Aquí viven leones
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Los grandes libros llegan demasiado pronto en la vida. Madame Bovary, Rebelión en la Granja, Pedro Páramo, Crónica de una Muerte Anunciada, Los Relámpagos de Agosto y otros de entre un largo etcétera que cada uno constituirá a su manera.
Algunos programas de fomento a la lectura incorporan estas obras con carácter de imprescindible intentando cebar el anzuelo para que caigan los jóvenes lectores. Así, pasan a darse como vistas de por vida.
Claro a los diez, doce o quince años se es capaz de leer el libro y contar el argumento, pero de lo que realmente va la historia, los entresijos que soportan su estructura, difícilmente se entera alguien a esas alturas de la vida.
Algo semejante ocurre con las series y películas que se realizan basadas en obras literarias. Viendo la filmación uno sabe de qué va la trama, conoce a los personajes y sus dilemas. Sin embargo, se pierde la pluma del autor. Como ejemplo está Diablo Guardián, Cien Años de Soledad, Las Muertas y Pedro Páramo, más las que al lector se le vengan a la mente.
Muy bien hechas, impecables, grandes actuaciones, la trama acotada con las tijeras del productor y la escenografía de diez.
Insisto, a pesar de lo delicioso de sumergirse en ellas y los enteros que aporta la actuación, en el filme se pierden las formas de escribir del autor, y con ello, sus dotes de rapsoda.
También habrá que reconocer los casos notables en que el séptimo arte creó obras que por sí mismas valen la pena, muchas de ellas siendo historias paralelas de lo puesto en las páginas. El Padrino, El Resplandor o La Sombra del Caudillo, por citar algunos casos fortuitos.
Volvamos al principio. Los grandes libros llegan demasiado pronto a nuestra vida, y por ello cobra relevancia la relectura y el turismo literario como el que presenta Fernando Savater en Aquí viven Leones (Editorial Debate, 2015).
Este libro es un viaje a las guaridas de ocho autores del mero parnaso: Shakespeare, Ramón del Valle-Inclán, Edgar Allan Poe, Giacomo Leopardi, Agatha Christie, Alfonso Reyes, Gustave Flaubert y Stefan Zweig.
Y como cada libro tiene una historia propia, distinta a la que consta en sus páginas, hay anécdotas sobre las particularidades que acaecieron durante su gestación y publicación.
Viajar fue una de las grandes pasiones de Savater, pero más allá de la conferencia y del hotel cinco estrellas, se sintió tentado por seguir el rastro de los escritores de marras. Recoger sus pasos, conocer los lugares en donde vivieron, las calles por las que caminaban y constatar si hoy día algo queda de ellos en esos sitios.
Esta labor antropológica, que también tiene mucho de detectivesca, la llevó a cabo en compañía de Sara Torres Marero, su Pelo Cohete, ilustradora y esposa que colaboró en los libros publicados por Fernando hasta 2015.
Sara murió cuando este libro aún iba de camino a la imprenta. Fue su último trabajo conjunto. Fernando quedó devastado, y aunque anunció que sería su última publicación, comenzó a realizar apuntes sobre la viudedad, ya que sentía que llorar no bastaría para aliviar la pena.
Al final, afortunadamente Savater volvió a las librerías con más textos como La Peor Parte o Carne Gobernada.
Aquí viven leones es una respuesta literaria a la posteridad de los escritores del olimpo, encriptada bajó la leyenda inscrita en los mapas de la antigüedad, en los que los sitios inexplorados eran catalogados con conjeturas como Hic sunt leones o Hic sunt dragones.
¿Qué hay en los lugares donde alguna vez habitaron los grandes autores, que queda de ellos en esos sitios que los vieron crear obras inmortales?
Lo sitios donde vivieron leones, dragones y plumas con la peligrosidad de crear universos enteros.