Al vapor
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Se considera que los motores de vapor fueron inventados a finales del siglo 17 e inicios del 18 por Thomas Savery y Thomas Newcomen; unas décadas más tarde, James Watt (sí, ese que suena conocido cuando vemos un foco, ya que la Asociación Británica le dio su nombre a la unidad de medida de energía eléctrica, aun cuando él no inventó el foco) perfeccionó los avances en la materia y produjo múltiples patentes en relación con los motores impulsados por fuego (fuego que generaba vapor que se traducía en energía). Los motores de vapor se usaban en fábricas, locomotoras y en embarcaciones. Son precisamente esos motores los que hacían que los trenes emitieran el famoso ruido “chu, chu”, ruido que irónicamente usó Manuel Bartlett hace un par de años cuando le preguntaron sobre sus propiedades no declaradas y él contestó diciendo que “el Tren Maya iba muy bien, chu, chu, chú”, para escaparse de la pregunta. Es decir, el señor Bartlett mezcló temas de corrupción,
tren Maya y transición energética en un desplante burlón, qué casualidad.
Hay un par de expresiones cotidianas que se refieren al vapor. “Hacer las cosas al vapor” indica que alguien las está haciendo rápido y generalmente mal, sin cuidado, improvisando. Por otro lado, hay quien también usa la frase “hacer las cosas a todo vapor” para señalar que se están haciendo con urgencia, aunque no necesariamente mal. Cuando el presidente López Obrador tomó posesión fue muy claro en decir que llevaba prisa y que pretendía llevar a cabo una transformación del País. Loable la intención y la claridad de reconocer que efectivamente, después de varias décadas perdidas, México tiene prisa por recuperar terreno cuando menos, o de transformarse si somos optimistas. Por eso su énfasis en tener reuniones y conferencias a primera hora de la mañana y de trabajar largas jornadas toda la semana. Al Presidente se le pueden criticar muchas cosas, pero creo que no se le pueden criticar las horas y kilómetros que le ha puesto a su proyecto, estemos a favor o no del fondo y de las formas. Viene a la mente el tema del vapor y de las dos posibles frases que explican el tipo de “vapor” que aplica al proyecto de la llamada Cuarta Transformación. ¿Creemos que es un vapor que implica prisa y pericia o un vapor que implica prisa con calidad cuestionable? ¿Es un vapor que se traduce en energía que acelera los cambios urgentes y necesarios o es un vapor que genera pocos y esporádicos arranques en falso de la carcacha en la que se ha venido convirtiendo al País por las últimas tres décadas?
Curiosamente el proyecto que tenía prisa de ejecutar una transformación profunda empezó dando unos pasos atrás tirando a la basura miles de millones de dólares y años de avances en un aeropuerto que transformaría el tráfico aéreo del País, así como desaprovechando la gran oportunidad de corroborar que realmente la transformación incluía eso de barrer las escaleras de arriba para abajo en cuestión de corrupción y el compromiso necesario de mantener un ambiente propicio para la inversión privada. Se señaló hasta el cansancio que se cancelaba el aeropuerto porque estaba plagado de corrupción, pero no se acusó formalmente a nadie de nada. Ahora, el gobierno que pretende transformar a México ejecuta una obra alternativa a todo vapor (¿o al vapor?) para acabar con un aeropuerto que todo indica será no una solución a un problema, sino un curita nada más, de esos curitas con los que se sostiene la infraestructura y viabilidad del País. Surgen rumores de que el aeropuerto de Santa Lucía tendrá solamente 14 posiciones para aviones, lo que confirmaría que este es un proyecto hecho al vapor. Dudas similares surgen sobre otras ideas y ocurrencias que salen sobre la marcha, como los bancos, gas y aerolíneas del bienestar. O de los otros dos proyectos insignia del sexenio: la refinería y el tren Maya. ¿Será razonable esperar obras de clase mundial? ¿O será prudente moderar expectativas a la baja y en todo caso ser positivamente sorprendidos cuando, contra todos los pronósticos, ambas obras sean concluidas en tiempo y con calidad excepcionales? ¿Cuántas ideas y ocurrencias más tendremos que atender y sumar a la lista del vapor? Sí, por el bien de México, primero los pobres, pero también por el bien de México que los proyectos y políticas que transformarán al País sean ejecutados no sólo rápido, sino rápido y bien. De otra forma, la oportunidad de transformación se seguirá evaporando, dejando un País amargamente polarizado y sin muchos resultados tangibles que presumir, y volveremos a ver cómo el tren del progreso se va sin nosotros, dejándonos con ese “chu, chu, chú” burlón y doloroso grabado para siempre en la mente y tal vez en manos del otro “vapor”, el opositor, ese de “Va por México” que de ideas novedosas trae cero.
@josedenigris
josedenigris@yahoo.com