Camino a la plenitud
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Jesus Maria Echavarria y Aguirre
Solo en Cristo se alcanza la plenitud Col. 2.9
No hay vida apostólica si no hay vida de oración, el Siervo de Dios Venerable Jesús María era el hombre de oración, desde la mañana iniciaba su día adorando a la Santísima Trinidad y haciendo su oración; posteriormente pasaba a celebrar la Eucaristía con devoción y concentración, después se hincaba reverente en acción de gracias a Dios por el inmerecido don de haber celebrado la Eucaristía.
El celo por la salvación de las almas y por la regeneración de los hombres, brotó sin duda alguna de las horas que pasaba ante el Santísimo Sacramento en adoración. Tuvo que pasar por muchas pruebas y sufrimientos a través del apostolado para Evangelizar.
Su amor a la persona de Jesucristo, lo lleva a disponer de todos los medios y posibilidades que estaban a su alcance para hacer posible la evangelización a todo lo largo y ancho de la Diócesis de Saltillo.
Obediente al decreto del Santo Padre San Pio X en su carta del 15 de abril de 1905, se dedica con energía, con piadosa industria, con celo y asiduidad a realizar cuanto estuvo a su alcance para que el conocimiento de la doctrina cristiana llegase a sus fieles, no olvidó poner toda su apostólica labor en manos de la bienaventurada Virgen María.
Inmediatamente expone a sus sacerdotes el deseo del Santo Padre San Pio X en el sentido de dar a conocer a los fieles ignorantes la doctrina cristiana.
Para iniciar su labor pastoral que surge del trato íntimo con Jesús en la Eucaristía y Jesús Crucificado en un grande amor a María y del gran amor que tenía el Sr. Obispo, envía a todos los párrocos de la diócesis una circular en la que pide le den cuenta de la situación que guardan las parroquias en cuanto a número de sacerdotes adscritos a la parroquia, cargo y estado de sus licencias ministeriales. Número de capillas u oratorios, misas y si tienen los suficientes vasos sagrados necesarios para el santo sacrificio.
Mons. Jesús María Echavarría quiere que todos los fieles de la Diócesis de Saltillo, reconozcan el gran misterio, la buena nueva del evangelio y constata que el medio más eficaz para ello es la enseñanza del catecismo, para que por medio de su vivencia se les proporcione medios para su liberación, en las dimensiones, cristocéntrica, teocéntrica-trinitaria y social sobre todo a los más pobres y necesitados.
El concilio Vaticano II habla del contacto con los pobres, los débiles, los jóvenes, los matrimonios, los padres de familia, los religiosos y religiosas. Todo esto lo realizaba ya el venerable Siervo de Dios en su apostolado.
Todas estas categorías de personas estaban presentes en el pensamiento y el corazón del buen pastor, del obispo Jesús María, con las limitaciones y los recursos que tuvo a su alcance, su apostolado fue amplio: visitó a las parroquias de la extensa diócesis, dándose cuenta de las ingentes necesidades espirituales y materiales de sus fieles, de la carencia de educación, de la falta de evangelización, carencias materiales, etc.
El trabajo por pesado que sea, si se lleva con alegría y por amor y servicio de Dios, no se siente se sobre lleva con felicidad y se hace con perfección. El trabajo es una cruz y quien ama a Jesucristo debe amar su cruz, debe amar el trabajo, y quien ama el trabajo y ama la cruz y vive en la cruz y muere por amor de Jesucristo en la cruz, resucitará grande cuando en especial al salir del mundo correspondiera. J.M.E.
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