Cámara de Diputados: La importancia de lo incomprensible
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La elección de 2027 es histórica por muchas consideraciones. Hoy mismo no se sabe en qué condiciones habrá de desarrollarse porque hay espacio para esperar lo impensable o imposible
Desde que se introdujo el modelo mixto de representación, la integración de la Cámara de Diputados ha resultado un enigma aritmético difícil de entender. Se dice (podrá confirmarlo Arturo Núñez) que el talentoso abogado y legislador jalisciense José Luis Lamadrid Sauza tomó como referencia el esquema parlamentario de Alemania, con ajustes, para dar con una fórmula que conciliara dos objetivos: la inclusión de viejas y nuevas fuerzas políticas, y la preservación del partido mayoritario como fuerza dominante. Así se erigió el sistema mixto en el que prevalece la mayoría simple (distritos) sobre la representación proporcional (plurinominales), que ha persistido con cambios no sustantivos.
Los políticos difícilmente entienden la lógica que subyace en las fórmulas de integración. En mi caso, viví la experiencia durante la dirigencia del PRI de Luis Donaldo Colosio; para explicar cómo operaba el sistema mixto, le ofrecí una tabla sobre los rangos de probabilidad para arribar a la Cámara según el lugar ocupado en la lista de plurinominales. Muchos candidatos (incluso en la dirigencia) pensaban que llegarían al cargo, cuando no tenían posibilidad aritmética alguna. El análisis se publicó en la revista Nexos, previo a la elección de 1991.
La dificultad para entender la fórmula de integración persiste. En la antesala de dos campañas presidenciales se presentó una nota –al PRI en 2017 y al PAN en 2023– para advertirles sobre la importancia de ganar el mayor número de distritos, con el fin de evitar que el adversario se hiciera de la mayoría absoluta y, eventualmente, de la calificada. En su lugar, se privilegió la contienda presidencial y lo acontecido es historia. Se pudo cambiar el curso de los acontecimientos. La regla es muy simple: el partido que gana más distritos es el que se beneficia de la sobrerrepresentación, implícita en la fórmula.
El espléndido trabajo de Integralia Consultores y la Universidad de la Libertad, “Historia visual de la transición mexicana a la democracia: 1991-2024”, ofrece información que los opositores debieran tomar en consideración, y que ya hemos aquí referido: en las elecciones intermedias de 1997 a 2021, en promedio 125 distritos de 300 se definen por una diferencia menor al 10 por ciento de los votos, mientras que en 67 de ellos el margen fue inferior al 5 por ciento.
La contienda local es el factor dominante de la elección intermedia, más ahora por la concurrencia de las elecciones locales: 17 entidades eligen Ejecutivo y 30 renovarán ayuntamientos y alcaldías. Los comicios de gobernador y de ayuntamientos definen, en buena parte, el resultado de la votación distrital. Si la oposición en su conjunto se unificara en la elección distrital y municipal, donde pueda ganar (150 distritos aproximadamente), incrementaría su posibilidad de lograr la mayoría en la Cámara de Diputados o, al menos, de contener la sobrerrepresentación del adversario, incluso aunque se aplicara la interpretación ventajosa al partido mayoritario, como ocurrió en 2024.
Huelga decir que la postura de MC, de negar toda forma de alianza electoral opositora, es claramente funcional a la sobrerrepresentación de Morena, incluso a costa de sí mismo.
Es explicable la dificultad de las dirigencias políticas para entender la aritmética electoral; lo que resulta incomprensible es su resistencia a tomar decisiones en su propio beneficio. Seguramente en algunos casos, especialmente con Movimiento Ciudadano (MC), tiene que ver con un cálculo que parte de la hipótesis de que para ellos resulta mejor jugar el papel de “oposición de la oposición” que del régimen político. Esta postura puede resultar de la falta de claridad estratégica o del interés avieso de quienes tienen el poder decisorio en la organización.
El país es políticamente plural, realidad que se manifiesta aun en la elección de 2024, cuando Morena obtuvo 40.8 por ciento de los votos. Lamentablemente, como herencia del pasado, la sobrerrepresentación en la ley altera un principio básico de equidad democrática parlamentaria: la correspondencia entre porcentaje de votos y porcentaje de asientos legislativos.
La elección de 2027 es histórica por muchas consideraciones. Hoy mismo no se sabe en qué condiciones habrá de desarrollarse porque hay espacio para esperar lo impensable o imposible. Por lo pronto, los jugadores –partidos y candidatos– deberán librar una contienda con reglas que plantean dificultades y oportunidades. Para la oposición, actuar con acierto es obligado, no sólo por lo que está de por medio, sino también por el retorno vergonzante y vergonzoso de una autoridad electoral bajo control oficial y de la que tiene a cargo la remediación por la vía jurisdiccional.