Combatir la Corrupción ...sin faramalla

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Opinión
/ 7 abril 2015

Robert Menendez, cubano-americano radicado en Nueva Jersey, tiene cerca de 30 años participando en la política de Estados Unidos. Demócrata, como el presidente Barack Obama. Bob Menendez ha sido alcalde, legislador local, representante ante el Congreso de los EU, desde 2006 y hasta la fecha es Senador.

Su experiencia como congresista, y seguramente su ascendencia cubana, le ayudaron a convertirse en uno de los senadores más influyentes de su país. Para darnos una idea, lleva la voz cantante en lo referente a la política exterior de EU en el Partido Demócrata. El tema es de gran relevancia, debido a las conversaciones con Irán en torno al arsenal nuclear de ese país. Menendez tiene, además, lo que podría ser el voto decisivo para la nueva Procuradora General de EU.  

Independientemente de su afinidad política con Obama y con Eric Holder, procurador General de EU, Bob Menendez tiene problemas con la justicia de su país. Un “testigo” acusó al Senador de aceptar sobornos, regalos y donativos de campaña (conste que se trata de cosas diferentes), a cambio de apoyar, gestionar y presionar al sistema estadounidense de salud y al Gobierno de República Dominicana.

Conforme a la denuncia, se PRESUME (recordemos que se es inocente hasta que se demuestre lo contrario), que los regalos y sobornos se materializaron en transportación aérea gratuita, en aeronaves de un particular, para el senador y su familia, y en prolongadas estancias en República Dominicana y París; además de jugosos donativos, de un amigo o socio del Senador, para sus campañas.

En el Departamento de Justicia (equivalente de la PGR entre nosotros), existe una Unidad de Integridad Pública (se ocupa, digamos, en combatir la corrupción). Esa unidad tiene jurisdicción sobre todos los políticos estadounidenses, incluido el Presidente y, año con año, entrega un informe detallado al Congreso. Para lograr su objetivo, combatir la corrupción, este departamento puede auxiliarse del FBI y demás agencias federales.

De acuerdo con las leyes vigentes, para que se materialice el delito, debe haber habido un pago y un favor a cambio de ese pago. Para que se pruebe el delito, debe haber testigos, depósitos bancarios, correos electrónicos, pruebas testimoniales y documentales y, finalmente, convencer a un jurado integrado por ciudadanos, de que el presunto culpable lo es. En caso contrario, es inocente.

El Senador anunció que no renunciará a su cargo. Niega categóricamente los cargos y hace saber que se defenderá con todo. Reclutó a un equipo de abogados. Lo mismo hizo el acaudalado particular implicado en la denuncia. 

Menendez sigue apoyando a Obama, porque sabe de sobra que este asunto se encuentra fuera del alcance de una amistad. El estadounidense es un sistema de justicia blindado contra todo contubernio o complicidad.

Este es un escenario formado por abogados bien pagados, dedicados a buscar el error de la autoridad y a demostrar la inocencia de sus clientes. Es difícil saber quién tiene razón y quién cuenta con más argumentos; además, debemos contar con el rol protagónico que jugarán los medios. Los eventos del juicio serán la nota, uno y otro lado se encontrarán en el ojo del huracán, el que se equivoque, pierde y pierde mucho.

La nota que ahora comento es una entre muchas que, en EU, circulan año con año en torno al combate a la corrupción. Algunos resultan culpables; otros, inocentes. Se hace justicia a algunos; otros se salen con la suya. La mayoría alcanzan acuerdos, aún antes de llegar a tribunales, en forma de multas, años de prisión o, si fueron falsamente acusados, indemnizaciones.

No importa quién sea el inculpado, los acusadores no le deben la chamba a ningún político, ni a su jefe en turno. Cualquier intento de intervenir desde el poder, desataría el conocido cargo de “obstrucción de la justicia”. El acusado no tiene que renunciar a su cargo y tiene pleno derecho a defenderse. Si resulta culpable irá a la cárcel, con o sin cargo. Si resulta inocente, podrá ir contra el gobierno y solicitar indemnización.

En México que arranca campañas el contraste resulta ofensivo. Dinero en efectivo que correrá a raudales. Favores e intereses a proteger, serán el pan de cada día. Acuerdos en lo obscurito, a cambio de beneficios presentes y futuros. Todo eso sucede mientras dos elefantes blancos dejan patente su inutilidad: la FEPADE y la recién nacida entelequia llamada Sistema Nacional Anticorrupción, demagógica e inútil. El abogado Raymond Hulser encabeza un modesto equipo de trabajo en el Departamento de Justicia en Washington, Usted puede encontrarlo en Google. Su mejor arma es la ley, es también su mayor incentivo y su mejor protección. Sin mucha faramalla.

 Facebook: Chuy Ramirez

Twitter: @wchuyramirezr




Columna: Regresando a las Fuentes

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