¡Aaaarroz!

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Opinión
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Tanto elogié el sabor de ese magnífico platillo, con voz tan encendida alabé su artística presentación, que Francis les anunció a mis anfitriones que en adelante ese arroz llevará mi nombre distintivo, pasando a llamarse ‘Arroz a la Catón’

Campeche es hermosísima ciudad. Pertenece al Patrimonio de la Humanidad. Sus murallas, recias paredes que protegían a la rica población contra el ataque de piratas, ciñen a la capital campechana igual que una hermosa cinta se enreda al talle de una mujer guapa.

Me gusta ir a Campeche por muchas y variadísimas razones. Una de las principales es “La Pigua”, el restorán campechano más tradicional. Si vas a Roma debes por fuerza visitar la Basílica de San Pedro. Y si a Campeche vas debes por fuerza visitar “La Pigua”. Ahí se comen los sabrosísimos guisos campechanos: el pejelagarto; el pan de cazón, delicia que no tiene igual; la mítica y legendaria hueva de lisa, manjar al cual se atribuyen virtudes taumaturgas para potenciar varones.

https://vanguardia.com.mx/opinion/ah-la-primavera-CH21269931

Jamás dejo de ir a “La Pigua” cuando a Campeche voy. Y no soy el único: el afable propietario del establecimiento, don Francisco Hernández, a quien sus coterráneos llaman con afecto Francis, tiene una extensa galería fotográfica en la cual figuran notables personajes de muchas nacionalidades que han ido a degustar los guisos que en su cocina se preparan. Ahí reyes y príncipes; ahí presidentes y primeros ministros; ahí altos jerarcas religiosos; ahí artistas de fama, ilustres escritores, gente de la farándula, del cine, radio, teatro y televisión...

La última vez que fui a “La Pigua”, me ofreció don Francisco un banquete que ni Vatel habría podido confeccionar. Entre los seis o siete platos que formaban el espléndido menú había uno que encomié lleno de entusiasmo. Era un arroz servido en copo, una de cuyas mitades se aderezaba con pequeños camarones y la otra se pintaba de negro con la tinta de ricos calamares. Tanto elogié el sabor de ese magnífico platillo, con voz tan encendida alabé su artística presentación, que Francis les anunció a mis anfitriones que en adelante ese arroz llevará mi nombre distintivo, pasando a llamarse “Arroz a la Catón”.

https://vanguardia.com.mx/opinion/en-un-rincon-del-alma-DF21243819

Gran distinción es ésa, semejante a un título honorífico, a una preciosa presea o decorada condecoración. No es el primer manjar en ser bautizado con mi apelativo. El restorán “El Charro”, situado en la Carretera Nacional, en El Cercado, muy cerca de Santiago, Nuevo León, sirve un insigne guiso llamado piernil de cerdo. Un buen día apareció ese nombre gramaticalizado: “pernil de cerdo”. Yo puse el grito en el cielo, en la tierra y en todo lugar por aquel desafuero cometido contra la tradición, por aquel desacato a Su Majestad el Uso. Mi voz fue oída por los dueños del establecimiento, que mandaron hacer otros menús. En ellos apareció, como uno de los platillos principales, el “Piernil de Catón”. En nuestra ciudad, un espléndido sitio para desayunar sabrosamente, la “Casa Vieja”, por la calle de General Cepeda sur, muy cerca ya del Ojo de Agua, acera oriente, ofrece en su riquísimo y variado menú de huevos los que se llaman “de Catón”, platillo muy gustado, me dicen, por la abundante clientela del lugar.

Benditas sean las bondades del Señor y de mi prójimo, que llenan mi vida con tantos dones que todos los vocabularios no serían suficientes para agradecer.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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