Actores políticos, políticos actores
Hay personajes a lo largo de la historia que por su singularidad recibieron un mote. Juana “La Loca” (que no padecía locura), o Felipe “El hermoso” que tal vez no lo era, entre otros. A los latinoamericanos nos agrada el uso de los motes.
Considerando el caso del actual presidente de la Unión Americana, su narrativa de agresión y odio, su aspecto físico de cabello teñido, y su afán de grandeza personal al ponerse a la altura de John F. Kennedy compartiendo el nombre de un edificio histórico; lo han hecho merecedor a motes. Por ejemplo, los migrantes mexicanos le llaman Trumpeta. En este texto se repetirá más de lo deseable el apellido Trump.
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Antes de realizado el Foro de Davos, Donald Trump realizó ataques verbales a muchos países y decidió unipersonalmente que Groenlandia sería territorio de los Estados Unidos por las buenas o por las malas. Su política de incrementar los aranceles en la importación de productos del resto del mundo, especialmente de países como China, ha causado un desasosiego en los mismos ciudadanos estadounidenses que han visto mermada su capacidad de adquisición. Ciertamente el costo de la vida en el país que el rubio platino preside cada vez es más oneroso.
Desde mis tiempos de estudiante universitario he pensado que muchos integrantes de la clase política podrían sin dificultad ser actores en escenarios de cine, teatro o de televisión. Hombres y mujeres que inicialmente fueron parte del show business culminan siendo políticos: Ronald Reagan, Shirley Temple, Irma Serrano o Silvia Pinal. Comprendo que los seres humanos somos animales políticos y que entre los políticos y los actores existe un breve trecho. Recientemente el célebre actor Robert De Niro, ganador de dos Oscar, ha criticado a Trump con los peores calificativos. Con un dominio escénico impresionante y con un manejo verbal y gestual que le permite su larga carrera actoral y sus convicciones, De Niro utiliza frases provocadoras en contra del presidente ante la simpatía de muchos ciudadanos.
Este hecho sumado al repudio global hacia Trump me hace suponer que su figura está en vilo. Tras bambalinas existen otros actores políticos que evidencian su rechazo al estilo de poder del histriónico líder. Mark Carney, primer ministro de Canadá, sorprendió con su propuesta externada en Davos sobre un nuevo orden mundial basado en respeto y valores, como antítesis a la filosofía de Trump.
Donald Trump ha decidido que la nación que preside dé la espalda a los convenios relativos al cambio climático y elimine los programas que existían para favorecer proyectos de países en desarrollo y ahora, en tiempo real millones de personas atestiguan las acciones que el ICE ejecuta en contra de migrantes que residen en la Unión Americana, en donde no se respeta ni a infantes, ni a adultos mayores.
Hay estadounidenses avergonzados de su presidente que ahora son sufrientes por la escalada de precios y la pérdida de su calidad de vida. Pero no olvidemos que migrantes mexicanos de segunda y tercera generación, ya con la condición de ciudadanos, votaron a favor de la candidatura de Trump, acérrimo enemigo de los migrantes indocumentados y de nuevos migrantes.
Tampoco olvidemos que muchos estadounidenses de origen anglo se volcaron en las urnas para votar por él y ahora están arrepentidos. Acá de este lado existen mexicanos que esperan que pronto acciones estadounidenses acaben con los cárteles de narcotraficantes, mientras que hay otros que nos preocupamos ante la posibilidad de una intervención estilo Trump, quien finalmente tiene un rol semejante al de un actor frente a cámaras. ¿En la historia de México ha habido presidentes que hayan tenido actitud actoral? Por lo menos cercanos a la farándula, sí.