo corregir.
A Matosas ya no le salen ni los cambios. Nunca supo cómo atravesarle vallas a un inspirado Burbano, paradójicamente la criatura que él mismo moldeó y potenció en el Bajío.
Precisamente el análisis de Tigres puede comenzar por ahí, por el desequilibrio de Burbano. Fue la llave que le inyectó combustible anímico al equipo. Lo suyo fue contagiante y altamente rentable, porque no sólo le dio apertura y verticalidad al sistema, sino que con diagonales pisó el área con frecuencia y tuvo gol. Dejó un alentador mensaje de cómo este Tigres puede ubicar las coordenadas ofensivas que tanto se le venían reclamando.
Un Tigres que no se desbocó y que cuidó celosamente el partido y sus movimientos. Trabajó en bloque en las transiciones, un punto fundamental para conservar fresca la idea. Fluctuó entre dos parados madre según la ocasión: 4-4-2 al defender y 4-1-4-1 al atacar, con algunas variantes. Arévalo fue la principal referencia para marcar la pauta de los cambios tácticos.
El uruguayo fungió como único contención y distribuidor al avanzar, y fue casi un central más cada vez que el equipo se encogió para esperar. Pizarro asomó permanentemente como opción de pase en la línea de Lugo. El argentino no brilla, pero tiene más libertades, arrastra marcas y abre espacios. Fue clave para desconectar a Vázquez y Peña, la sala de máquinas del León.
Tigres estiró bien la cancha con Torres y Burbano, ambos enlazados con Estrada y Torres Nilo. Si los laterales pasan, los volantes toman los mejores atajos hacia el área. Al emergente Lugo le falta un poco más de rodaje, visión y confianza para ser el nexo. Y Villa va recuperando olfato para pivotear de espaldas al arco, para encarar y para anotar.