¿De cuántos carriles quiere la autopista?

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Opinión
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El ginecólogo le informó a la linda chica: “Está usted embarazada”. “No es posible, doctor –se consternó ella–. Mi novio y yo lo único que hacemos es mirarnos”. Respondió el facultativo: “Entonces eso significa que usted tiene los ojos muy abiertos, y su novio la mirada muy penetrante”... Ya conocemos a don Chinguetas: es un marido sin conciencia de lo que debe a su estado matrimonial. Suele repetir la vulgar expresión usada por los esposos casquivanos: “Soy casado, pero no capado”. Hace unos días su señora le reclamó, airada: “Me dicen que andas con otra”. “No es cierto –negó terminantemente don Chinguetas–. Es la misma”... Se trataba de enviar un astronauta al Sol. Había que investigar si sería posible desmancharlo. En efecto, las manchas solares provocan diversas catástrofes en nuestro planeta: tsunamis, huracanes, inundaciones, bronceados disparejos en quienes se asolean en las playas. Era necesario quitarle esas manchas al astro rey (el Sol). La NASA, sin embargo, no deseaba exponer a uno de sus propios astronautas a los peligros de tan arriesgada empresa, y menos aún al calorón que de seguro sufriría el tripulante de la nave solar. Así, publicó un anuncio en los periódicos: “Se solicita astronauta para viaje al espacio exterior. Buen sueldo y prestaciones de ley”. Se registraron tres aspirantes: un oriental, un tirio (habitante de Tiria, pequeña isla del Océano Índico) y un mexicano. El oriental pedía 2 millones de dólares por hacer tan aventurado viaje. El tirio quería un millón. El mexicano pidió 3 millones. “¿Cómo 3 millones? –se exasperó el jefe de personal–. Afuera tengo un tirio muy bueno. Ése me cobra uno”. “Sí, manito –le dijo el mexicano bajando la voz–. Tres millones. Uno pa’ ti, uno pa’ mí, y con el otro millón mandamos al tirio”... El relato –posiblemente apócrifo, lo reconozco– me sirve para decir que la corrupción es ínsita a nuestro país. Un momentito, por favor. Voy a ver qué es eso de “ínsita”. Define el diccionario: “Ínsito: propio y connatural a algo, y como nacido en ello”. Ciertamente la corrupción ha sido siempre parte de la vida pública de nuestro país. Debo aclarar que no es producto interno: nos llegó de España, igual que la sífilis y la viruela. Pronto, empero, cobró carta de naturalización aquí. Después de la mal llamada Colonia el cohecho o soborno llegó a ser conocido en la península como “unto mejicano”. Obvio es señalar que esa viciosa práctica no ha desaparecido, antes bien se ha hecho ostensible con cinismo descarado. Cuéntase de un cierto juez de pueblo que tras de su escritorio tenía en la pared un letrero que decía: “Artículo primero: con dinero baila el perro. Artículo segundo: para los efectos del artículo anterior el perro soy yo”. Otro cuentecillo cierra este comentario. Un mexicano caminaba por la playa, y las olas arrojaron a sus pies una lámpara de forma extraña. La frotó para limpiarla, y surgió un genio del Oriente. “Pídeme un deseo –le dijo al asombrado tipo–. Te lo concederé”. Habló el mexicano: “Siempre he querido visitar Europa, pero tengo pánico a viajar lo mismo en barco que en avión. Hazme una autopista de 16 carriles que conecte a México con el viejo continente. El viejo continente es Europa. Te lo digo para que no vayas a confundirte”. El genio de Oriente se rascó la calva (tenía bastante parecido con Yul Briyner, pero en grandotote). Le indicó al mexicano: “Cumplirte ese deseo es muy difícil. Pídeme otro”. “Está bien –accedió el mexicano–. Haz que desaparezca la corrupción en México”. Tras una pausa le preguntó el genio: “¿De cuántos carriles dijiste que quieres la autopista?”... FIN.

https://vanguardia.com.mx/opinion/andy-exonerado-en-mexico-no-en-estados-unidos-KP22969553

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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