¡Abre la maldita puerta!
COMPARTIR
El copiloto Andreas Lubitz estrelló el Airbus A320 en los Alpes, presa de una emperrada tristeza
La tragedia a todo mundo ha consternado. Estrellar un avión atascado de pasajeros (149 para ser exactos), en unas montañas tan bellas como imponentes como las de los Alpes, no es la mejor ni más bella forma de morir. Salvo para un ser humano el cual presa de la depresión, de la melancolía y con tendencias suicidas, logró finalmente su cometido. El copiloto Andreas Lubitz estrelló el Airbus A320 en los Alpes, presa de una emperrada tristeza, no soportó más y se suicidó. Pero, se llevó consigo a 148 seres humanos más.
Nada de terrorismo, nada de atentados, no; la verdad es más simple, un hombre melancólico llevó al precipicio a cientos de familias las cuales no se van a reponer tan fácil de semejante duelo. Y lo anterior, señor lector, se lo repetí todo el año pasado cuando este escritor reiteró y alertó sobre el demonio de la depresión y la tendencia a la alza en los suicidios en Coahuila.
Le presenté aquí mi análisis y dentro de mi ignorancia, presenté algunas posibles vías de atención. Tanto Carlos García Vega, Secretario de la Juventud y en su momento, Luis Lauro Cortés, en ese momento Secretario de Salud, tomaron el toro de la melancolía por los cuernos y me invitaron a dialogar. Ellos pusieron en práctica ciertas políticas de salud públicas como acciones. Aquí pronto volveré al tema
Varios años antes de obtener su licencia, el copiloto Andreas Lubitz, había estado bajo tratamiento psiquiátrico durante un largo periodo de tiempo con evidentes tendencias suicidas, aseguró el Fiscal que lleva la investigación del choque del avión, Ralf Herrenbruck. Tenía años tratándose, el problema es que nunca se curó. Y lo he dicho y escrito una y otra vez, cuando alguien, un ser humano dice que está triste o que se quiere suicidar, hágale caso porque de una u otra forma lo van a intentar. He aquí una prueba terrible de lo anterior.
La melancolía es cosa seria. Es una enfermedad la cual todo el tiempo habita y vive con uno. La maldita tristeza llega a la vida, se posiciona de nuestra almohada, la ducha y recámara y sienta sus reales en todo espacio disponible de vida. La ingrata no mide condición social ni económica. Ictericia, le decían allá por el siglo XVI a este especie de mal amarillo, que termina por devastar a los que la padecemos. De aquí entonces que las señoras de antaño solían decir a los niños de piel amarillenta, transparente, los cuales no salían a correr y jugar con otros niños, que estaban atiriciados.
Esquina-bajan
Una de las cabezas periodísticas más fulminantes, como siempre, fue la publicada el 28 de marzo, días después de que se estrellara el avión, por el diario El País. Las ocho columnas fue: La compañía no reaccionó ante el largo historial depresivo del piloto. Alemán de 27 años apenas, Andreas Lubitz había recibido sólo un día antes una receta médica de su psiquiatra donde le prohibía volar. El joven la hizo pedazos, se reportó a su compañía con las consecuencias que hoy usted ya sabe y son historia.
La tristeza termina siempre por devastar a quien la padece. No en libros de psicología, sino en la literatura es donde uno obtiene las claves para entender esto. Cuando al personaje de la célebre novela de Albert Camus, El extranjero (la traducción correcta debería de ser El extraño), al señor Meursault, le preguntan en el juicio por haber asesinado a un maleante, y el juez le restriega en cara su carácter taciturno y reconcentrado, el acusado replica: Es que nunca tengo gran cosa qué decir. Entonces me callo.
El copiloto Lubitz era reservado. Tanto, que sólo intercambió palabras triviales con el Comandante y piloto Pratick S. aprovechó los minutos en que este fue al baño, (entre 6 y 8 minutos fueron suficientes para estrellar la nave) y se encerró para hacer descender y chocar el Airbus. El Comandante le gritó varias veces: ¡Abre la maldita puerta!
Letras minúsculas
Andreas Lubitz nunca la abrió. Su tristeza emperrada la contagió a 148 viajeros más. Hoy están muertos.
Jesús R. Cedillo