Cuatro Ciénegas: Capotear el aguacate y otras historias de Gloria (2/2)

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Opinión
/ 31 agosto 2025

Gudelia cultivaba hortalizas en el solar y también higos. A Gloria le tocó cuidar las calabazas. Rememora al respecto: ‘nos ponía a cortarle la punta a las guías para que no siguieran creciendo y así, agarraran fuerza y sacaran los frutos’

“Aquí en Cuatro Ciénegas no todos tenían tierras para sembrar. Antes la mayoría de los señores eran jornaleros, o sea que los ocupaban para limpiar y regar las viñas. Me acuerdo ver llegar a mi papá a la casa y cuando mamá le quitaba las botas salían chorros de agua, de tanta agua entre la que andaba”, así cuenta Gloria de León Almaguer. Y añade: “Como quiera nosotros teníamos un solar grande y allí la que cuidaba todo era mamá”.

Narra que su madre también vendía plantas. “Le decían las señoras que llegaban a comprar: ‘a ver Gudelia, véndeme una bugambilia’ o ‘véndeme un crisantemo’. ‘O nardos y otras especies más’”.

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Gudelia cultivaba hortalizas en el solar y también higos. A Gloria le tocó cuidar las calabazas. Rememora al respecto: “nos ponía a cortarle la punta a las guías para que no siguieran creciendo y así, agarraran fuerza y sacaran los frutos. ¡Ah!, y llenábamos una canasta de puras flores de calabaza. Mamá las guisaba con queso o con la nata de la leche”.

Sobre los juegos, comparte: “como no teníamos muñecas, cuando salíamos de la escuela, luego de las tres de la tarde, agarrábamos elotes, les quitábamos las hojas que los cubrían y nos imaginábamos que los cabellos del elote eran la cabellera de las muñecas. Así jugábamos arriba de la carreta de mi abuelo, y nos mecíamos como si la carreta caminara, paseando según nosotras, a las muñecas”.

Fue una niñez de sabores plenos: “nunca sufrimos hambre, comía uno de fruta al por mayor o los frijoles baludos cocidos en el jarro, la sopita de fideo hecha en la lumbre, las tortillas con nata de leche y los caldos deliciosos con gallinas recién matadas.

“Y si se trataba de comprar nosotros algo, recuerdo que cuando mamá nos mandaba al mandado, sólo anotábamos la harina, la manteca y el frijol, porque la verdura casi toda se cultivaba en el solar de nuestra casa. Me acuerdo de un olor hermoso, era el del cilantro que yo cortaba, del que teníamos en la casa; bien trozadito lo echaba al cacito de frijoles baludos. ¡Qué delicia! Y le agregaba chile, tomate y cebolla picados que cultivábamos también aquí; era un manjar. De veras, antes era la vida más sana.

“Y como la colaboración era bien importante, el día de los Reyes Magos nos hacían creer que debíamos ayudar a hacer una bandeja grande de buñuelos para los reyes y nos ponían con un metate a moler la canela y el azúcar. Al final, cuando mamá tenía los buñuelos listos, les espolvoreábamos el azúcar y la canela. Y nosotros estábamos en la creencia de que como los buñuelos eran para los Reyes Magos, no nos podíamos comer ninguno, porque de hacerlo nos quedábamos sin juguetes.

Luego de ser jornalero, mi papá trabajó como policía cuidando la Casa de la Cultura. Allí íbamos a dejarle el lonche de frijoles con chorizo en tortillas de harina. Y si no se lo comía, llegando, nosotros los recalentábamos en las brasas del rescoldo que había quedado en la lumbre y nos los comíamos con todo y ceniza porque la ceniza es muy saludable; les decíamos tacos paseados”.

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El candor de la niñez llevaba a Gloria y a su hermana a recrear rituales de conexión con aves fallecidas: “si no lográbamos hacerlas revivir, las tomábamos entre las manos y nos íbamos debajo de un árbol, que les llamamos carambol. Allí cavábamos un pocito, enterrábamos a cada pajarito, les hacíamos la bóveda de tierra y con palitos formábamos una cruz. Luego nos íbamos por la acequia y cortábamos flores que allí había, para colocarlas como ofrenda. Y los íbamos a visitar, les rezábamos en la creencia de que se iban al cielo de los pajaritos y le poníamos flores nuevas, porque el campo siempre estaba florido”.

El vocablo “jornalero” proviene de la raíz jornal, que a su vez deriva del provenzal “jorn” que significa día; también procede del latín diurnus. Se agrega el sufijo -ero, que indica “ocupación oficio o profesión”. Por tanto, un jornalero es una persona que trabaja en labores agrícolas y recibe un pago diario (jornal). Ahora se les paga por semana.

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Claudia Luna Fuentes. (Monclova, Coahuila, 1969). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2024-2027). Es licenciada en ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila, Maestra en Historia Contemporánea por la IBERO Saltillo y doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario por la Universidad Autónoma de Coahuila.

Entre sus libros de poemas figuran Amenazado y brillante (Mantis Editores, México 2025), Donde la piel (Mantis Editores y CONARTE, México 2019), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Ruido de hormigas (Gatsby Ediciones, México 2005) y Casa de sol (FECA-CONACULTA, 1995). Entre otras antologías, aparece en el Anuario de poesía mexicana (Fondo de Cultura Económica, 2006), en Hacia un azul imposible (CEPE-UNAM/El tapiz del unicornio, 2023) y en Semillas de Nuestra Tierra. Muestra Ecopoética Mexicana (Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra y Cactus del viento, 2023).

Entre las revistas en las que ha publicado, destacan Southwest review, Dallas TX volumen 109, número 2; la revista de poesía contemporánea de Valencia 21veintiúnversos y Lichtungen, en el apartado Literatura del norte de México. Sus poemas traducidos, se imprimieron en muro en el Instituto Cultural de México en París, acompañando esculturas de Avelina y Alejandro Fuentes Quezada en la exposición Extinción Continua (2021). Fotografías medioambientales y video poemas fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi, en Tánger (2021). Participó en una mesa literaria y en la muestra de arte visual coahuilense titulada Segar el mar con un poema visual, dentro del 49 Festival Cervantino (2022). Una selección de poemas sonoros trabajados alrededor del poema Piedra de Sol, de Octavio Paz, se dejaron escuchar en el Memorial Marie-José Tramini y Octavio Paz, en el Colegio de San Ildefonso, dentro del Festival Naturaleza y Poesía 2023 organizado por la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz.

En junio de 2024 fue invitada por la Universidad de Varsovia a compartir sus procesos creativos. Fue becaria del FONCA, FORCA y PECDA. Parte de su poesía ha sido traducida al árabe, francés, alemán, inglés y polaco. Hasta el día de hoy se desempeña como directora de divulgación científica y proyectos en el Museo del Desierto, de Saltillo, Coahuila, México, donde es integrante fundadora. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medioambientales del mundo y en sus sitios https://claudialunafuentes.com

IG: @clunafuentes

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