Darwin en México: su influencia en la educación

Opinión
/ 27 marzo 2015

Si consideramos que el arraigo y la asimilación de las teorías científicas es un proceso complejo que implica, además de su aceptación por parte de la comunidad científica, su difusión hacia otras latitudes y campos externos de la cultura, el darwinismo llegó a México con relativa rapidez, a inicios de la década de 1870, apenas poco más de una década después de la publicación de El Origen de las Especies.

Además, es interesante que en nuestro País las discusiones sobre la teoría de Darwin no se dieron en el ámbito de la naciente biología, ni causaron una transformación mayor en la historia natural que entonces se hacía en México. Los debates se enmarcaron en la filosofía y la política, en donde la teoría de la evolución de Darwin se utilizó para justificar el discurso tanto de liberales como de conservadores durante el porfiriato; es decir, para respaldar un proyecto educativo y de nación.

Destaca, por ejemplo, que una de las primeras polémicas sobre darwinismo —la discusión en la prensa entre los hermanos Santiago y Justo Sierra, que publicaban en La Libertad, con algunos diarios católicos como La Voz de México y El Centinela Católico— surgiera a partir de la publicación del Compendio de historia de la antigüedad, de Justo Sierra, un texto de apoyo a la enseñanza para uso de los alumnos de la Escuela Nacional Preparatoria donde se menciona explícitamente la teoría de la evolución de Darwin.

Para Sierra, el evolucionismo fue un aspecto fundamental a considerar cuando se pensaba en el desarrollo de las sociedades. Tan es así que en una de sus obras principales, Evolución política del pueblo mexicano (1900-1902), Sierra comienza su análisis reflexionando sobre el origen de los pueblos americanos y considera que éste debe explicarse a partir de propuestas como la transformación geológica del planeta y la evolución del ser humano.

Ahora bien, Sierra extrapola el evolucionismo al ámbito de la sociología y lo utiliza para justificar un proyecto político ampliamente difundido entre los intelectuales del porfiriato, particularmente los positivistas y los conocidos como Científicos, grupos cercanos al gobierno porfirista. Lo que hay que destacar aquí es la importancia que dan al evolucionismo, y en especial al darwinismo, como estandarte de las políticas tanto del gobierno en turno como de los que surgirían tras la revolución, todas ellas ideas que acompañaron el desarrollo y planeación de la educación en México.

El mejor ejemplo de ese desarrollo fue la creación de la Universidad Nacional de México en 1910. Sierra, desde el discurso inaugural de nuestra máxima casa de estudios, hace numerosas referencias a la evolución por selección natural y la lucha por la existencia, con lo que planteaba que quienes resultaran exitosos en el proceso educativo, serían quienes a partir de una formación científica sólida podrían apoyar el desarrollo del País.



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