Block de Notas 111: Es el calor... estúpidos
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El calor sofoca, asfixia, no da tregua y uno no se puede concentrar para estudiar ni redactar
No sé cómo iniciar. Y sí sé cómo comenzar este texto. Tal vez, como lo dice Lewis Carroll en “Alicia en el País de las Maravillas”, empezar por el principio. Ya luego veremos. Es decir, continuar. Empiezo por el principio. El título de este texto debería ser el ancilado en aquella premisa creada por James Carville en 1992 para la campaña presidencial de Bill Clinton en Estados Unidos: “Es la economía, estúpido”.
Parafraseando semejante ensayo de una sola línea, mi ensayo de hoy es algo sencillo y muy complicado: “Es el clima... estúpidos”. Si usted me ha leído, tengo años explorando la influencia del clima (frío y calor, pero sobre todo el calor; hoy se les nombra “olas” o “domos de calor”) en el carácter, humor, personalidad y conducta de los seres humanos. Claro, aquí en el vecindario, pero el ensayo y la influencia del clima es global y en todos lados están explorando lo anterior... menos aquí, atados los saltillenses y coahuilenses al potro de la ignorancia.
El clima (el calor agobiante) afecta patrones de conducta y es algo tan sencillo y complicado que se refleja en lo siguiente: cómo nos sentimos, cómo nos comportamos de manera colectiva e individual. Conforme nuestra ciudad y nuestra casa (pajareras no pocas veces) se calientan, los efectos son tan dramáticos, severos y devastadores como lo siguiente, lo cual pocos aquí advierten: suicidios, riñas colectivas brutales a base de armas blancas, bellacos motonetos alcoholizados, ingesta de alcohol al límite, violencia familiar, violencia de género, ataques sexuales a niños en los hogares... y un largo etcétera.
En todo el mundo se está estudiando lo anterior... menos aquí. Lea usted: Habitamos un verano perpetuo. La temperatura está oscilando entre los 34 y 35 grados. Junio, julio y agosto, ahora y para nosotros, los norteños, son infernales. Sencillamente intolerables. Es aquella vieja teoría de los climas y los humores que ha sido arrastrada a lo largo de la historia de la humanidad; incluso, el gran Immanuel Kant lo dijo así (lo parafraseo porque no tengo la cita exacta en mi pálida memoria): Nadie que quiera escribir un buen poema o diseñar un aparato filosófico bien estructurado puede hacerlo a una temperatura mayor a los 28/30 grados.
Con el calor del trópico se engendran pensamientos como el ocio, la disipación, el ver cuerpos sudorosos, todo aparejado con generosas libaciones de tragos de alcohol y, claro, no se puede concentrar uno en la polución de sus ideas por horas, que es lo que requiere el estudio y redacción dilatada de un poema o un artículo. El calor sofoca, asfixia, no da tregua y uno no se puede concentrar para estudiar ni redactar. ¿Qué traen aparejados el fervor demencial del verano y las tórridas olas de calor? Desde siempre, los poetas lo saben. Semónides de Amorgos (siglo 7 a. de C.) dice que traen “...sin número de plagas e inenarrables desgracias...”.
ESQUINA-BAJAN
El espacio aprieta. La información es mucha y las letras son cortas para expresar el tamaño de la desgracia que nos asiste. Tomemos como pálido ejemplo dos días. Dos días apenas, pero semanas interminables de calor demoníaco. El 31 de julio y 1 de agosto. Lea usted los titulares de los tabloides de la prensa vespertina: “Carreterazo: tráiler aplasta a joven”. “Bellako acelera hacia la muerte”, “Por desamor se avienta con la soga al cuello”, “Empleado de Elektra golpea a su ex en Coppel”, “Se cuelga igual que un abanico”, “Rescatan a dos de echarse clavado”... hay un factor común: el infernal calor.
Nota 1: Su servidor ya tiene perfilado un extenso ensayo al respecto, pero le doy a vuelapluma nombres de investigadores y científicos de los cuales estoy abrevando para este tema: Craig Anderson, Guillermo Murray, Marshall Burke, Colin Kelly, Enrique Chávez León y un largo, largo etcétera. Lea dos o tres ejemplos rápidos al respecto. Insisto, en todo el mundo se analiza y se discute lo anterior... menos aquí.
Nota 2: “Los meses con mayor luz y calor tienen mayor tendencia de suicidio que el invierno”. La puntillosa observación es del doctor Enrique Chávez León, expresidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana. Esta maldita ola de calor o “cúpula” ha incidido perfectamente, alterando el comportamiento de los humanos en todo el mundo; Saltillo no es la excepción: 16 suicidios en apenas 23 días (parte de julio y días de agosto).
Nota 3: Lea lo siguiente del filósofo Fernando Savater: “La pereza muchas veces tiene que ver con las temperaturas y las condiciones ambientales en general. No se puede exigir el mismo nivel de actividad a alguien que trabaja en un sitio con veinte grados de temperatura que a otro que tiene que moverse con más de cuarenta grados”. ¿Lo nota? Es el clima... estúpidos. Una más: en año pretérito, en Canadá, la ola de calor dejó más de 500 muertos. Lisa Lapointe, directora forense de la provincia de Columbia Británica, advirtió de muertes súbitas registradas por el rango de las 719. Es decir, tres veces más alta la mortalidad en sus registros históricos respecto de periodos normales con cierto nivel de clima estable.
LETRAS MINÚSCULAS
Mucho por explorar. Y todo está por hacerse, investigarse y, claro, escribirse y dejarlo en letra redonda.