¿Algo se está cocinando? (II): El caso Arriaga y las fisuras del movimiento

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Opinión
/ 25 febrero 2026

Sheinbaum ya demostró firmeza al obligar a Salinas Pliego a pagar. Ahora necesita demostrarla hacia dentro, estableciendo que la lealtad se premia y la desviación se castiga

En la primera parte advertimos sobre señales inquietantes: el libro de Scherer, Salinas Pliego como poder herido, una oposición que afila cuchillos. No eran casualidades, sino síntomas de un momento crítico. Hoy se confirman con un evento que sacude la estructura interna del proyecto: la destitución irregular de Marx Arriaga.

Arriaga, titular del área de Libros de Texto de la SEP, fue removido con escolta policial, sin oficio formal, sin procedimiento administrativo. El motivo: negarse a eliminar contenidos de los libros que él diseñó. Cierto, su actitud de encerrarse no fue la correcta, pero tampoco la manera de despedirlo. Hay algo más grave: el secretario Mario Delgado ejecutó esta acción sin consultar a la presidenta Sheinbaum, socavando su autoridad en un tema central de la Cuarta Transformación.

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¿Cómo puede un secretario actuar con tal autonomía en materia tan sensible? La respuesta no es administrativa, es política. Revela fisuras internas que los adversarios del proyecto están listos para explotar.

Aquí converge todo. No es casual que mientras Salinas Pliego busca revancha, el libro de Scherer contamina el ambiente mediático y la oposición reorganiza fuerzas; suceda dentro de Morena un acto de insubordinación que cuestiona la autoridad presidencial y debilita el proyecto educativo.

Morena nació como movimiento de puertas abiertas. Incorporó cuadros del PRI, del PAN y de otros partidos. Muchos llegaron por convicción, pero otros vieron un salvavidas político. Son profesionales del poder, acostumbrados a transitar de puesto en puesto. No se puede exigir militantes químicamente puros, pero sí lealtad institucional al proyecto.

Mario Delgado tiene antecedentes ideológicos más cercanos al neoliberalismo que a la izquierda transformadora. Su formación y reflejos políticos no son los de quien defiende la educación popular. Eso se evidenció en su decisión sobre Arriaga. No es purismo ideológico, es coherencia operativa.

Estos políticos son vulnerables. La oposición puede chantajearlos denunciando su pasado, o seducirlos ofreciéndoles recursos y futuro. Son presas fáciles porque piensan en supervivencia personal, no en proyecto colectivo.

La presidenta Sheinbaum enfrenta una encrucijada: puede optar por la prudencia excesiva, tolerando insubordinaciones, o dar el golpe sobre la mesa que el momento exige.

Este incidente con Arriaga y Delgado debe aprovecharse para algo más importante: darle seguimiento puntual a otros miembros de Morena que han generado posibles grietas en el movimiento. No se trata de purgas ni cacerías de brujas, sino de identificar quiénes están realmente comprometidos con el proyecto y quiénes son vulnerables a presiones externas o actúan por intereses personales.

Este seguimiento requiere preparación. Sheinbaum debe evaluar con quién gobierna, identificar lealtades auténticas. Quizá valga consultar estratégicamente a López Obrador, no para pedir permiso, sino para aprovechar su experiencia de décadas lidiando con la oposición. AMLO conoce las tácticas, sabe cómo responden los poderes fácticos.

El tiempo es breve, pero no inmediato. Se requiere análisis, no parálisis. Convergen demasiados factores: Salinas Pliego buscando venganza, el libro de Scherer contaminando, una oposición desesperada, oportunistas vulnerables al chantaje y Trump en el horizonte.

Acabamos de presenciar la creación de un nuevo partido. Hace falta oposición auténtica. Este parece haber capturado los pececillos del charco que no se fueron al estanque. Sus postulados son parecidos a los que usó la oposición contra el PRI hegemónico. Ahora están del otro lado.

Muchos son políticos reciclados (PRD, PAN, PRI), lo que les hace perder identidad y credibilidad. El discurso tiene confrontación más que propuestas; eso polariza sin resolver problemas.

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Estos eventos no son aislados. Son piezas donde se juega el futuro de la transformación. El libro de Scherer crea ruido mediático, Salinas Pliego moviliza recursos, la oposición afila argumentos, y dentro de Morena hay quienes pueden ser cooptados contra el proyecto.

Sheinbaum ya demostró firmeza al obligar a Salinas Pliego a pagar. Ahora necesita demostrarla hacia dentro, estableciendo que la lealtad se premia y la desviación se castiga. Si no actúa, enviará la señal opuesta: que se puede desafiar su autoridad sin consecuencias.

Morena pasará aún por muchas pruebas que la cimbrarán. Apenas va en su segundo sexenio de administración. Aún tiene mucho por andar y tendrá muchos altibajos. La oposición nunca se quedará callada (ni debe). Si Morena sobrevive a estas crisis internas y externas, pasará a consolidarse un verdadero cambio en el país.

Morena es un partido nuevo, así como el movimiento creado por AMLO. Pero como dice el dicho popular: las calabazas que lleva la carreta se acomodarán en el camino. Los que están por convicción se quedarán; los que llegaron por conveniencia, irán cayendo. Veremos con el tiempo.

La transformación de México no se defenderá sola. Requiere decisiones difíciles en momentos críticos. Este es uno de esos momentos.

Regidor por MORENA en la Ciudad de Saltillo. Soy doctorado por la Universidad Hebrea de Jerusalén.

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