Es más padre el que cría

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Opinión
/ 23 marzo 2015

Nomás me acuerdo y se me hace un nudo apretado en la garganta.

Y creo, la verdad, que ésta es una de las pocas cosas por las que he llorado en la vida.

Estaba yo metido en una escena cruda, la de la tragedia del pocito 3 en Sabinas, que enlutó, ¿otra vez?, a 13 familias de carboneros en 2010.

Era un mediodía sofocante, el sol incendiando el paisaje de llanto y dolor.

Reporteros por todos lados persiguiendo la nota de ocho columnas, la primicia, la exclusiva, la dura.

Yo buscando entre tanta desgracia una buena historia, una historia no lacrimógena, pero sí conmovedora.

En eso vi que la turba de periodista que se abalanzó sobre un hombre de casco y con el dorso desnudo. Era un señor macizo y moreno, negro de tanto y tanto sacar carbón.

Me colé entre el tumulto a escuchar un poco de lo que le preguntaban los colegas.

Supe entonces que se trataba de un minero que se había enlistado como voluntario en las brigadas de rescate de cuerpos.

Que cómo iban las maniobras, que cuánto faltaba para llegar hasta los primeros cadáveres, le preguntaban los reporteros.

El hombre, de un mirar tranquilo, y templado, respondía sin aspavientos que todavía nada, que la cosa estaba difícil, que tal vez faltaba mucho.

De pronto la marabunta de periodistas se alejó y yo me quedé solo, con el carbonero.

Aquel señor me contó que su hijo era uno de los muertos, que estaba allá, hasta el fondo del pocito, pero él lo iba a sacar a costa de lo que fuera.

Luego me confesó que no, que no era su hijo, que era más bien su entenado, el vástago de una madre soltera con la que él se había amancebado hacía muuuchos años.

Yo lo levanté desde que era así, estaba delgadito, yo lo levanté, dijo el hombre señalando con el dedo a una altura como de un metro, por eso te digo que es mijo, aclaró.

Nunca pensé que alguien fuera capaz de querer así, con ese querencia tan grande, y menos a un ser que nunca había engendrado en el vientre de una mujer, pero que por amor e ella había decidido adoptar sin dobleces.

Bien dicen que es más padre el que cría, que el que engendra, y creo que es una gran verdad.

El hombre me dijo que quería, que iba a rescatar el cuerpo de su hijo, de su entenado, y se lo iba a llevar para su casa, me lo quiero llevar pa la casa, con mi vieja, dijo.

Ahí fue donde me quebré y al no poder contener más las lágrimas me despedí de aquel minero con un apretón de mano y simplemente me fui a llorar a donde nadie me viera. 

jpena@vanguardia.com.mx


Reportero del Semanario Vanguardia. Ha incursionado en el género del reportaje, la crónica y el perfil, en el abordaje de distintos temas, sobre todo con un enfoque social. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila

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