¿De finjo y miento?...

Opinión
/ 15 enero 2026

“La autoridad moral proviene de seguir principios universales y atemporales como la honestidad, la integridad, tratar a las personas con respeto” -Stephen Covey.

“La autoridad moral –les comparto una definición– es el respeto e influencia que una persona gana por su carácter, integridad, valores y acciones éticas, no por imposición, sino por ser consecuente con lo que dice y hace, sirviendo de ejemplo y guiando a otros con su credibilidad y se basa en la confianza y el reconocimiento de su valía, honestidad y principios. Se fundamenta en la congruencia, la verdad y la justicia, y puede perderse si la persona actúa de forma errada o inconsistente”. El escritor norteamericano Stephen Covey y Martin Luther King Jr. hacían hincapié en que el verdadero liderazgo y la moral vienen de ser valioso y justo, no de la manipulación.

Predicar con el ejemplo es clave, así como no pedir a otros que hagan lo que tú no haces. La congruencia es otro elemento sustantivo, es decir, lo que se predica se traduce en hechos. Cuando se tiene autoridad moral se está sujeto a un sistema de valores, verdad y justicia. El respeto se gana, no se impone. La autoridad moral se pierde con la inconsecuencia, los errores graves, la ausencia de integridad y la mentira.

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La autoridad moral es un elemento sine qua non para fortalecer un liderazgo, para la credibilidad en las instituciones y el fortalecimiento del tejido social, más allá del poder político o legal que se tenga. El respeto se gana cuando quien desempeña, verbi gratia, un cargo público, lo hace acorde a lo que se mandata no solo en la ley, sino en los principios éticos que lo inspiran.

En cualquier ámbito del quehacer humano este tipo de personas hacen cosas extraordinarias. ¿Por qué? Porque están comprometidas con sus ideales, porque son firmes y no cambian según el sol que alumbre. Estas personas no son partícipes de juzgar al de enfrente, saben escuchar a todos y guardarles respeto. Nobleza obliga nobleza. Sin importar que haya cretinos que no entiendan ni jota de lo que se trata y los tilden de pen...

Se trata de individuos que predican con el ejemplo. Son apegados a la verdad y en ella se sostienen. No intentan que los emulen los demás ni les imponen sus creencias. El respeto es esencial para las personas con autoridad moral.

Personas con calidad moral las ha habido en todos los tiempos y en todas las latitudes. Sócrates es uno de ellos. Nació 470 años antes de Cristo. Fue maestro de Platón, y éste a su vez tuvo como alumno a Aristóteles. Sócrates, a través de sus enseñanzas y el diálogo, demostraba que la sabiduría no debe quedarse en los que la tienen, que debe compartirse con los demás. Cuando se reflexiona, apuntaba, se ayuda y se beneficia a la comunidad de la que eres parte. Se le acusó de tres cargos, el primero que no reconocía a los dioses de la ciudad-estado, importaba divinidades propias y corrompía a los jóvenes. Y se le condenó a beber la cicuta. A sus alumnos el día que se ejecutó la sentencia les dijo: “Estén tranquilos y muéstrense fuertes”. Enseguida se acostó, se cubrió la cara y se dispuso a morir. De pronto se destapó la cara, se dirigió a uno de sus amigos: “Critón, le debemos un gallo a Asclepios, no te olvides de pagarlo”. De Meleto, Ánito y Licón, sus acusadores más acérrimos, ni quién se acuerde. Sócrates murió por sus ideales y dejó una huella imborrable que hasta la fecha persiste. Esto es lo que cuenta.

Otro hombre extraordinario fue Mahatma Gandhi, el defensor a ultranza de la no violencia. Su filosofía sobre la paz venció el coloniaje inglés. Su mansedumbre, su no exaltación, el no permitirle a sus vísceras que intervinieran, sus convicciones, le dieron todo el empuje que se requería para llevar la independencia a la India, su tierra. Él vivía como pregonaba, eso es congruencia. Podían no estar muchos de acuerdo con él, pero lo respetaban. Gandhi tenía diversas formas de presentar la política, pero siempre con el mismo objetivo, que los beneficios fueran para TODOS.

Tener autoridad moral no es asunto menor, implica coherencia a lo largo del tiempo, convicciones firmes para plantarse y sostenerse en cualquier situación que lo amerite. Esa es la forma en que se gana la confianza de los demás, se trata de una manera que no abreva en el poder político ni en el cargo que se ostente, sino en lo que eres, en los principios que te dan la fuerza para sostenerte y no dejarte llevar por los cantos de sirena. La autoridad moral no necesita de la coacción, abreva en el respeto.

En la arena pública, en la clase gobernante, la autoridad moral es esencial para que enraíce la legitimidad política. Qué pena que haya mandatarios que les importe un bledo la generación del bien público y que su mandato lo usen para lucrar y llenarse de billetes hasta la consumación de los siglos, incluyendo familia y amigotes, y sin tantita pena. Qué jodidez -discúlpeme el francés- que esto no mueva los dentros de los dueños del país, que son los ciudadanos, y que vayan a las elecciones y voten por una taca de bandidos o de plano ni se presenten a cumplir con un derecho y obligación a la vez. Que se cargue el tren a la patria.

En un régimen democrático es ESENCIAL que lleguen funcionarios que les dé vergüenza ROBAR, MENTIR, IR A HACERSE TARUGOS y todo lo demás que usted quiera agregarle. Un gobierno exitoso es aquel que se gana CON HECHOS, el respeto de sus gobernados. ¿Qué hechos? Servicios públicos de primer nivel, educación, salud, seguridad, empleos bien pagados, vivienda digna. Todo cuanto requiere un ser humano para sacar lo mejor de sí mismo y vivir acorde a su preciosa investidura. Las dádivas ad perpetuam NUNCA generan ni desarrollo integral, ni prosperidad. Y ejemplo de esto hay por montones. Ya basta de abrir la puerta para que se cuelen ladrones, sabandijas de la peor ralea, tipejos que ni siquiera saben expresarse y cínicos hasta el tuétano.

A ver si con el tiempo y un ganchito, como dice la canción, nuestro país recupera la confianza en sí mismo y se fija, bien informado, a quiénes les da la oportunidad de representarlo.

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Columna: Dómina. Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.

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