¿Por qué volver?

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Opinión
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Tras un año en que trabajé mucho, en el que salí de la ciudad varias veces por necesidades de los proyectos históricos que presenté, de nuevo estoy en VANGUARDIA y agradecido porque me cuidaron el lugar, y también —y esto es lo mejor— porque Armando Castilla y Diana Galindo reiteraron el absoluto respeto a mis opiniones que siempre sostuvieron en los años que trabajé en este medio y espacio.

En el tiempo ido, que no fue año físico, sino académico, sucedieron tantas cosas importantes en la República, la ciudad y la región, que a menudo me ponía a imaginar un artículo, un argumento, una contradicción, una crítica o, también, datos y aclaraciones. No es muy original decir que México atravesó por mares agitados y que no pocas naves se hundieron en el tempestuoso mar. Para salir de la metáfora, diré que entre los ahogados están no pocos inocentes y que, por el contrario, muchos inicuos, aunque tragando agua y golpeados, llegaron a la orilla. Espero tener el tiempo y la capacidad de sostenerme para ir, tranquilamente, retomando temas, ensartando cuentas, sumando o restando cifras, analizando hechos.

De una vez ofrezco esforzarme por cultivar la seriedad a la vez que conservar la serenidad, pero es difícil prometer que me portaré bien en el futuro. Es tanto el cinismo de no pocos políticos, que cualquier extranjero se pregunta por la racionalidad de los mexicanos. Ahora que la izquierda ha reunido varios millones de votos para solicitar una consulta popular, sucede que PAN y PRI, tan ocurrentes como siempre, abogan por su consultita barata y mediocre, el primero para preguntar si la gente quiere que le aumenten el salario y el PRI para echar fuera a los diputados plurinominales. Tenemos una consulta sobre un problema realmente crucial, como es el energético, junto a chifladuras de políticos oportunistas que le hacen la faena al patrón. El gran dirigente priísta de la CTM a un paso del averno, con voz casi inaudible, temblorosa, dijo que el salario mínimo lo fija una comisión ¿de?, de burócratas: los obreros deben callar y obedecer, que para eso están.

Hace tiempo que vemos cómo se va desmoronando nuestra querida Patria en manos de los sicarios que piensan en todo, menos en los mexicanos pobres, que son mayoría. Y no se trata de proponer un regreso a los tiempos y condiciones de don Lázaro Cárdenas, porque cada época tiene su lógica y sus dinámicas. Su tiempo era otro y el contexto también. Lo que sí tenemos son propósitos rastreros que no parecen dignos de nosotros. Piense en Michoacán y vea cómo soportaron al pobre gobernador que desde el primer año estaba boqueado. Aparte le enviaron como verdadero gobernador adjunto a un licenciado mediocre que había tenido problemas de raciocinio que nunca pudo resolver: recuerde usted que se le perdió la niña Paulette en una cama y la encontró a los nueve días (en la misma cama, aunque usted no lo crea). Duele México, y duele en el alma.

El derrame de líquidos venenosos, conteniendo metales pesados, no terminará cuando el agua superficial de los ríos Bacanuchi y Sonora vuelvan a su transparencia, pues estarán incrustados en los mantos freáticos de toda la cuenca por décadas. Casualmente conozco muy bien el lugar. Trabajé en el ejido Bamori a dos kilómetros de Arizpe, casi donde brota el río que llega hasta Hermosillo. Bamori era una comunidad dinámica, generosa. Tenía arriba de la sierra un agostadero con pastizales espléndidos, y en la ribera del río Sonora sembraban hortalizas. La escuela rural era atendida por una sola maestra, María Elena Montijo, que enseñaba a los niños de los seis grados y creó un museo ejidal de arte indígena que luego reconocería el INAH. Ella recibió varias veces el premio a la mejor escuela Primaria. Pues ahora, el Grupo México ha acabado con el paraíso terrenal y, emulando a Yahvé, ha expulsado del Edén a nuestros primeros padres (espero que usted haya leído los primeros capítulos del Génesis, de lo contrario ¡ya ríndase!)

Repito que regreso después de un año duro en el que coseché buenos frutos para mí y mi Universidad. Terminé dos libros que espero vean la luz pronto. Desde ahora estaré aquí los domingos, por si acaso usted se interesa en leerme. De lo contrario pase de frente. Debo decir que no fueron pocos los que reclamaron por mi ausencia. Estoy agradecido y comprometido.




Columna: De habla y tiempo

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