Las pugnas electoreras

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Opinión
/ 25 abril 2015
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Escogí el término electorero en vez de electoral porque me parece que es más cercano al espectáculo que contemplamos en los días que corren. Es una pena que de tiempo en tiempo veamos pasar frente a nuestra puerta la campaña en turno pero que se repite como si se tratase de un transcurrir cíclico (el eterno retorno) frente al que somos testigos mudos. Los partidos políticos han logrado con singular esfuerzo crear una legislación que les asegure antes que nada su sobrevivencia. Ésta consiste en vivir del presupuesto, lo que significa que cada uno de sus cuadros reciba prebendas que les obliguen a cambiar sus propios sistemas de valores para adoptar los del beneficio y la comodidad en una institución que no les exige más allá que su fidelidad.

Esto nos conduce al plano de la fe. Es claro que los partidos piden de nosotros una actitud de creyentes que va al campo de la aceptación incondicional de que el candidato del partido equis es el que resolverá nuestros problemas. Lo que antes se estilaba, con la fe del carbonero,  esperando todo de la Divina Providencia ahora se trasladó hacia el candidato o el gobernante en turno. Si en otro de mis artículos proponía que el Partido Revolucionario Institucional no era un partido político, sino la Cosa Nostra ahora me veo obligado a modificar el término, no para liberar del mismo al PRI sino para hacerlo extensivo al resto de partidos. Debo decir, como en paréntesis, que el proceso de conversión (a una religión) así como el de pérdida de la fe es muy difícil de explicar. Envío al interesado a la discusión entre Gianni Vattimo (filósofo cristiano) y Richard Rorty (ateo) sobre creencia y compromiso.

¿Perder la fe?, ¿de qué se trata? Un buen día nos enteramos de que se había creado una institución de ciudadanos que de ahí en adelante vigilarían los procesos electorales. Creímos sin dudarlo en las acciones del Instituto Federal Electoral. Acompañamos a José Woldenberg en su lucha por controlar los intereses partidarios que se oponían a los de los ciudadanos. Después de él, el IFE empezó a ser controlado por los partidos en vez de que sucediera lo contrario. Los diputados y senadores, que también debieran representar nuestros intereses se ocuparon de los suyos.

Cualquier niño sabe que un ente que no se reproduce se extingue. La reproducción normal se da en el campo biológico, pero también en el social y en el simbólico. Para que se reproduzca el Estado se requiere que lo hagan sus instituciones (los poderes, la ideología, los aparatos represivos, los modelos educativos, el Congreso) y los partidos se han encargado de reproducir el sistema no porque viven en él sino porque viven de él. No asumo que todos los diputados y senadores sean corruptos pero considero que la mayoría lo son porque tergiversan el sentido de las razones por las que están ahí (quise escribir las razones por las que fueron elegidos pero debo corregir: las formas como nos fueron impuestos).

Retomo lo de la pérdida de la fe: se pierde cuando alguien llega a vislumbrar que lo que aprendió no se corresponde con la lógica. Un ejemplo puede ayudar. Si el Partido Verde Ecologista sobrevive es la muestra más evidente de que no existe un juez justo (¿paradoja u oxímoron?) porque de haberlo habría sido expulsado del concierto del ámbito electoral. Zepeda Paterson al igual que Catón y muchos periodistas más han criticado la opacidad o la complicidad del INE frente a la burla cínica del Verde. Es claro que el que ganó en esta pugna fue ese partido de mierda (no encontré mejor descriptor) y perdimos los ciudadanos. El Verde con todo y multas, que pagaremos los ciudadanos, está mejor que nunca. Y es el aliado del PRI, dato no despreciable.

Cada día que pasa hay mayor hartazgo de la propaganda partidista. Los anuncios son mediocres, sin gracia. Cada partido nos dice lo que va a realizar, lo que es lo mismo que declarar que en realidad nunca ha hecho nada por nosotros. Regreso al viejo Platón, quien hace 25 siglos escribía que un charlatán puede convencer a las turbas con mayor eficacia que un especialista porque su retórica mendaz toca la mente y corazones de un auditorio ingenuo.

Columna: De habla y tiempo

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