Café Montaigne 390: Semana Santa no es un menú

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Opinión
/ 8 abril 2026

Con el paso de los años y las generaciones, la llamada Semana Mayor para los católicos ha perdido su significado primigenio

Gracias por todos sus comentarios, apostillas, glosas y notas. Vejez y literatura, ¡gran combinación! Vejez, literatura, erotismo y mi patética vida, ¡tremenda combinación! Todo lo cual aquí se relata o trato de relatar de la mejor manera posible, sucede como dicen los jóvenes... “en tiempo real”. Ignoro el significado de tan insustancial frase. Lo bien cierto es el aquí y ahora para mí. Nadie se sienta aludido en mis textos. Es mi vejez, es mi erotismo y son algunos personajes, los cuales ya no son míos, sino suyos: mi güera la Jazmín, la camarera regia, y ahora don Joseph C., quien no es un personaje, sino un tipo viejo (yo estoy más viejo y anciano a él), brillante y gallardo de 81 años, el cual es un jovenzuelo y tiene más vitalidad a muchachos vitaminados de 20 a 30 años.

En días de guardar, en días santos, fui como siempre con la güera Jazmín. Le dije que si ella no tenía tiempo, sin problema, sería luego. Por aquello de sacar a pasear a los hijos, igual a su mamá, quien le echa la mano en todo. Y en fin, ella misma tomar al menos una tarde o día completo.

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No, no me dejó opción. Fui a verla (ella ordena) dos días: en martes y en Sábado Santo. Como siempre, enfilamos nuestros pasos al restaurante del Hotel Ancira; merendamos y platicamos de todo y de nada. No, no llegó vestida de tenista mágica con tacones, de blanco y lo más rabón posible. No le comenté nada al respecto, pero fue ella la que me dijo al oído: “Es Semana Santa, Jesús. En Pascua te cumplo tu antojo. Eres bien perverso y grosero, pero me gusta lo que haces conmigo. Oye, hoy quiero que me platiques sobre cosas de la Biblia. Yo no sé mucho o nada, pero soy mujer de fe. Mi mamá también. Anda, dime, cuéntame cosas de las que has leído...”.

Lentejas. Un plato de lentejas. Si algún día me caso, o bien, me quedo con buena mujer (¿es la güera Jazmín, a sus insultantes 24 años? Lo dudo) y hago vida conyugal con ella de tiempo completo, hay sólo dos o tres platillos los cuales pediría cotidianamente: un plato de lentejas, pasta de cualquier tipo y con cualquier aderezo o salsa, y pollo a la naranja. Nada más. Mi paladar es exiguo, tal vez.

Pero mi tirada de naipes está ancilada en los olores y sabores de mi infancia, cuando mi madre cocinaba eternamente en el fogón familiar y junto a ella, nosotros, sus hijos, disfrutábamos sus manjares. Es Semana Santa en el calendario y le platico a Jazmín: siempre recuerdo y viene a mi lengua el verbo ardiente de mi maestro, el padre Antonio Usabiaga, quien en sus incendiarias homilías dominicales en la Iglesia de Fátima, voz de trueno, espetaba: la Semana Santa no era un menú, ni una orden de comida a la carta; mucho menos una dieta.

Con el paso de los años y las generaciones, la llamada Semana Mayor para los católicos ha perdido su significado primigenio y se ha visto reducida a dos significantes: un periodo vacacional y un menú; una dieta vegetariana que, por una semana al año, abomina de la carne roja e incluye al pescado como alimento vertebral.

Mientras merendamos, también le platico a Jazmín que hemos perdido la meditación y el rezo dilatado; en el camino hemos dejado de lado la lectura y las oraciones. Ya sin brújula, caemos en la farsa de creer que la mejor “celebración” es comer todos los días pescado y ayunar –casi en el borde de la extinción– como una especie de flagelación, la cual nos librará de nuestros pecados recurrentes.

ESQUINA-BAJAN

Me contesta: “Pues sí, Jesusito, eso nos han enseñado en casa. Cosa que a mí en lo personal no me gusta del todo. Menos a mi hijo, mi ángel. Él quiere su carne al mediodía o en la tarde. Hay muchas verduras que no le gustan para nada. Y menos los pescados. El olor le da repulsa. Tal vez cuando vaya creciendo le guste. Pero va bien el enano. Y mira, aunque mi mamá me regaña, mientras él coma, lo que quiera, pues da igual si es Día de la Madre, Viernes Santo o día domingo. A mi ángel, lo que él quiera... Es interesante lo que dices, lo que te enseñó tu maestro y padrecito...”.

Le digo a la güera, la cual increíblemente se ve más guapa que nunca al traer un traje sastre, el cual la cubre de cuerpo completo. Guapísima ella. Elegantemente etiquetada y su saco negro milimétrico. Le digo: Mira, Jaz, aquí te van algunos alimentos bíblicos y sus referencias en la Biblia (sea cristiana o católica, básicamente es lo mismo).

https://vanguardia.com.mx/opinion/block-de-notas-92-frases-publicas-y-eternas-MH19784923

De decenas o cientos de alimentos, cenas, banquetes y convivios, los cuales se mencionan, van varios ejemplos. Aparecen condimentos, especias y hierbas (anís, cilantro, menta, mostaza, sal, ajo, eneldo... usted los encuentra en Esdras, Job, Mateo, Éxodo, Números...). Aparecen frutas y nueces (higos, manzanas, olivos, melones, granadas, pistaches, almendras... usted los encuentra en Génesis, Cantares, Deuteronomio, Samuel, Salmos...). Aparecen granos (como la cebada, trigo, mijo, harinas... en Ezequiel, Reyes, Mateo, Génesis...). Aparecen aves comestibles (perdiz, paloma, codornices... en Samuel, Levítico, Salmos). Pero también, güera, hay animales y panes milagrosos, irreales: polvo de oro, maná, tortas de ángel, pan y carne de cuervos, aceites milagrosos... “Ah, caray, Jesús, ¿no existe el maná?, pero si es muy famoso...”. ¿Sabe usted cuál es el mejor remedio para curar la ceguera: saliva y aceite de pescado...

LETRAS MINÚSCULAS

La patética historia de mi vejez continuará el próximo jueves...

Nació en Saltillo, Coahuila, el 1 de marzo de 1965. Periodista y poeta. Escribe la columna Contraesquina

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