Rayados, entre goles y dudas

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Opinión
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Los análisis futbolísticos siempre serán insuficientes. Rayados, en general, ofreció demasiadas cosas en el debut además del triunfo y no necesariamente todo fue saludable.

Tomándole distancia al inapelable 3-1, el futbol del Monterrey fue poco expresivo para tamaña diferencia. La ventaja se explica desde la contundencia que acompañó a ciertos destellos del equipo. Nada más. Es muy distinto legitimar la victoria desde la plenitud colectiva, concepto que Rayados estuvo algo lejos de alcanzarla.

El resultado, muchas veces, suele tener un efecto engañoso. Los triunfos no deberían neutralizar la autocrítica, porque este estridente comienzo puede ser contraproducente si no se posa la lupa sobre un funcionamiento.

¿Se pueden discutir los tres puntos? No, pero de ahí a creer que el equipo es confiable existe un trecho considerable. También se debe tener en cuenta la siempre imprescindible interpretación del juego: cómo lo hizo y contra quién lo hizo.

Leones Negros fue un tributo a la inmadurez e ingenuidad futbolística. Su bautismo en la categoría llegó cargado de ataduras y errores primarios. La reiteración de defectos se convirtieron en progresivos autoatentados. Al menos dos goles fueron por invitación. A Suazo le regalaron tres tiros libres casi calcados –en uno facturó- y un penal –que lo falló-. La anotación de Delgado fue el desenlace de una grosera equivocación de la escuadra universitaria.

De nada de esto tuvo la culpa Rayados. Al contrario, el local supo capitalizar esas flaquezas. El punto es que las concesiones del rival y el notable oportunismo pusieron al albiazul del otro lado. Sin embargo, el problema fue sustentarlo.

Este Monterrey parece ser una extensión del otro, de ese de hace algunos meses. Rayados no parece tener un patrón definido. De hecho no lo tiene. Es un equipo complicado para desmenuzarlo. Su punto de apoyo no es el estilo sino las coyunturas que ofrece el partido. Se acomoda al juego, no lo propone. Más bien dispone de él. Si no fuera así, administraría mucho mejor sus ganancias sin necesidad de correr riesgos.

Como juega por cuotas, armar el rompecabezas es bravo. Puede tener posesión, pero no tanta profundidad. A veces es largo, no achica en bloque, carece de sorpresa y casi siempre camina al límite de la vulnerabilidad. Es una suma de las partes, no es un todo, y ello obliga a detenerse en lo individual.

Suazo y Delgado se llevaron las notas más altas en el debut. El chileno por su inoxidable olfato goleador y el segundo por su inteligencia para ubicar los huecos que permitieran conexiones.

El detalle es que algunos de sus compañeros estaban desconectados, léase Cardozo y Silva. Uno extrañamente impreciso y sin explosión, y el otro actuando de un “falso 9” con demasiada falsedad y poca credibilidad en el desarrollo.

Ni Juárez ni Velarde fueron factores de desequilibrio. El debut de Medina fue sobrio en una defensa aún en formación y la contención, es más de lo mismo. Zavala y Meza no son naturales del puesto y eso se nota en las transiciones. ¿Y Pabón? Con su regreso y el gol activó la esperanza en la afición. El colombiano entiende el futbol en el lenguaje de Suazo y eso es suficiente.

Mario Sánchez Columnista 

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